Introdução à Sociologia: Textos para a Leitura e Debate

Introdução à Sociologia: Textos para a Leitura e Debate

Perfil de Saint-Simon – 2

 

Sumário:

Saint-Simon em sua época

Saint-Simon e a nova criação intelectual do século XIX

Saint-Simon e a Fisiologia Social

Saint-Simon e o Socialismo

O otimismo de Saint-Simon

Contra a tecnocracia opressiva

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Saint-Simon em sua época

La obra de Saint-Simon, escrita entre 1802 y 1825, se sitúa exactamente en este período decisivo de la historia intelectual europea (…) que significó el abandono de la forma de pensamiento propia al siglo de las luces, y la instauración de esta estructura intelectual que, al convertir al hombre en el objeto de un conocimiento científico, hizo posible la aparición de las ciencias sociales.

Durkheim, en su reflexión sobre la historia de las ciencias sociales, fue el primero que aportó una nueva interpretación de Saint-Simon y que subrayó la considerable importancia de sus obras en la creación de las ciencias sociales. Dedicó sus esfuerzos de forma particular a discutir la opinión generalmente aceptada que atribuía a Auguste Comte la fundación de la sociología, y a demostrar que sería mucho más exacto atribuir esta paternidad a Saint-Simon. Antes de pasar a las formulaciones del Curso de filosofía positiva, habría que buscar las premisas del espíritu sociológico en el pensamiento de Saint-Simon.

Estos dos aspectos, la creación de las estructuras intelectuales propias a las ciencias sociales, y la definición de los caracteres propios a las sociedades industriales, convierten a Saint-Simon en uno de esos autores en los cuales la ciencia contemporánea encuentra algunas de sus significaciones, y nuestra sociedad, de forma singular, una cierta imagen de sí misma.

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Saint-Simon e a nova criação intelectual do século XIX

Sin duda, la ruptura intelectual operada en los primeros años del siglo XIX no fue absoluta. Durante el Siglo de las Luces, la filosofía sensualista y la economía política de la segunda mitad del siglo habían impugnado ya la tradición racionalista y ofrecido el ejemplo de nuevas investigaciones que convertían al hombre en el objeto de un conocimiento positivo.

Pero no se había descubierto aún que la aplicación al objeto humano de una investigación científica no correspondía a una simple extensión del saber, sino que implicaba una total revisión de las formas de pensamiento y de las formas de demostración.

Los “hombres positivos”, tal como los denominará Saint-Simon, deberán considerar los tipos de argumentación propios a los hombres del siglo XVIII, así como el recurso a la Naturaleza y a la razón universal, como verdaderas mixtificaciones y, en consecuencia, deberán denunciarlos sistemáticamente y rechazarlos.

El Contrato social de J.J. Rousseau les facilitará el ejemplo de una argumentación “filosófica” basada en los inconsistentes conceptos de “Naturaleza” y de “Derecho”, no susceptibles de definición científica. Y cuando Marx llevará a cabo en la “Ideología Alemana” esta ruptura epistemológica, que se caracterizará por la no aceptación de la filosofía hegeliana, repetirá con idénticos argumentos este movimiento de pensamiento que algunos espíritus de principios de siglo habían iniciado contra los “metafísicos”. El radicalismo de esta negativa designará al mismo tiempo la originalidad del nuevo saber y la amplitud de las nuevas investigaciones que deberán ser llevadas a cabo.

Saint-Simon se sitúa en esta transformación y en esta creación intelectual que definen una nueva epistemología. Henri Gouthier, en sus trabajos consagrados a Saint-Simon y a Auguste Comte, ha mostrado hasta qué punto Saint-Simon estuvo profundamente unido a su época, y ha puesto de relieve su capacidad de clarificación y sistematización de las intuiciones formuladas a su alrededor. Por ejemplo, la cuestión de la discontinuidad entre la forma de pensamiento “coyuntural” y la forma de pensamiento “positiva”, tema que constituirá uno de los ejes principales de la reflexión de Saint-Simon, había sido formulado a su alrededor por varios de sus contemporáneos, y anteriormente por Turgot.

Asimismo, la tesis del predominio de los fenómenos económicos en las sociedades modernas, tesis que a partir del año 1816 se situará en el centro de la argumentación de Saint-Simon, había sido esbozada por diversos publicistas, entre ellos Charles Dunoyer, Viral Roux y Charles Comte, y constituía una de las principales preocupaciones de la importante revista “El Censeur Européen”.

Esta intensa participación de Saint-Simon en los problemas intelectuales de su época hace que sea mayor aún nuestro interés por su obra: no se nos presenta como un autor aislado que sigue las reglas pintorescas de su imaginación, sino como un autor altamente significativo a través del cual descubrimos las líneas de fuerza de un período que fue decisivo para la constitución de nuestros métodos.

Denuncia incesantemente, en sus contemporáneos, los rastros de las viejas costumbres, la sumisión a los dogmas impuestos, la incapacidad de pensar positivamente las relaciones sociales y su evolución. Sin embargo, esta tarea crítica es tan sólo propedéutica. Saint-Simon sabe que esta verdadera ruptura intelectual que se produce entre los siglos XVIII y XIX no es sino el fin de una fase intelectual de crítica y de desorganización, y el comienzo de una fase de creación y de organización.

Con el siglo XIX, empiezan al mismo tiempo una nueva sistematización epistemológica y una fase en la cual las ciencias físicas y humanas, basándose en una coherencia de los principios, podrán hacerse acumulativas y realizar a partir de aquí un verdadero progreso.

***

Saint-Simon e a Fisiologia Social

Pero esta nueva ciencia no está hecha: si bien las ciencias de la Naturaleza se hallan muy adelantadas en el sentido de la positividad, el inmenso campo de los hechos sociales se halla todavía en manos de las creencias teológicas o de las abstracciones filosóficas. Saint-Simon proclama entonces la necesidad de crear lo que él denomina la “ciencia del hombre”, o también la “ciencia de las sociedades”.

A partir de 1816, y hasta sus últimos escritos, se consagrará a esta tarea: “Hacer entrar en la categoría de las ideas de física los fenómenos del orden llamado moral.” (…) Este intento de Saint-Simon puede ser considerado, efectivamente, como el primer intento sistemático de creación de las ciencias sociales.

Según Saint-Simon, el observador social debe proponerse el estudio de lo que él denomina las “organizaciones sociales”, a fin de mostrar la especificidad de los distintos sistemas sociales y la composición de las instituciones. Se esfuerza en mostrar el funcionamiento de las instituciones, su coherencia o su situación conflictiva, a fin de subrayar que los modelos de funcionamiento varían según los grandes tipos de organización.

El observador debe poder descubrir con su investigación las condiciones del proceso social, debe poder explicar la evolución en el pasado y ser capaz de prever las grandes líneas de las futuras transformaciones.

Más aún, Saint-Simon se ve en la necesidad de definir el objeto de la ciencia social y, al mismo tiempo, de fijar las tareas de las ulteriores investigaciones. (…) Una de las principales aportaciones de Saint-Simon fue la atribución a las ciencias sociales de un objeto definido, y el descubrimiento de la especificidad de este objeto con respecto a los objetos de las ciencias físicas y de las ciencias biológicas.

Al repetir que la ciencia social o “fisiología social” debía estudiar los sistemas sociales, que debía analizar los caracteres particulares de las “relaciones sociales” y caracterizar las distintas instituciones y sus relaciones recíprocas, no sólo estaba fijando las ambiciones de una ciencia de las sociedades, sino que la fundaba, en tanto que ciencia distinta, por la constitución de sus objetos.

Del mismo modo que la fisiología al descubrir las leyes de funcionamiento del ser vivo permite prever su evolución y, al mismo tiempo, indicar los remedios para sus males, la ciencia de las sociedades debe enunciar las grandes líneas de su evolución futura e instaurar una práctica política conducente a la reorganización de la sociedad.

La fisiología social debe, según su expresión, hacer que la política se vuelva “positiva”, es decir, debe descubrir los caracteres necesarios de la nueva organización social y, por tanto, indicar los medios indispensables para lograr su advenimiento.

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Saint-Simon e o Socialismo

Desde este momento, la reflexión desborda los problemas científicos y filosóficos, conduce a una práctica política y se fija como objetivo lo que Saint-Simon denomina la “gran revolución europea”, “la revolución general”, caracterizada por el advenimiento de la sociedad industrial.

Llegado a este punto, hacia los años 1820, Saint-Simon sólo podía oponerse a sus contemporáneos liberales.

Mientras se limitó a condenar el pensamiento religioso y monárquico, participó en este amplio movimiento intelectual que consideraba ya a los tradicionalistas como De Bonald o Chateaubriand como los teóricos de un pasado definitivamente muerto; pero al condenar la organización social y económica, al invitar a los productores a constituir un partido político, no podía sino escandalizar o asustar a sus contemporáneos liberales que sólo reclamaban la libertad de la actividad económica. Los escritores y publicistas liberales, Benjamin Constant, Mme. De Staél, los industriales que al principio lo habían sostenido, se apartaron de él y expresaron su total desacuerdo con un pensamiento tan peligroso.

En efecto, una de las conclusiones de Saint-Simon era que la sociedad industrial se vería obligada a transformar la naturaleza de las relaciones sociales y, en particular, a impugnar el principio de la propiedad privada. Una sociedad que tuviera como objetivo común el desarrollo de la producción se vería obligada a subordinar a este fin las reglas de la propiedad e incluso a replantear radicalmente el principio de la libertad.

(…) Estas teorías convierten a Saint-Simon en uno de los primeros teóricos del socialismo moderno.

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O otimismo de Saint-Simon

A partir de 1820, Saint-Simon se plantea más y más preguntas acerca de la naturaleza de esta sociedad industrial. Habiendo llegado a la conclusión de que el desarrollo necesario de la industria constituirá el factor determinante de la nueva sociedad, intenta prever cuáles serán los rasgos esenciales de esta organización social desprovista de precedentes históricos. ¿Cuáles serán las instituciones de una sociedad de este tipo, y cuáles sus fuerzas dominantes? ¿Cuál será su organización política? ¿Será quizá radicalmente distinta de las organizaciones antiguas? ¿Dónde se situarán los poderes sociales y cuál será su naturaleza? ¿Subsistirán las clases sociales, y, en caso afirmativo, cuáles serán sus relaciones? ¿Cuál será la cualidad particular de las relaciones sociales?

Es evidente que Saint-Simon no podía contestar de forma exhaustiva a preguntas tan audaces en una época en que la industria francesa se hallaba todavía en la fase de las promesas. Sin embargo, su estancia en los Estados Unidos, sus conocimientos sobre la industria inglesa, suministraban materiales que se ofrecían a su imaginación sociológica.

Más aún, tal como lo ha sugerido François Peroux, Saint-Simon se sitúa en un momento

privilegiado en el cual la sociedad francesa, advertida del fenómeno industrial, se interroga sobre sus transformaciones futuras.

Sin llegar a las vías contradictorias que serán los neocapitalismos y los socialismos, Saint-Simon presiente en algunas ocasiones cuáles serán las necesidades comunes a estas diferentes sociedades, y consigue esbozar así, premonitoriamente, algunos rasgos fundamentales de nuestras sociedades.

Sin duda el optimismo de Saint-Simon respecto al destino de las sociedades industriales había de impedirle presentir sus divisiones y, por ejemplo, el mantenimiento de los conflictos militares. El desarrollo histórico de los siglos XIX y XX no ha confirmado en absoluto la predicción sansimoniana según la cual la extensión de la industria supondría la desaparición de la guerra entre naciones industriales.

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Contra a tecnocracia opressiva

Podemos preguntarnos, si embargo, si la presencia del pensamiento sansimoniano en el mundo contemporáneo no se debe tanto a sus errores flagrantes como a sus exactitudes. Los textos de Saint-Simon sobre la urgencia del desarrollo industrial, sobre el progreso científico y técnico, sobre la necesidad de una planificación racional, sobre la necesaria participación de todos los productores en la empresa colectiva, tienen un carácter tan actual que ha podido escribirse sin paradoja que “todos somos ahora más o menos sansimonianos”.

Pero las afirmaciones de Saint-Simon sobre el carácter pacífico de la industria, sobre la transparencia propia a la sociedad industrial, sobre la imposibilidad de una tecnocracia opresiva, nos llaman la atención con idéntica fuerza, sea porque se prolongan en las ideologías oficiales, sea porque vienen a designar con una singular nitidez los fracasos de las sociedades industriales.

Ello se debe a que Saint-Simon, en el origen de las sociedades modernas y antes de su desarrollo, sólo puede situarse al nivel de los principios, al nivel de las generalidades y de las síntesis. Al releer a Saint-Simon nos vemos constantemente remitidos a nuestras sociedades contemporáneas a fin de examinar en qué medida han realizado las promesas del sansimonismo y por qué, a pesar de proclamar incansablemente estos principios enunciados hace ya más de un siglo y medio, no logran realizarlas.

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Fragmentos do ensaio de Pierre Ansart intitulado SOCIOLOGÍA DE SAINT-SIMON (2002 – inclusión en la web link: http://www.geocities.com/biblio_sociologia/Pierre_Ansart_Sociologia_de)

www.sociologia.de Pesquisado em 15 de Novembro 2007

http://www.scribd.com/doc/13472139/Pierre-Ansart-Sociologia-de-SaintSimon Pesquisado Maio 2010

 

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Saint-Simon:Fragmentos Selecionados de "La physiologie sociale" 
versão digital págs. 32 a 58 – versão em língua portuguesa por Jacob (J.) Lumier

 

Fonte:

Claude-Henri de Saint-Simon, “La physiologie sociale”. Oeuvres choisies. Introduction et notes de Georges Gurvitch, professeur à la Sorbonne. Paris: Presses universitaires de France, 1965, 160 pages. Collection: Bibliothèque de sociologie contemporaine.

(Extraits de textes datant de 1803 à 1825).

Link: http://dx.doi.org/doi:10.1522/cla.sac.phy

Nous avons essayé de mettre en relief tous les passages qui font ressortir la parenté de la sociologie de Saint-Simon avec celle de Proudhon et de Marx…”.

Georges Gurvitch

Extratos

De la physiologie sociale

(1813)

A fisiologia geral se ocupa das considerações de ordem mais elevada; plana acima dos indivíduos que para ela não são mais do que os órgãos do corpo social do qual deve estudar as funções orgânicas, como a fisiologia especial estuda aquelas dos indivíduos.

A sociedade não é em absoluto simples aglomeração de seres viventes, cujas ações independentes de toda a meta final teriam por causa o arbitrário das vontades individuais, e por resultado os acidentes efêmeros ou sem importância; pelo contrário, a sociedade é notadamente uma verdadeira máquina organizada cujas partes todas contribuem de maneira diferente para a marcha do conjunto.   

A reunião dos homens constitui um verdadeiro SER, cuja existência é mais ou é menos vigorosa ou oscilante, segundo seus órgãos cumprem mais ou menos regularmente as funções que lhes são confiadas.

Considerado como ser animado e estudado em seu nascimento e às diferentes épocas de seu crescimento, o corpo social apresenta um modo de vitalidade cujo caráter varia para cada época, da mesma maneira em que a fisiologia da criança não é a do adulto, e a do idoso não é mais aquela dos primeiros tempos da vida.

A história da civilização é então a história da vida da espécie humana, é dizer a fisiologia das suas diferentes idades, da mesma maneira em que a história das suas instituições não é mais do que a exposição dos conhecimentos higiênicos dos quais ela fez uso para a conservação e melhoramento de sua saúde geral.

A economia política, a legislação, a moral pública e tudo o que constitui a administração dos interesses gerais da sociedade não são mais do que uma coleção de regras higiênicas [regulamentações ou controles sociais, como se diria hoje em dia] cuja natureza deve variar segundo o estado da civilização; e a fisiologia geral é a ciência que tem mais dados para constatar tal estado e para descrevê-lo, posto que o mesmo é para toda a sociedade a expressão das leis de sua existência.

Visada não como sistema hostil concebido por cada nação para enganar seus vizinhos, mas como ciência cujo objetivo é conseguir a maior soma de felicidade para a espécie humana, a política ela mesma não é mais do que uma fisiologia geral para a qual os povos são os órgãos distintos: a reunião desses órgãos forma um só ser (A Espécie Humana), para o incremento do qual são os mesmos encarregados de contribuir fornecendo a parte de ação que depende de sua natureza particular.

Assim, seja que alguém examine as mudanças aportadas pelas influências exteriores na existência dos indivíduos isolados; seja que alguém considere as modificações que tal existência recebe da circunstância mesma da reunião dos homens em sociedade e de todos os fenômenos secundários que resultam desse estreitamento; seja enfim que, se elevando acima das nações, tenham em vista as relações que as unem, as vantagens que as mesmas podem tirar de suas trocas comerciais, de suas associações amigáveis, para se “entre-ajudar” a tirar o melhor aproveitamento da natureza que as ambienta, do solo que as alimenta e dos produtos de cada indústria local, não se terá jamais para estes diferentes objetivos que uma mesma ordem de idéias a expor, que um só objeto a examinar; haverá que tratar do homem rodeado de agentes que lhe podem ser úteis ou nocivos: haverá a expor os fenômenos fisiológicos, caso se faça tanto a história do indivíduo ou da sociedade; e os conselhos que se pode endereçar a um ou a outro não passarão de preceitos de higiene.

A fisiologia é então a ciência não somente da vida individual, mas ainda da vida geral, de que as vidas dos indivíduos são as engrenagens. Em toda a máquina, a perfeição dos resultados depende se mantenha a harmonia primitiva estabelecida entre todos os pontos de sustentação que a compõem; cada um deles deve necessariamente fornecer seu contingente de ação e de reação; a desordem sobrevém prontamente quando as causas perturbadoras aumentam viciosamente a atividade de uns em detrimento dos outros.

A espécie humana considerada como um só ser vivo é suscetível de oferecer tais irregularidades nos diferentes períodos de sua existência. Nós somos então interessados em estudar a causa dos desregramentos a fim de preveni-los ou fazê-los desaparecer caso nós não tenhamos podido nos opor a sua ocorrência.

Uma fisiologia social constituída pelos fatos materiais que derivam da observação direta da sociedade, e uma higiene acolhendo os preceitos aplicáveis a esses fatos são então as únicas bases positivas sobre as quais se pode estabelecer o sistema de organização reclamado pelo estado atual da civilização.

(…)

Segundo as observações fisiológicas, é constatado que as sociedades assim como os indivíduos são submetidos a duas forças morais de igual intensidade, e que agem alternativamente: uma é a força do habito, a outra é aquela que resulta do desejo de aprovar novas sensações.

(…)

A população européia é dominada pela força revolucionária depois do século XV, e esta força não cessará de ser dominante senão à época aonde um sistema social radicalmente distinto do sistema teológico e feudal venha a ser estabelecido em seu lugar.

Mémoire sur la science de l’homme

(1813)

(…)

Eu vou agora expor-lhes diretamente o que eu penso sobre o estado atual da fisiologia, sobre o que ela se tornará, sobre os efeitos que seus progressos produzirão no sistema geral das idéias, na organização do corpo científico, no sistema religioso, no sistema político, na moral, etc.

A fisiologia não merece ainda ser classificada ao nome das ciências positivas, mas lhe bastará só um passo para se elevar completamente acima da ordem das ciências conjeturais. O primeiro homem de gênio que aparecerá nesta direção científica baseará a teoria geral desta ciência sobre fatos observados; haverá que dar uma visão de conjunto sobre os trabalhos de Vicq-d’Azyr, Cabanis, Bichat, Condordcet, para organizar a teoria geral da fisiologia; pois esses quatro autores trataram quase todas as questões fisiológicas importantes, e basearam todos os arrazoados que produziram sobre observações discutidas.

Vou enumerar os principais efeitos que resultarão da organização positiva da teoria fisiológica, ciência cuja sumidade é a ciência do homem ou o conhecimento do pequeno mundo. Eu os apresentar-lhes-ei metodicamente, isto é, se deduzirão uns dos outros, se encadearão na ordem de conseqüência, em uma palavra, serão conseqüência uns dos outros.

****

De la réorganisation de la société européenne (1814)

(…)

A filosofia do último século foi revolucionária a do século XIX deve ser organizatória.

Não há mudança na ordem social sem mudança na propriedade. O entusiasmo do bem público pode fazer consentir de início aos sacrifícios que essa mudança exige: é a primeira época de toda a revolução, mas a gente logo se arrepende e se recusa a isto: é a segunda época. Ora, a resistência dos proprietários não pode ser vencida sem que os não-proprietários se armem, daí a guerra civil.

A imaginação dos poetas localizou a idade de ouro no berço da espécie humana, entre a ignorância e a grosseria dos primeiros tempos; seria mais bem a idade de ferro que havia de relegar lá. A idade de ouro do gênero humano não está atrás de nós, está adiante, está na perfeição da ordem social; nossos pais não viram isto, nossos filhos lá chegarão um dia, cabe a nós lhes preparar a trilha.

****

Lettres à un Américain

(…)

A gente exagera quando diz que a Revolução Francesa completou a ruína dos poderes teológicos e feudais; ela não os aniquilou; somente diminuiu bastante a confiança que se tinha nos princípios que lhes serviam de base; de tal sorte que hoje tais poderes não dispõem de força e credibilidade para servir de ligação à sociedade. Em quais idéias então encontraremos nós a ligação orgânica, necessária? Nas idéias industriais, é somente aí que devemos buscar nossa salvação e o fim da revolução.

… Para mim, o objetivo único para onde devem tender todos os pensamentos e todos os esforços é a organização mais favorável à indústria, entendida no sentido mais geral e que abarca todos os gêneros de trabalhos úteis, a teoria como a aplicação; os trabalhos do espírito como os da mão.

(…)

A política é então, para me resumir em duas palavras, a ciência da produção, isto é, a ciência que tem por objeto a ordem de coisas mais favorável a todos os gêneros de produções.

Um princípio é um ponto de partida. Se esse ponto que nós viemos de reconhecer e para onde fomos conduzidos pelos fatos é real e bem marcado a política desde então não é mais conjecturas vagas; não é mais largada ao capricho das circunstâncias; sua sorte não é mais acoplada àquela de um poder, de uma forma, de um preconceito; seu terreno é conhecido; sua maneira é apreciada; e a ciência das sociedades tem desde então um princípio; torna-se enfim ciência positiva.

Considerações Preliminares – Como se faz que a indústria tenha por tanto tempo avançado constantemente de progresso em progresso; que a classe dos homens úteis tenha sem cessar suplantado as classes parasitas da sociedade; que as grandes turbulências políticas tenham sido sempre marcadas por novas conquistas industriais; e que a indústria não tenha jamais proclamado seu brasão, jamais tenha erguido seu estandarte, que, em lugar de se produzir e se declarar ao grande dia, com a confiança da moral e da força, tenha se desenvolvido sempre secretamente e no silêncio do receio?     

É que ao longo de todo este tempo existiu e existe ainda hoje uma verdadeira e singular contradição entre os princípios da sociedade e sua conduta, entre o que ela se louva e o que pratica, entre o que respeita e o que busca.

 Não há sociedade sem idéias comuns, sem idéias gerais: cada um gosta de sentir a ligação que o vincula aos outros e que serve de garantia para a união recíproca. Essas idéias gerais, verdadeiras ou falsas, governam enquanto subsistem; exercem a maior influência sobre a conduta nacional.

Ora, enquanto o sentimento do interesse social agia por sua própria força, enquanto as engenhosidades industriais que sustentam a sociedade iam sempre se aperfeiçoando e acumulando as riquezas, verdadeiro e único fundamento de toda a importância e de todo o valor político; de um outro lado, as idéias dominantes, ou em uma palavra a opinião, cobriam com seu desfavor esses úteis e constantes esforços. Os industriais eles mesmos, cúmplices das prevenções inimigas de seus interesses, não ousavam lançar-se francamente a uma direção que a honra e a religião em concerto pareciam desaprovar e condenar ao desprezo.

 Hoje que não existe mais nenhum de tais obstáculos e que, inserida na constituição, a indústria exerce de direito a ação mais forte, uma ocasião favorável se apresenta a ela. A única coisa a temer é restar muito tímida e se deixar conduzir ainda por outras bandeiras que não as suas; então, que ela não consulte senão a ela mesma e aja; a constituição não será alarmada por seus esforços, pois nada é mais constitucional do que a indústria, e a constituição ela mesma só é boa porque é industrial…

Conclusão – Ao tempo em que a teologia e a feudalidade disputavam o Império, por essa diversão, a indústria se encontra em uma liberdade maior, e o povo se estende além das querelas de seus senhores.

O espírito de oposição e de crítica se fortalece dia a dia; a liberdade embasa seu partido, sua marcha e suas conquistas até o momento em que, por uma sacudida espantosa, ela toma a última fatia do poder e apaga até mesmo os mais tênues traços da feudalidade e da teocracia política.

 ...Foi, é verdade, o poder que sucumbe, mas a liberdade não se funda nada, deixou-se esquecida a base: a base da liberdade é a indústria.

 É com a indústria e através dela que a necessidade e o amor de ser livre tiveram nascimento: a liberdade não pode crescer senão com ela, não pode se fortificar que através dela.

… Eis aí nossa história depois dos transtornos revolucionários até hoje. Não conhecendo mais nem as condições da liberdade, nem a liberdade mesma, por todo o lado onde ela se anunciava, nós nos portávamos lá com todo o ardor da esperança; e de lá, sempre saia para nós alguma nova organização de servidão. Se nós queremos ser livres, criemos nós mesmos nossa liberdade e não a esperemos jamais de alhures.

O amor da liberdade não é suficiente a um povo para ser livre, lhe é necessário sobretudo a ciência da liberdade.

 A ciência da liberdade tem seus fatos e suas generalidades como todas as outras, mas esta ciência não é conhecida, apenas é ela pressentida por um pequeno número.

(pág.58)

***

 

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