Las bases sociológicas de la positivación de los derechos humanos: Presentación

 

Las-bases-sociologicas-de-la-positivacion-de-los-derechos-humanos

Una mirada para sustituir los temas ideológicos

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 Río de Janeiro / RJ, Brasil, Agosto 2015.


Presentación

El presente trabajo ha sido concebido en el marco de una actividad autónoma de cooperación junto a la sesión “Civil Society” de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, especialmente la promoción del “World Program  for Human Rights Education – WPHRE”, en su tercera fase, de que el primer fruto ha sido publicado en mi libro bajo el título “Sociología y Derechos Humanos: Introducción”, concluido en julio de 2014 [1].

Ese nuevo escrito es el fruto de una tentativa de relacionar el enseño de los derechos humanos con los estudios en sociología internacional. Su orientación tiene por resultado que abandonar el “estado-nación” como unidad de análisis sociológico, y evitar el “nacionalismo metodológico”, no es una consigna artificial sino una exigencia de la realidad social e histórica.

El problema sociológico investigado en convergencia con los derechos humanos pone en relieve el pluralismo social efectivo y la variabilidad, como características favorables a la internacionalización de la sociología, y hace el teste de una conjetura explicativa sobre el desmembramiento de la soberanía del Estado Nacional en entornos capitalistas, ya señalada por Durkheim.

Además, en el objeto mismo de ese trabajo, se lleva en cuenta que el legado de la época burguesa reenvía a un espacio público unilateralizado, correlato de la generalización de las necesidades.  En consecuencia, una unidad de análisis como el Estado nacional se muestra muy figurativa y demasiado estricta, especialmente en una situación de globalización y de tecnologías de información y comunicación.

Finalmente, el contenido aquí ofrecido ha sido desarrollado a partir de una comunicación al Congreso de la International Sociological Association –ISA en 2014 [2].  En su versión original, por su vez, el presente trabajo se encuentra presentado para publicación como artículo junto al periódico “International Sociology”.

Jacob (J.) Lumier

SSF-RIO Fórum de Sociologia < http://ssfrjbrforum.wordpress.com/  

j.lumier@gmail.com

 

Sumario

Abstract. 1

Parte 1… 1

Aspecto histórico del interés sociológico por los derechos humanos.. 1

El punto de vista evolutivo.. 1

El desmembramiento de la soberanía.. 1

El pluralismo social efectivo.. 1

Parte 2… 1

Una visión sociológica para la situación de desmembramiento del Estado o el Estado Unilateralizado.. 1

(…)

 

Abstract

Este artículo trata del enseño de los derechos humanos y de la construcción de una visión sociológica para sustituir los temas ideológicos. Presupone el recurrente debate público en la imprenta latinoamericana en esa materia. Desarrolla un abordaje sociológico diferencial desde el punto de vista del pluralismo social efectivo sobre los cuatro planos de análisis e interpretación siguientes: (1) los aspectos sociológicos que implican la positivación de los derechos humanos; (2) la percepción de las dinámicas de frenos y contrapesos; (3) la experiencia pluralista del desmembramiento de la soberanía del Estado Nacional en entornos capitalistas, a partir del tipo de sociedad democrática liberal; (4) en ese cuadro, examina la aplicación del modelo lefebvriano de espacio público unilateralizado, como característica de la época burguesa (siglos XVI al XIX).

Palabras llave: deseo de pose, estructura de clases, función de representación, psiquismo colectivo, fetichización de la mercadería.

 

Parte 1

Aspecto histórico del interés sociológico por los derechos humanos

El punto de vista evolutivo

 

La reflexión de los sociólogos sobre los derechos humanos ha sido posta en relieve, hacía los años noventa, cuando el carácter histórico, en esa materia, vino a ser defendido.  Emergió el aspecto crítico de que existe una grande distancia, una paradoja entre el que está escrito en las Declaraciones y el que hay de concreto.  Para realizar los derechos humanos, decían, no bastaría solamente estar inserido en los textos internacionales y en la mayoría de las constituciones de los países occidentales, sino que sería fundamental la acción protectora del Estado [Bobbio, 1992].

En consecuencia, la positivación de las diversas declaraciones de derechos ha sido valorizada como un proceso evolutivo que aún ocurre. Admite, por ejemplo, que la Declaración Americana (1776), la Declaración Francesa (1789) y la Declaración de la ONU [United Nations, 1948] al influenciaren el surgimiento de las protecciones jurídicas de los derechos fundamentales en diversos países, despuntaran como alternativas para garantizar la estabilidad en la tutela de los derechos tenidos como esenciales a la condición humana [Oliveira, 2007].

Sin embargo, como saben los sociólogos, la afirmación constitucional de los derechos humanos lleva los Estados a reforzar su compromiso con la creación de programas sociales que protegen contra la inseguridad, la desigualdad y la pobreza.

La conocida propagación de reformas constitucionales en una larga centena de países, en los años noventa, con incorporaciones de los derechos humanos [i], es un formidable esfuerzo colectivo a demonstrar por si sólo innegable tendencia para la universalización de eses derechos. Se trata de una expansión crítica que había creado un plano autónomo, igualmente crítico, alrededor de la globalización de la economía, la cual acarreó pobreza, desestabilización de las formas de vida, inmigración y decadencia del medio ambiente. Ciertamente aquella propagación de reformas constitucionales significó innegable refutación del posicionamiento contrario a los derechos humanos como sistema de frenos y contrapesos eficaces.

Por su vez, la aplicación del punto de vista evolutivo cautivó los sociólogos, que investigan las tres o cuatro generaciones de derechos y los respectivos ambientes históricos estructurales [Frezzo, 2011]. Entretanto, cuando uno contempla el debate público en la imprenta latinoamericana en esa materia, puede observar una supervaloración de los temas ideológicos del Estado Nacional, incluso, sobre las llamadas transformaciones del mismo en la segunda mitad del siglo XX, con reflejo en el enseño, y, además, con exagerado destaque para el histórico del cruzamiento de las ideologías políticas, que, de alguna manera supuesta, hubieran favorecido el fomento de los derechos humanos [ii].

La solidaridad internacional

Sucede que la acción protectora estatal es inserida en cuadros sociales y ambientes culturales determinados, de tal suerte que el problema de los obstáculos a la universalización de los derechos tiene primacía en sociología.

De esa forma, hay varios aspectos sociológicos que preceden e implican la positivación de los derechos humanos, cuyo enseño no debe ser limitado a una lectura por el enfoque del Estado Nacional y sus transformaciones.

Uno de esos aspectos, que tiene la democratización y el pluralismo social por base, sobresale cuando se retiene la presencia del sociólogo en el fomento de los derechos humanos, la cual es muy avanzada, y, bajo la intervención de Georges Gurvitch, remete a los años cuarenta, en los antecedentes de la Declaración de la ONU [United Nations,1948].

Con efecto, durante su estadía en Estados Unidos, Gurvitch publica, en 1942, Sociology of Law.  Poco después, en 1944, motivado por el prestigio que le asistía en los asuntos sobre las relaciones entre los Estados Unidos y la URSS [Moreau de Bellaing, 2005], gracias a su amistad con Eleonor Roosevelt y bajo la inspiración de la perspectiva de solidaridad internacional del Discurso de las Cuatro Libertades de F.D. Roosevelt [iii], él se atreve a publicar una Declaración de los Derechos Sociales, en la cual trata de describir algunos modelos de democracia industrial, [Gurvitch, 1944].

Al poner en relieve que la realización de los derechos humanos es viable en razón de la sociabilidad y de su característica fusión parcial entre las obligaciones de unos y las prerrogativas de otros, Gurvitch admitió el propósito de tornar operativa la perspectiva de solidaridad internacional, y afirmó la primacía de las sociedades globales.

Acrece que, por dislocar el foco para más allá del Estado,  esa orientación tiene reciprocidad con la constatación por Durkheim de la decadencia del Estado como unidad jurídica particular y del contracto, en el pasaje del siglo veinte, una situación de incertidumbres agravadas que delimitan el ambiente referencial del concepto sociológico de amorfismo social [ Durkheim, 1973, p. 421].

Por su vez, en perspectiva recíproca, Gurvitch observa el Estado Nacional desmembrado en el pasaje de la segunda mitad del siglo veinte, y pone en relieve la soberanía jurídica como social, la cual se ejerce en el espacio público que viene de las sociedades globales, con el reconocimiento colectivo de los procedimientos dialécticos de intermediación (Gurvitch, 1944, op. cit.].

De esa forma, fue confirmado el entendimiento consagrado después de la Declaración de los Derechos Sociales, cuando aconteció la adopción de la aludida Declaración de la ONU [United Nations, 1948, op. cit.], y se afirmó que la positivación de los derechos humanos, por la acción protectora estatal, no debe ser representada en favor de una quimérica restauración de la catastrófica soberanía nacional exclusiva, la cual llevó a las deflagraciones del neo imperialismo, en el obscurecer del siglo XIX.

Aunque no excluya la soberanía como rebajada, la primacía de los derechos humanos es afirmada en apoyo de la realización de un compromiso internacional asumido por los Estados como miembros de las Naciones Unidas, por conciencia de libertad y por fuerza del auto preservación colectiva, cuyo cuadro de referencia es puesto con la democracia. Tal compromiso internacional recurrente tiene su momento en 24 de octubre de 1945, cuando China, los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, la Unión Soviética y la mayoría de los demás países signatarios ratificaron la Carta de las Naciones Unidas.

El desmembramiento de la soberanía

Hubo y aparentemente hay aún, cierta reluctancia por parte de autores nostálgicos de la representación de fronteras nacionales petrificadas. Incluso algunos adeptos de la judicialización de las acciones humanitarias procedentes de los pactos internacionales, contrarios en admitir que la obligación asumida en los propios pactos (treaties), y en los demás instrumentos internacionales autónomos de los derechos humanos, releva de un compromiso que, por su vez, sólo tuvo lugar en virtud de la solidaridad internacional, con la profusión de reformas constitucionales de los años noventa poniendo en perspectiva la accesibilidad de las cuatro libertades fundamentales, para todas las personas en cualquier lugar del mundo.

Los formalistas, hasta el final del siglo veinte, hubieran sugerido que la capacidad del Estado nacional en imponer su control jurisdiccional exclusivo tendría consistencia en virtud de su correspondencia al llamado problema hobbesiano del orden, la imposición legitima de la ley por el más fuerte.

Pueden comprobar eso en los llamados posicionamientos pluralistas como técnicas políticas, en los cuales hay un distanciamiento del anti-dogmatismo propio de la sociología diferencial [iv].

Entre los suportes de esas extemporáneas teorías de coacción noten, por ejemplo, el procedimiento dogmático que, mediante la equivocada separación del análisis histórico y del análisis estructural [v], inscribe el pluralismo de los contra poderes en una metodología axiomática, de tal manera que, el espacio público viene a ser rebajado a una discursiva dialéctica del poder y de la resistencia (Dahrendorf, 1974).

En esa concepción formalista, por la cual, todavía, soberanía y jurisdicción aparecen debidamente combinadas, las posiciones jerárquicas permiten a sus ocupantes ejercer el poder, puesto que dotadas de soberanía: los hombres que las ocupan establecen la ley para sus súbditos, con el aspecto más importante de esa posición siendo el control de sanciones, la capacidad de garantir la conformidad a la ley.

De esa noción esquemática, debe uno concluir que: (1) – siempre hay resistencia al ejercicio del poder (cuya eficiencia y legitimidad serian precarias); (2) – el grupo de los que ocupan las más altas posiciones es el grupo más fuerte; y (3) – la sociedad se mantiene unida en virtud del ejercicio de su fuerza, esto es, por la coacción. Tal seria la supuesta solución hobbesiana para el supuesto problema hobbesiano del orden.

Por el contrario, los hechos de la segunda mitad del siglo veinte muestran que la soberanía estatal exclusiva y su tendencia a imponer con legitimidad la coacción por el más fuerte, se ha tornado irreversiblemente repugnante por efecto del Holocausto, que hubiera suscitado la solidaridad internacional (incluso la cooperación para el desarrollo) a partir de la segunda mitad de los años cuarenta, cuando las Naciones Unidas tomaran la iniciativa.

En esa línea, es ampliamente conocido el desmembramiento de la soberanía como hecho irreversible, pero positivo. Toman como marcador, entre otros, el advenimiento del Tratado de Paris, de 18 de abril de 1951 (la institución de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero – CECA), que llevó la Europa Occidental a conducir un proceso de integración económica complejo, rompiendo el paradigma de la soberanía jurídica exclusiva del Estado nacional y haciendo prevalecer la construcción del Derecho Comunitario en el ámbito de las relaciones internacionales.

El pluralismo social efectivo

En consecuencia, ocurre que los elementos de la democracia deban ser buscados en la realidad social, para que, juntamente con los obstáculos que esta suscita, la positivación y más ampliamente la universalización de los derechos humanos tuviera lugar, y, en primer, la descripción del pluralismo social efectivo, sin el cual la democracia no se diferencia como foco del compromiso internacional asumido por los Estados en las Naciones Unidas.

De hecho, el pluralismo como técnica constitucional, del cual Montesquieu enseñó, es como sabe el primer paso para describir la democracia, ya que pone en relieve el sistema de frenos y contrapesos, característico de todo el pluralismo.

Sin embargo, la percepción de la dinámica de los contrapesos no es limitada a la técnica constitucional. Una mirada en profundidad puede descubrir que, bajo grados diferenciados de complejidad, como señaló Gurvitch, la realidad social comporta niveles múltiples [vi], incluso el psiquismo colectivo, que, descritos como camadas (paliers) subyacentes, revelan en eficacia la pluridimensionalidad de la realidad social [vii].

De esa manera, el carácter incierto de las relaciones fluctuantes con los otros grupos sobresale en el espacio público en un pluralismo social efectivo [viii].

La comprensión ampliada de esa situación comporta cinco procedimientos dialécticos de intermediación[ix]: complementariedad, implicación mutua, ambigüedad dialéctica, polarización dialéctica, reciprocidad de perspectiva (Gurvitch, 1962).

De ese punto de vista, puede comprender que el desmembramiento del Estado como bloco de localidades y unidad jurídica, que llevó a un fin el siglo XIX, tenga revertido en factor de incremento de la estructura de clases. Esa realidad tornó evidente la existencia real y multiforme de varios sistemas de frenos y contrapesos.

Al hablar del desmembramiento del Estado debe tener en cuenta el contexto privilegiado en el curso de la Segunda Revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XIX, descripto en los desarrollos dentro de la industria química, eléctrica, del petróleo y del acero. Hay que destacar, igualmente, los sucesos subsecuentes del período 1885 a 1914 (la “Paz Armada”), cuando tendrán lugar las deflagraciones del neo imperialismo.

Es decir, Durkheim tenía bajo sus ojos el crepúsculo de la sociedad democrático-liberal, que corresponde al capitalismo concurrencial desarrollado predominante en el siglo XIX y en el inicio del siglo XX, una consecuencia de la revolución francesa y de la evolución de los órganos y costumbres parlamentares, particularmente en Inglaterra. Todavía, como bien señaló Gurvitch, la significativa tendencia para el desmembramiento de la soberanía del Estado sobresale en las siguientes características: (a) – el desarrollo de la clase burguesa industrial, financiera, comerciante – solitaria o asociada con las clases medias y el campesinado enriquecido – que torna el Estado a ella sometido; (b) – la acción del poder reglamentar y disciplinar privado, limitando la autoridad del Estado en relación a los capitanes de industria, a las fábricas y a millones de obreros; (c) – el desarrollo de trusts y carteles, por un lado, y, por otro lado, la acción tanto del sindicalismo obrero cuanto del patronal, llevando al surgimiento de las reglamentaciones jurídicas autónomas (convenciones colectivas, etc.); (d) – en fin, la actividad intensa de los partidos políticos, que se tornan, cada vez más, representaciones de las clases sociales en presencia, lo que termina por fragilizar de fato el Estado, su predominancia y su autoridad. De esta suerte, la jerarquía de los agrupamientos funcionales es debilitada, tendiendo a ser sustituida por la jerarquía de las clases sociales, lo que acentúa la instabilidad del Estado, el cual se apoya en su máquina burocrático-militar y no sobre su ascendente moral, jurídico y económico (Gurvitch, 1968, op. cit.].

Sin embargo, resta que, del punto de vista de una sociología internacional, hace falta poner en relieve una comprensión sociológica de conjuntos para tal situación de desmembramiento del Estado, la cual no es un hecho aislado, sino que hace parte de la época burguesa. La conjetura capaz de tener en cuenta el carácter incierto de las relaciones fluctuantes con los otros grupos y la clarificación por los procedimientos dialécticos de intermediación es la aplicación del concepto de espacio público unilateralizado [x] que, conforme el modelo lefebvriano, ya descripto en el análisis sociológica del psiquismo colectivo de la estructura de clases, es una consecuencia de la fetichización de la mercadería [Lefebvre, 1968].

***

 

Parte 2

 

Una visión sociológica para la situación de desmembramiento del Estado o el Estado Unilateralizado

Leia o texto completo na WEB da OEI < http://www.oei.es/historico/cienciayuniversidad/spip.php?article5926 >

 

NOTAS

[1] E-book free: http://www.bubok.es/libros/235144/Sociologia-y-Derechos-Humanos-Introduccion

[2] ISACONF Abstract #30864 – XVIII ISA World Congress of Sociology (July 13-19, 2014). Título: “La sociología en la universalización de los derechos humanos y sociales a través de la deconstrucción de las desigualdades”.

[i] Dado que la globalización se aceleró en la década de 1990, representando una amenaza para las poblaciones, la mayoría de los estados han incorporado en sus constituciones disposiciones de los derechos humanos. Saben que de las 165 constituciones, 122 incluyen disposiciones sobre derechos socioeconómicos (tales como el derecho a un trabajo digno, derecho a la vivienda y la seguridad alimentaria), 134 han adoptado disposiciones para los derechos de las mujeres, 89 han adoptado disposiciones de los derechos de salud, y 105 tienen disposiciones para los derechos de las minorías (Moncada and Blau, 2006).

[ii] Pueden ver la valoración de los temas ideológicos referidos al Estado Nacional en los argumentos circulantes en la imprenta cuando han publicado los planes nacionales de derechos humanos en Brasil.

[iii] Four Freedoms Speech, 1941: 1.- Freedom of speech and expression; 2.- Freedom of worship; 3.- Freedom from want; 4.- Freedom from fear. Ver el Preámbulo de la Universal Declaration of Human Rights (United Nations, 1948).

[iv] El método y los procedimientos de la sociología diferencial, incluso el abordaje por el pluralismo social efectivo, que este trabajo presupone y aplica, sacan provecho de la orientación gurvitchiana (Gurvitch, 1979, 1986) y de estudios anteriores del autor en esa materia ya publicados en Internet.

[v] Es improductivo proponer problemas de estructura social sin tener en atención la nítida conciencia colectiva de la jerarquía específica y referencial de una unidad colectiva real, como lo es la jerarquía de las relaciones con los otros grupos y con la sociedad global, o sea, la jerarquía específica de las formas de sociabilidad.

[vi] Es decir, entre eses niveles múltiples se tratan relaciones íntegramente variables, alternando y combinando, por un lado, grados de cristalización y, por otro lado, grados de espontaneidad, y así constituyen fuerzas dinámicas del cambio. En consecuencia, no existe tipo de sociedad que alcance una cohesión en definitivo, sino grados de cohesión y disparidad (Gurvitch, 1968, op. cit.).

[vii] La pluridimensionalidad de la realidad social comprende (a) las jerarquías específicas y múltiples, en las cuales la discontinuidad prevalece y el elemento jerárquico asienta en la distribución y no en la presión del conjunto; (b) las jerarquías en unificación con preeminencia del elemento de contención (Gurvitch, 1968, op. cit.). .

[viii] Del punto de vista de la sociología diferencial, el principal criterio de los materiales empíricos es la variabilidad: los agrupamientos particulares cambian de carácter y no apenas de posiciones; asumen identidades y diferencias no asumidas en tipos o subtipos de sociedades diferentes. En la medida en que participan del cambio en eficacia que se opera en el interior de las estructuras, los grupos, más do que se dislocaren conforme trayectorias apenas exteriores, se mueven en la multiplicidad de los tiempos sociales, ya descriptos por Gurvitch (Gurvitch, 1968, op. cit.).

[ix] Constatación sociológica que asimila el sistema de frenos y contrapesos, los procedimientos dialécticos de intermediación se diferencian en grados que envuelven las maneras de ser ligado en el todo por efecto del propio todo, como Gurvitch (1962) bien definió las formas de sociabilidad. Se revelan variaciones en la simetría mínima que tales maneras comportan para que sean los elementos originarios en el todo dinámico de una realidad social. En ese sentido, debe comprender que el procedimiento dialéctico privilegiado sea la reciprocidad de perspectiva, de la cual se diferencian los demás cuatro procedimientos referidos.

[x] La constatación de un espacio unilateralizado no es insólita. Desde un punto de vista lógico relativista, lo que provee consistencia al espacio es la simultaneidad de dos observadores inerciales, alejados de cierto fenómeno, pero esa simultaneidad se rompe conforme uno de los dos observadores alcanza velocidad relativista, luego, en ese supuesto, el espacio que miden se torna diferente y por tanto pierde simetría. En ese sentido, la unilateralización sería una suerte de “asimetrización”, precipitada por la fetichización de la mercadería.

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La estratificación social en entornos capitalistas

 

La Sociología, los Derechos Humanos y la Deconstrucción de las Desigualdades:

Estudio crítico sobre la estratificación social en entornos capitalistas.

 

Versión en libro del paper completo de Abril 2013 presentado a la International Sociological Association –ISA con el siguiente título: “La sociología en la universalización de los derechos humanos y sociales a través de la deconstrucción de las desigualdades” – “Sociology in the universalization of human and social rights through deconstruction of inequalities”. Abstract #30864

Por

 

Jacob (J.) Lumier

 

Autor de Ensayos Sociológicos con trabajos difundidos en la Web de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura – OEI y junto a la página del Ministerio de Educación de Brasil (Domínio Público).

 

Websitio Produção Leituras do Século XX

http://www.leiturasjlumierautor.pro.br

 

Río de Janeiro / RJ, Brasil, Agosto 2014

 

 

La sociología, los DDHH y La deconstrucción de las desigualdades

Jacob (J.) Lumier

 

 

Epígrafe

 

Karl Marx dijo una vez — en los tiempos del capitalismo embrionario, salvaje y con todo aún no domado, aún demasiado iletrado como para descifrar lo escrito en la pared— que los trabajadores no pueden liberarse sin liberar al resto de la sociedad. Ahora, en los tiempos del capitalismo triunfante, se podría decir que, sin prestar ya atención a los escritos de ninguna pared (ni a las paredes mismas, si a eso vamos), el resto de la sociedad humana no puede ser liberado de su miedo ambiente y de su impotencia a menos que su parte más pobre sea liberada de su penuria. [Bauman, La sociedad individualizada].

 

 

 

Presentación

 

En presencia del desafío de satisfacer la demanda actual por una sociología con provecho en la deconstrucción de las desigualdades, entendidas estas últimas como obstáculos a la universalización de los derechos humanos y sociales, este documento destaca la necesidad de superar la tendencia utilitarista en estudios sobre la estratificación social en entornos capitalistas.

Desarrolla una comprensión sociológica en torno a la constatación de que los focos de los derechos humanos son las libertades humanas esenciales [i], comprendidas por ellas mismas y, debido a este hecho, son más de lo que serían las variables lógicas. Por esta vía, articula el punto de vista del pluralismo efectivo de la realidad social con los conjuntos prácticos abiertos a la creación colectiva, cuya variabilidad ultrapasa la reproducción de los paradigmas del sistema.

De este punto de partida, el autor tiene en vista explicitar como la sociología pudiera contribuir para los Derechos Humanos con la deconstrucción de las desigualdades; elabora sobre la crítica a las proyecciones de una jerarquía de posiciones, sean estas basadas en autoridad y prestigio, o centradas en la busca de ventaja diferencial.

Sostiene el reconocimiento de que, una vez situados en la sociabilidad como aspectos de la vida espontánea del Derecho – por tanto incluidos en el ambiente micro-sociológico que reproduce el equilibrio parcial entre las prerrogativas de unos y las obligaciones de otros –, juntamente con las demás manifestaciones da consciencia  (tales como la lenguaje y la intervención del conocimiento), los Derechos Humanos toman parte de las fuerzas productivas en sentido lato y, de esta forma, desempeñan un papel constitutivo en los  propios marcos sociales.

En ámbito específico de la teoría sociológica, se profundiza la descubierta por Henri Lefebvre (1901 – 1991) de la ruptura de la reciprocidad que ligaba los intereses particulares y el interés general en el espacio público.

 

***

 

Sumário

Epígrafe 9

Presentación 10

Desigualdades, Crecimiento y Deconstrucción. 15

Para allá de la tendencia utilitarista 15

La crítica al enfoque economicista por la ventaja diferencial 17

Reificación y función de representación en el psiquismo de la estructura de clases  19

El saber economicista y el psiquismo de la clase burguesa 19

Unilateralización y generalización de las necesidades 21

El deseo de pose 22

La sabiduría de frialdad 25

La insuficiencia de la tendencia utilitarista y la Deconstrucción 26

La Opulencia versus la Pobreza 29

La deconstrucción de las desigualdades 30

El Control Capitalista 32

La Confusión de las Aspiraciones 32

Las desigualdades de Referencia 32

Las desigualdades neoliberales 33

Contribución social de los sectores más opulentos 34

Pluralismo social y Sentimiento colectivo 36

Las desigualdades sociales como obstáculos 37

La percepción de los derechos en contexto de desigualdades 37

La Mirada micro-sociológica 39

La micro-sociología en el procesamiento de las desigualdades sociales 41

La micro-sociología en la formación social 42

Pluralismo social efectivo 43

Derechos Humanos y Solidaridad 53

La posibilidad de la estructura 54

Grupo y Estructura 55

Pluridimensionalidad de la Realidad Social 57

Deconstrucción y Recuperación de las Aspiraciones 58

El problema sociológico de los valores 60

Valores e Ideales 62

La sociología de la vida moral: Lo Deseable 64

Lo Deseable 65

Conclusión 67

Perfil del autor Jacob (J.) Lumier 71

Notas de Fim 73

 

 Desigualdades, Crecimiento y Deconstrucción.

Si en razón de la especialización de las funciones se nota que la división del trabajo en las sociedades industriales segrega desigualdades, lo mismo no se pudiera decir para la diferenciación de tres clases afirmadas en el espacio público y en las ideas. El esquema de que hay una clase del trabajo, otros con la pose y los desfavorecidos con la necesidad en estado puro es un esquema que sobrepasa las determinaciones económicas de las relaciones de producción, ni debiera ser tratada como un reflejo. Antes de esto, revela-se un esquema cuya base es la psicología colectiva, específicamente, el psiquismo de la estructura de clases.

Para allá de la tendencia utilitarista

En los estudios sobre las desigualdades se hace notar tendencia orientada a la sociología de las organizaciones económicas en la que se concentra la atención en las cualidades reificadas como “capital cultural”, “capital humano” (incluyendo el “capital intelectual”), y “capital social”. Existe la opinión de que, en el entorno capitalista, la sociología debe verificar la causa motriz de las desigualdades y describir el funcionamiento del sistema que los utiliza para el desarrollo.

Trata-se de tendencia utilitarista que sirve a la enseñanza de administración con  aplicación en pesquisas circunscritas a los ambientes de los agrupamientos de localidad, cuyo servicio en escala global es todavía dudoso por no disponer de metodología crítica para esquivar la reificación de los papeles y posiciones socias. Sin embargo, a pesar de su afinidad con el estado de cosas del actual modelo productivista, la tendencia utilitarista tuvo el mérito de haber puesto en relieve la categoría economicista de ventaja diferencial, como criterio en la descripción del sistema de desigualdades en estratos económicos y sociales, aplicable a todas las cosas que cuentan puntos en un curriculum vitae o en portfolios.

Como sabe el fuerte ascenso del neoliberalismo después de los años noventa implicó mayor empeño en ventaja diferencial, que sobrepasó los muros del mundo corporativo y adquirió contorno de ideología económica [ii], con impacto negativo en las pesquisas sobre desigualdades y estratificación social en ambiente capitalista. Negativo en razón de que la ventaja diferencial está muy lejos de lo que se verifica como determinismos sociales y, como cualquier mistificación, contradice la explicación en sociología, se agarra en las mentalidades como el fetiche del precio – en sentido de la teoría del fetichismo de la mercadoría como personificación del capital, descubierta en sociología económica por Karl Marx.

De esta forma, la ventaja diferencial es puesta contra la solidariedad en las relaciones con los otros, y genera condicionamiento para las relaciones de distanciamiento en detrimento de la aproximación.

En consecuencia, la simple descripción de la distribución y busca de ventaja diferencial en los estudios de estratificación en ambiente capitalista revela-se insuficiente delante de la  actual demanda por una sociología con provecho para deconstruir las desigualdades como obstáculos a la universalización de los Derechos Humanos y Sociales.

No se trata únicamente una cuestión de servicio. Sobrepasar la insuficiencia de la tendencia utilitarista implica reconocer que el tratamiento sociológico positivo no está limitado a la representación de las desigualdades como reflejo de las ineluctables relaciones de producción en régimen capitalista. Por el contrario, la base de las desigualdades es verificada en psicología colectiva, más específicamente en el psiquismo de la estructura de clases.

La crítica al enfoque economicista por la ventaja diferencial

Desde el punto de vista economicista enfocado en la ventaja diferencial[iii], el término “desigualdades sociales” viene cargado de pre-significaciones económicas para disfrazar la hegemonía del capitalismo financiero organizado y hacer creer en la “economía de mercado” [iv] que ya no prevalece en el mundo estandarizado.

De esta forma, describe-se únicamente el desempeño del control capitalista financiero, con la proyectada dinámica de las desigualdades sociales siendo fomentada en facto por las jerarquías industriales y financieras, tomadas (a) como agencias pero no de supuesta concurrencia que, en realidad, no pasa del incentivo material segregado por las políticas económicas para la controlada distribución lucrativa de los productos,  (incentivo para las actividades empresariales o programas de competitividad); (b) pero sí agencias reproductoras del  Siempre Igual de la producción en masa [v].

De ahí, al envés de crítica a la hegemonía burguesa por el capitalismo financiero organizado y dirigista, con su mundo estandarizado, el análisis enfocado en la ventaja diferencial llega  a la “conclusión” previamente establecida de que el sistema de las organizaciones empresariales incluye la dinámica de las desigualdades en estratificación por niveles de rendimiento como factor positivo del desarrollo.

Trata-se de reducción por el utilitarismo normativo [vi] en que el marco de referencia global del capitalismo con su mundo estandarizado ven a ser substituido por un de sus fetiches, esto es, la “ventaja diferencial”. De esta forma, nada más hace que reencontrar la ilusión de los neo-liberales al proclamar su delirio pro mercaderización [vii] de las relaciones humanas (tornándolas factores del lucro) de que “no existe la sociedad, sino únicamente el mercado[viii].

 

Reificación y función de representación en el psiquismo de la estructura de clases [ix]

 

Veja a obra La Sociología, los Derechos Humanos y la Deconstrucción de las Desigualdades: Estudio crítico sobre la estratificación social en entornos capitalistas. Tecle aqui


 

Notas

[i] Universal Declaration of Human Rights – Preamble.

[ii] Vea el influente libro “Competitive Advantage“, del economista Michael E. Porter, adelante.

[iii] La aplicación de la categoría de la ventaja diferencial tiene base en el libro del influente especialista Porter, Michael E: Competitive Advantage: Creating and sustaining superior performance, New York, Free Press; London, Collier Macmillan, 1985; Versión portuguesa: Vantagem Competitiva: Criando e sustentando um desempenho superior, Rio de Janeiro, Campus, 1990.

[iv] Habiendo perdido la connotación liberal, el termino mercado se limita a designar un aspecto del orden monetaria y especulativa regulada y protegida por el Estado e incorporada en el sistema de las bancas centrales, aunque preserve la circulación controlada de mercaderías, en la que el valor de cambio dá lugar al precio inflacionario.

[v] Cf. Adorno, T. W. (1903 – 1969): “Prismas: la Critica de la Cultura y la Sociedad”, traducción de Manuel Sacristán, Barcelona, Ariel, 1962, 292 pp. (Original en Alemán: Prismen. Kulturkritik und Gesellschaft. Berlin, Frankfurt A.M. 1955).

[vi] En la medida en que ha puesto en pauta la cuestión de los criterios de valor de una norma relacionada a su utilidad como imagen de felicidad para el mayor número, el utilitarismo doctrinario y normativo de Jeremy Bentham (1748-1832) y John Stuart Mill (1806 – 1873), que gozaba excepcional prestigio en los medios progresistas de la época, suscitó como saben reacciones en varios medios intelectuales, especialmente entre los sociólogos diligentes como Émile Durkheim (1858 – 1917), que en su conocida obra datada de 1893 intitulada “De la division du travail social”, allí contestó acertadamente el eudemonismo, como señaló Gurvitch. Esencial su recusa de la “utilidad” como criterio último de las acciones humanas y como base mensurable de análisis de las cuestiones políticas, sociales y económicas.

De la misma manera, al repeler sea cual sea la tentativa en establecer un absoluto para la vida moral con imposición a los hechos sociales, se ha tornado igualmente indispensable al notable sociólogo repeler como eudemonismo la pretensión utilitarista en reducir el valor de una norma únicamente a su utilidad como criterio de felicidad para el mayor número.

Oposición sociológica tanto más consecuente cuanto se sabe que el utilitarismo liberal está lejos de ser una propuesta inconsistente. La idea de que una de las funciones de la política es promocionar el bien-estar humano encuentra en lo mismo una justificación teórica adecuada (la democracia puede ser vista como una especie de Utilitarismo aplicado, en la medida en que, siendo el gobierno de la mayoría, defenderá los intereses del mayor número).

[vii] La mercaderización es un concepto con largo empleo en la crítica de la sociedad. En este trabajo es utilizado para designar el control capitalista en ámbito de la psicología colectiva, como mercaderización de las relaciones humanas, pero deben tener cuenta que hay una tendencia para la mercaderización de la sociedad, como es observado en el siguiente texto: (…) “El valor de uso es transformado en valor de cambio cuando sólo puede realizarse pasando por su tamiz, por su lógica. El valor de cambio no es sólo el valor de un intercambio sino la conversión del valor de uso en valor de cambio. Esto significa que sólo puedo satisfacer mis necesidades y deseos si se encuentran en el mercado, en el esquema de la oferta y la demanda. Si no hay encuentro, no hay satisfacción. La “sociedad de mercado” no es una sociedad “con” mercado, sino una sociedad cuyos enteros modos de funcionar (político, cultural, religioso, etc.) pasan por los parámetros mercantiles. La mercaderización de la sociedad es la universalización de la excepción mercantil (la excepción por la cual la oferta y la demanda no se corresponden sino bajo una asimetrización por la que uno u otro polo sale perdiendo).” (…) Cf: Jorge Iacobsohn: “El marketing como ideología”. Internet, Revista “Bajo Control” (25/11/2010) http://bajocontrol.over-blog.es/article-el-marketing-como-ideologia-61689499.html (verificado en 2 de Abril 2013).

 

[viii] Ese lema neoliberal releva de la siguiente proposición de Margaret Thatcher (1925 – 2013): “There is no such thing as society (…).” Cf. The Downing Street Years, Harper Collins, London 1993, p. 626.

[ix] Mi exposición más detallada de este punto está en “Karl Marx e a Sociologia do Conocimento – 2ª edição ampliadahttp://www.bubok.es/libros/221823/Karl-Marx-e-a-Sociologia-do-Conocimento–2-edicao-ampliada

A CLASSE BURGUESA E O SABER

A CLASSE BURGUESA E O SABER

Notas para a Sociologia do Conhecimento

por

Jacob (J. Lumier

Em relação à classe burguesa observa-se como se sabe vários papéis desempenhados segundo as conjunturas particulares e as épocas, sobretudo o papel de vanguarda revolucionária, primeiro, e o papel de classe moderadora e conciliadora, depois, por etapas.

Deve-se remarcar a distinção de uma consciência de classe otimista observada em períodos anteriores à degenerescência da classe burguesa no capitalismo dirigista da primeira parte do século XX.

Como se sabe a consciência de classe otimista era caracterizada na classe burguesa pela confiança em um progresso técnico e econômico ilimitado; pela confiança na harmonia dos interesses de todos, na universalidade dos benefícios do capitalismo e da civilização urbana. Dessa maneira, nota-se a consciência aberta como fenômeno de classe ocorrente no estrato mais afortunado da classe burguesa em sua época de desenvolvimento, no século XIX, quando pontificava a figura dos “grandes patrões”: bons organizadores e calculadores, além de empresários clarividentes, generosos e filantropos, consciência aberta esta que se contrasta com a consciência coletiva da classe camponesa, redobrada sobre si.

Portanto, será do ponto de vista dessa consciência de classe burguesa otimista, que pretendia prestar-se para a difusão universal atraída que estava pela mais racional e a menos emotiva das ideologias de classe, que se empreende o estudo do sistema cognitivo da classe burguesa considerada como sede propícia do saber.

De fato, a chegada ao poder da classe burguesa no século XVIII trouxe como mudança em permanência alcançando o interior das estruturas o fato de que a sociedade industrial passa a experimentar uma união entre conhecimento científico da natureza e o conhecimento técnico.

Até então, antes da chegada ao poder da burguesia, com a sociedade industrial ainda em seus começos no século XVII, nota-se que essa mesma sociedade se inclinava para desenvolver-se fora das ciências, diretamente nas fábricas e nas práticas de trabalho que elas suscitavam.

Situando o mundo exterior como correspondendo às perspectivas da expansão econômica e da evolução da técnica, o saber burguês teve muito a ver (a) – com a conquista de novos mercados, notadamente os coloniais; (b) – com a busca de mão de obra e das riquezas naturais tais como os minerais, o petróleo, o carvão, etc.; e finalmente, (c) – com a colocação nova dos capitais e com as organizações industriais nacionais e internacionais, incluindo os trustes e cartéis.

A chegada ao poder da classe burguesa no século XVIII trouxe como mudança o fato de que a sociedade industrial passa a experimentar uma união entre conhecimento científico da natureza e o conhecimento técnico.

Ademais, esse conhecimento do mundo exterior próprio da classe burguesa assimila os padrões quantitativos do “tempo é dinheiro” ajustando-se sem dificuldade graças à intervenção dos meios de comunicação, qualidade essa que se combina aos tempos identificados à circulação dos capitais e aos investimentos, ao ciclo da produtividade das empresas, à duração do trabalho e do comércio.

O conhecimento político da classe burguesa ocupa um grau menos elevado do que o conhecimento científico, o conhecimento técnico e o do mundo exterior, que são interpenetrados.

Sabe-se que, desde sua formação no século XVII até os anos atuais, a classe burguesa sempre manifestou um conhecimento político muito eficaz, como tática e como afirmação de um ideal, que se cristalizou em doutrinas elaboradas – desde Hobbes, Spinoza, Rousseau, até o neoliberalismo e o solidarismo dos finais do século XIX.

Todavia, a característica do conhecimento político da burguesia é ter sido capaz de manter-se moderado até as primeiras décadas do século XX. Para isso apoiou-se nos mitos da paz, da igualdade de possibilidades, do progresso técnico ilimitado, da igualdade dos interesses de todos e, por fim, o mito da abundância, os quais, embora invocados com prudência e reserva, mostram o valor da redução do conhecimento do outro ao conceito genérico da pessoa humana tomado como conceito idêntico para todos, de que se nutre o subjetivismo idealista.

Esse conhecimento político moderado deve-se a que a burguesia sempre tratou de evitar comprometer-se, mantendo-se como agente político circunspecto, já que, finalmente, sempre teve mais a perder que a ganhar em toda a crise ou revolução, temendo perder seus bens e, assim, sua existência mesma. Em suma, a burguesia está sempre disposta aos arranjos e, no possível às concessões, fazendo-se facilmente reservada e conservadora onde seus interesses econômicos não estejam gravemente ameaçados e onde não se questiona sua existência.

Para compreender a expressão intelectual dessa mentalidade, deve-se observar que será a formação de grupos de interesse na Renascença prolongando-se em disputas políticas no Ancien Régime que possibilitará o surgimento e a a elaboração das doutrinas políticas modernas – começando na Inglaterra, com Thomas Morus (“Utopia”, 1516) e Francis Bacon (“Nova Atlântida”, inconclusa).

Posteriormente, nos séculos XVII e XVIII, serão os escritos de Hobbes e Locke que correspondem às aspirações da classe burguesa ascendente como quadro social do conhecimento que, finalmente, só então triunfará. Na França: os fisiocratas, os enciclopedistas, Turgot, J.J.Rousseau terão influência desde o começo e durante a revolução, e suas doutrinas tratam tanto do fim ideal quanto da tática a empregar para alcançá-lo, tipificando o conhecimento político formulado ou elaborado. Na Holanda: o “Tratado Político” (1675-1677) de Spinoza já faz pressentir segundo os estudiosos “certos elementos do pensamento de Rousseau” [1].

A sociologia do conhecimento nas sociedades globais que dão à luz o capitalismo nos mostra um ambiente muito novo e imprevisto impulsionado como é sabido pelo advento do começo do capitalismo e do maquinismo; pelo descobrimento do Novo Mundo; pela política absolutista de nivelação dos interesses, pela afluência das grandes massas da população às cidades, etc.

Daí que o conhecimento de senso comum que servirá à classe burguesa em formação se encontre disperso em vários meios, seguintes: (a) – entre os cortesãos, os representantes da nobreza de espada e os da nobreza de toga; (b) – nos diferentes grupos da burguesia, no novo exército profissional, entre os marinheiros, etc., ou ainda, entre os operários da fábrica. Seu refúgio será, então, a vida rural e os círculos restritos da família doméstica conjugal.

Nas sociedades globais que dão à luz o capitalismo surge um novo conhecimento de outro afirmando uma tendência para universalizar a pessoa humana que se relaciona a Rousseau, com sua teoria da Vontade Geral idêntica em todos, e a Kant, este, com seu conceito de “Consciência Transcendental” e de “Razão Prática”, que chega à afirmação da “mesma dignidade moral” em todos os homens.

Gurvitch nos lembra a observação de Descartes de que o senso comum é “a mais compartilhada” das faculdades, avaliando que o mestre do racionalismo moderno resistia desta maneira à tentação de negar a existência mesma dessa classe de conhecimento, “provavelmente pressionado pelas contradições crescentes entre os diversos beneficiários do conhecimento de senso comum”.

No último lugar desse sistema cognitivo das sociedades globais que dão à luz o capitalismo, vem o conhecimento de outro e dos Nós que: (1) – como o conhecimento de senso comum, também se encontra em grande dispersão pelos diferentes meios relacionados com a atualização da sociabilidade das massas, com a política de nivelação do absolutismo e com a desintegração dos grupos herdados da sociedade feudal, estando em nítida regressão a identificação do conhecimento dos Nós ao “espírito de corpo”. (2) – Todavia, Gurvitch observa que se nota um novo conhecimento de outro, servindo de compensação parcial para o rebaixamento desse mesmo conhecimento de outro como de indivíduos concretos, lembrando-nos que, tanto na classe proletária nascente como na classe burguesa ascendente, ambas penetradas da ideologia de competição e de produção econômica, o conhecimento de outro é quase nulo.

Nosso autor acrescenta que nesse novo conhecimento de outro se trata de uma tendência para universalizar a pessoa humana que se relaciona a Rousseau, com sua teoria da Vontade Geral idêntica em todos, e a Kant, este, com seu conceito de “Consciência Transcendental” e de “Razão Prática”, que chega à afirmação da “mesma dignidade moral” em todos os homens [2]. Note-se entre parêntesis que em sociologia prevalece o interesse pelo homem como indivíduo específico e diferente de seus semelhantes. A individualidade concreta tem sua dignidade moral reconhecida na Declaração dos Direitos Sociais. [Ver: Gurvitch, Georges: “La Déclaration des Droits Sociaux”, éditions de la Maison Française, New York, 1944; Ver na Internet: ACERVO DA BIBLIOTECA VIRTUAL PARA A COMUNICAÇÃO SOCIAL E A DEMOCRACIA (link)].

Quer dizer, tem-se um conceito geral do outro fora de toda a concreção, de toda a individualização efetiva, acentuando-se as formas racional, conceitual, especulativa e simbólica, com tendência frustrada a reunir o coletivo e o individual no geral ou no universal.

Aliás, aqui se fala de um novo conhecimento de outro em referência à época moderna. Na época clássica, a tendência da sociedade não-estatal a dissolver-se numa poeira de indivíduos isolados torna muito limitado o conhecimento de outro e dos Nós no âmbito dos grupos de filósofos organizados
em liceus e academias.

Desta sorte, na época clássica correspondendo às cidades Estados tornando-se Impérios, como tipo de sociedade global, havia um conhecimento de outro mais apto apenas para captar nos demais a generalidade que a individualidade concreta, tendência à generalidade essa que é muito nítida em Sócrates e em seus adversários, os sofistas, os quais como já observou G.Gurvitch se interessavam pouco pelo homem como indivíduo específico e diferente de seus semelhantes, e mais como representante indiferenciado e genérico da humanidade racional em geral.

No sentido desta tendência à generalidade procede a crítica ao estruturalismo de Claude Levy-Strauss como relevando do subjetivismo idealista. Sua afirmação da “existência de um estruturalismo lógico universal na base de toda a sociedade” não passa de projeção da idéia de uma consciência transcendental e universal implicando a aceitação do preconceito filosófico do século XVIII indevidamente transposto na Teoria Sociológica.

Segundo Georges Gurvitch, Levy-Strauss “parece crer que o fato de subscrever-se ao juízo de Paul Ricoeur que qualifica seu pensamento de ‘kantismo sem sujeito transcendental’ vá fortalecer sua posição, esquecendo que, para Kant, não podia haver oposição entre ‘sujeito transcendental’ e ‘consciência transcendental’, reconhecida como idêntica para todos[3] [Gurvitch, Georges: “Los Marcos Sociales del Conocimiento”, trad. Mário Giacchino, Caracas, Monte Avila, 1969, 289pp (1ªedição em Francês: Paris, PUF, 1966). Op. Cit. Págs.145/146].

Sob este aspecto, em Karl Popper, por sua vez, podemos assinalar orientação crítica ao neokantismo semelhante à de Gurvitch, com a compreensão de que, no dizer de Popper, “a idéia de Kant de um tipo padrão de intuição pura compartilhada por todos nós (…) dificilmente pode ser aceita” [4] [Cf. Popper, Karl: ‘Conhecimento Objetivo: uma abordagem evolucionária’, tradução Milton Amado, São Paulo/Belo Horizonte, EDUSP/editora Itatiaia, 1975, 394 pp., traduzido da edição inglesa corrigida de 1973 – 1ªedição em Inglês: Londres, Oxford University Press, 1972 – ver pág. 34.]

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[1] Cf. Gurvitch, Georges: “Los Marcos Sociales del Conocimiento”, op.cit.

[2] Em sociologia prevalece o interesse pelo homem como indivíduo específico e diferente de seus semelhantes. A individualidade concreta tem sua dignidade moral reconhecida na Declaração dos Direitos Sociais. Ver: Gurvitch, Georges: “La Déclaration des Droits Sociaux”, éditions de la Maison Française, New York, 1944.

[3] cf. Gurvitch, Georges: “Los Marcos Sociales del Conocimiento”, op. cit. Ver págs.145/6.

[4] Cf. Popper, Karl: ‘Conhecimento Objetivo: uma abordagem evolucionária’, tradução Milton Amado, São Paulo/Belo Horizonte, EDUSP/editora Itatiaia, 1975, 394 pp., traduzido da edição inglesa corrigida de 1973 – 1ªedição em Inglês: Londres, Oxford University Press, 1972 – ver pág. 34.

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