La sociología de la vida psíquica delante del problema de la comunicación social: una Introducción.

por

Jacob (J.) Lumier

 

OBS: Versión no revisada.

INTRODUCCIÓN

 

Las fronteras entre el fisiológico, el psicológico y el social, desde el punto de vista de los nuevos conocimientos metodológicos no siglo XX, se tornaran esencialmente instables.

 

La proposición de Gurvitch visando construir y establecer el concepto sociológico de Fenómenos Psíquicos Totales, en complementación dialéctica al concepto de Fenómenos Sociales Totales, descubierto este último por Marcel Mauss [1872 – 1950] [i] y presentido por Emile Durkheim [1858 – 1917], ten dos motivos provenientes del análisis filosófico, siguientes:

(a) – atender a la recomendación formulada por Wilhelm Dilthey [1833 – 1911] [ii] para que se pusiese en obra una psicología verdaderamente descriptiva en el ámbito del análisis de los hechos culturales, cuyo carácter intuitivo hizo sobresalir, como ya mencionado [iii];

(b) – llevar en cuenta, o mejor, buscar un desdoblamiento analítico y operativo para la constatación señalada igualmente por Dilthey de que en su decir “a las relaciones permanentes de los actos psíquicos de un ser humano con los de otro están conjugados sentimientos permanentes de co-pertenecemento” (y no solamente una fría representación de esas relaciones) [iv].

Note que la importancia de las analices filosóficas de Dilthey para la sociología ha sido bien reconocida. Así que la fundamentación de los tipos sociológicos se ha beneficiado del conocimiento de que las totalidades humanas han de ser aprehendidas por intuición, y no solo dependientes de la interpretación abstracta del sentido interno de las conductas, como ha deseado Max Weber [v].

  • “A las relaciones permanentes de los actos psíquicos de un ser humano con los de otro están conjugados sentimientos permanentes de co-pertenecemento” (y no solamente una fría representación de esas relaciones) [Dilthey].

Para el sociólogo, la aprehensión de las totalidades de que Dilthey habló antes de Mauss es suficiente para llegar a los tipos sociológicos, ya que implica la aprehensión de significaciones enjertando-se por veces en esas totalidades y tomando parte de ellas.

Cuanto a Gurvitch, el no disminuí la importancia de este análisis de Dilthey que establece la noción de comprensión. Por el contrario, hace sobresalir el alcance de esas significaciones aprendidas e como tales ofreciéndose a la interpretación de los tipos sociológicos especialmente en el ámbito de los problemas de las civilizaciones, estudiados en los respectivos ramos de la sociología (sociología del conocimiento, del derecho, del arte, de la religión, de la moral, de la educación).

 

El Hombre Total

Sin embargo, es para la afirmación de la alta relevancia metodológica de la aprehensión de las totalidades que Gurvitch quiere llamar la nuestra atención al mencionar la noción de “hombre total”, notada primero en Marx y mutatis mutandis en Mauss [vi], como la primera pista de la necesidad de un concepto como el de los fenómenos psíquicos totales en sociología, pensados en estrecha ligación con los fenómenos sociales totales. Tanto es así que la utilización de esa noción del hombre total en Gurvitch, en el rastro de Marx, atiende al siguiente doble protesto metodológico marcante en el siglo XX:

Primero – la recusa de la construcción abstracta y arbitraria del hombre económico o del hombre político, o del sujeto individual del derecho, o aún del hombre que juega (lúdico), del que conoce (sujeto cognoscente), o del hombre agente moral, afirmando-se, entonces, contra esas construcciones abstractas y arbitrarias, la presencia efectiva del hombre que existe en la realidad, como siendo todo eso y más todavía;

Segundo: la recusa de la identificación del hombre a su vida mental en que es olvidado el hecho de que el hombre es igualmente un cuerpo, un organismo fisiológico y un participante en las sociedades, en las clases sociales, en los agrupamientos sociales particulares, en los Nosotros, en fin, en los propios fenómenos sociales totales.

De esta suerte, las fronteras entre el fisiológico, el psicológico y el social, desde el punto de vista de los nuevos conocimientos metodológicos en el siglo XX, tornaran-se esencialmente instables, y, con eso, tornaran acentuada la inmensa dificultad para definir lo que uno entiende por psíquico, además de acrecentar un tópico de alta relevancia para la argumentación en favor del concepto de fenómenos psíquicos totales [vii].

 

Individuo y sociedad

Hay más. En la exposición que se seguirá, veremos que la elaboración del concepto de fenómenos psíquicos totales presupone ciertos cuadros propiamente sociológicos afirmados en sus referencias (1) al supuesto conflicto entre el individuo y la sociedad, por un lado, y por otro lado (2) a la falsa alternativa psicología o sociología, no solamente como disciplinas científicas (la psicología o la sociología), sino como objetos reales.[viii].

Con efecto, el supuesto conflicto entre individuo y sociedad releva de ejercicios retóricos practicados mucho antes del aparecimiento de la sociología, a los cuales se ligan las querellas entre las teses individualistas y colectivistas, o entre las posiciones contractualistas e institucionalistas.

No solo la sociología del siglo XIX resignó a envolver-se en esas discusiones inocuas, en que se trataba del individuo o de la persona humana, por un lado, e por otro lado, de la sociedad o de la colectividad, como se fueran entidades abstractas ya completamente acabadas e irreducibles, enfrontando-se en inexorable y eterno conflicto.

Esas querellas proseguirían después del nacimiento de la sociología hasta el inicio del siglo XX. Será, pues, a partir (a) de la apreciación de esas controversias vacías oponiendo el individuo y la sociedad y (b) de la crítica a los erros principales que se trata de eliminar para evitar su interferencia prejudicial en la sociología, que Gurvitch nos presentará los fundamentos de su pensamiento aplicado en aquella elaboración del concepto sociológico de fenómenos psíquicos totales.

 

Psicología e Sociología

Por su vez, la falsa alternativa psicología versus sociología, constituí un cuadro sociológico de la sociología, revela una referencia intelectual de análisis e interpretación diferenciada en modo especial en la formación de la sociología como disciplina científica.

Trata-se de demonstrar no solo el carácter anacrónico de esa falsa alternativa y la necesidad de los sociólogos se desembarazaren de la misma. Presenta-se, pues, una orientación renovada para tornar a poner el problema de las relaciones actuales entre la psicología y la sociología en termos de colaboración, lo que será hecho mediante el desarrollo de los siguientes tópicos:

Primero: una apreciación de las posiciones de los sociólogos hasta los primeros años del siglo XX, en especial una crítica de la querella que ha opuesto Gabriel Tarde e Durkheim;

Segundo: un análisis de las tendencias de la psicología moderna, en especial una apreciación de la adaptación de la psicoanalice a la sociología, como revelando cierta persistencia del enfoque competitivo o de alternativa psicología / sociología.

 

 

PRIMERA PARTE

 

La falsa alternativa psicología y sociología

 

Durkheim niega la posibilidad de reducir al mental y al psíquico toda la realidad social, tenida en cuenta la afirmación en esta última de la base material de la sociedad, la morfología, juntamente con la afirmación de las organizaciones y de las instituciones con sus modelos, símbolos, valores colectivos más o menos cristalizados y encarnados.

 

Para empezar, debe acompañar las analices y argumentaciones de Gurvitch, especialmente ofrecidas en vista de fundamentar en sociología el concepto operativo de fenómenos psíquicos totales, cuyas características básicas estamos a comentar, y lo haremos con foco en el debate sobre la falsa alternativa psicología versus sociología, teniendo en cuenta como dije que esa falsa alternativa constituí un cuadro sociológico da sociología.

 

La trayectoria de la cuestión

Con efecto, demuestra-se no solo el carácter anacrónico de esa falsa alternativa y la necesidad de los sociólogos se desembarazaren de la misma, sino que se llega a una orientación renovada para tornar a poner el problema de las relaciones actuales entre la psicología y la sociología en termos de colaboración, o que será hecho mediante el desarrollo de los arriba mencionados tópicos, siguientes:

Primero: una apreciación de las posiciones de los sociólogos hasta los primeros años del siglo XX, en especial una crítica de la querella que ha opuesto Gabriel Tarde e Durkheim;

Segundo: un análisis de las tendencias de la psicología moderna, en especial una apreciación de la adaptación de la psicoanalice a la sociología, como revelando cierta persistencia del enfoque competitivo o de alternativa psicología / sociología.

El sociólogo pone en cuestión el obstáculo de la introspección y la falta de éxito en superarlo por el behaviorismo y por la psicoanalice.

 

En respecto a la argumentación que busca llegar a una orientación para tornar a poner el problema de las relaciones actuales entre psicología y sociología, mediante la aplicación de los procedimientos operativos dialécticos, tres pontos deben ser sucesivamente destacados:

(a) la psicología individual, la psicología interpersonal y la psicología colectiva se verifican interdependientes;

(b) – la imposibilidad en establecer una alternativa entre psicología individual y psicología colectiva salta a los ojos delante del problema de la comunicación;

(c) los métodos de la psicología moderna deben ser combinados y aplicados a los fenómenos psíquicos totales para que venga a obtener resultados positivos.

La cuestión de saber se es válido o no reducir la psicología a la sociología o la sociología a la psicología retornó clásica y puede ser observada en los debates de los sociólogos (por veces también entre los psicólogos) desde la constitución de la sociología, llegando a alcanzar el siglo XX. Alias, la trayectoria de esa cuestión por si, ya sugiere la comprensión de la psicología colectiva como ramo de la sociología.

Con efecto, uno de los fundadores de la sociología en el siglo XIX, que no concedió a la psicología lugar alguno en su clasificación de las ciencias, August Comte, no solamente admitía la existencia del psiquismo, sino que acreditaba a la sociología la capacidad para solucionar cualquier problema decurrente de las manifestaciones de lo psíquico. Herbert Spencer y Stuart Mill, que reconocieron la psicología, no hubieran delimitado con la debida precisión las relaciones de la misma con la sociología.

En Karl Marx, la cuestión permanece en abierto, aunque el concepto de conciencia real, simultáneamente colectiva e individual, tomada como lo opuesto de la ideología – siendo esta un producto de la conciencia mistificada –, juntamente con el estudio de la toma de conciencia como elemento constitutivo de una clase social, delinea para Marx el objeto de una disciplina especial – la psicología colectiva – que, por lo demás, Henri Lefebvre designó Psicología de las Clases Sociales [ix].

Gabriel Tarde y Durkheim

En Gabriel Tarde, por su vez, la sociología puede ser reducida a la psicología simultáneamente individual e interindividual, que Gurvitch prefiere designar psicología intermental. Por el contrario, Durkheim niega la posibilidad de reducir al mental y al psíquico toda la realidad social, tenida en cuenta la afirmación en esta última de la base material de la sociedad, la morfología, juntamente con la afirmación de las organizaciones y de las instituciones con sus modelos, símbolos, valores colectivos más o menos cristalizados y encarnados.

Además, al contrario del posicionamiento de Tarde, para Durkheim es solamente como parte integrante de la realidad social que la vida mental o psíquica puede interesar a la sociología, es decir, como mentalidad colectiva. Entendía él la psicología colectiva como ramo de la sociología y preconizaba la fusión en la sociología de la psicología individual o intermental – distinguida de la psicopatología y de la psicología fisiológica.

El obstáculo de la introspección y el Behaviorismo

 

Aplicado a la sociología, el behaviorismo pone en relieve el disparate a que uno llega al excluir el alcance prioritario de los símbolos sociales para la comprensión de los comportamientos.

Cuanto al análisis de las tendencias más recientes de la psicología moderna, Gurvitch pone en cuestión el obstáculo de la introspección y la falta de éxito en ultrapasa-lo por el behaviorismo y por la psicoanalice. Señala, alias, que tomar la introspección como obstáculo es la actitud propia de la sociología siendo esa actitud que uno verifica en el origen de la desclasificación de la psicología por Comte y por Durkheim.

De esa forma, cabe señalar el fracaso de los sociólogos que, sea adoptando el behaviorismo, sea adoptando la psicoanalice, sea los dos combinados, tentaran dotar la sociología con una nueva metodología.

De acuerdo con Gurvitch, esa tentativa controvertida de renovación vino a se traducir en un retorno a las posiciones prójimas de Gabriel Tarde: la sociología behaviorista o psicoanalítica no obtuve éxito en desligar-se da psicología individual. É o caso de autores como Pavlov e Watson, que desarrollaran el behaviorismo, y los sociólogos Floyd Allport, Read Bain, Georges Lundberg y otros, que lo aplicaran a la sociología. Además, la introducción de la noción de excitantes sociales y de reacciones fundadas sobre la reflexión no alteró el hecho de que el behaviorismo permaneció una teoría psicofisiológica orientada exclusivamente para el individuo.

Gurvitch nos ofrece un ejemplo cabal de la insuficiencia fundamental del behaviorismo aplicado a la sociología poniendo en relieve lo disparate a que se llega al excluir el alcance prioritario de los símbolos sociales para la comprensión de los comportamientos.

Se opone vigorosa e irónicamente nuestro autor a la tese de los juristas behavioristas norte-americanos según los cuales el derecho nada más es de que el comportamiento del juez en un tribunal. Toma como ejemplo el hecho de que el individuo humano tiene manifestaciones comportamentales de orden fisiológica (estornuda, etc.) y que, si las incluyera en consecuencia, el comportamiento del juez no produciría en modo alguno el derecho. Para que ese efecto de producir derecho sea verificado es preciso que la conducta del juez sea penetrada por cierto conjunto de símbolos sociales. El comportamiento simbólico del juez depende mucho más de las significaciones sociales jurídicas y no de una creación personal. Tal es el límite de la extrita concepción behaviorista [x].

El círculo vicioso de Freud

 

El círculo vicioso de la mentalidad individual exclusiva limitando la psicología social buscada por Freud prende-se al origen nítidamente fisiológica observada en la psicopatología del deseo sexual.

Cuanto al análisis crítica de la psicoanalice, podemos notar que el círculo vicioso de la mentalidad individual exclusiva, como limitando la psicología social tentada pelo propio Freud, prende-se al origen nítidamente fisiológica observada en la psicopatología del deseo sexual, de la cual tuvo su punto de partida el pensamiento del fundador de la psicoanalice.

La psicología social en base psicoanalítica es limitada y se circunscribe a los estados psíquicos individuales. Las relaciones sociales que afectan eses estados individuales han sido concebidas por Freud bajo la forma de proyecciones subjetivas del “Id” y del “Superego”.

Gurvitch señala que ese pensador procura siempre explicar la vida social por la libido, por los recalques y los complejos, así como por los conflictos entre los deseos individuales y los comportamientos sociales, tomándolos como dominados por los modelos culturales estandarizados.

Ciertamente, esa representación de que los comportamientos sociales se encuentran dominados por los modelos culturales estandarizados se reveló muy envolvente en el siglo veinte y dio lugar a la crítica de la reificación. Algunos pensadores y sociólogos notables no freudianos se dejaran seducir por ella, como Jean Paul Sartre e Lucien Goldmann.

Ese último autor, en su libro sobre la sociología del romance, acreditó tener descubierto una homología estructural directa entre las estructuras del mercado capitalista y las del romance como forma literaria, sin pasar por la mediación de una conciencia colectiva.

Con eso, dio guarida a la pretensión improbable de que la comunicación social pudiera acontecer en el exterior de la conciencia colectiva. Dejó de lado justamente que la psicología individual, la psicología interpersonal y a la psicología colectiva se revelan interdependientes delante del problema de la comunicación [xi].

Sin embargo, hay quien señale en el análisis desarrollado por Goldmann el descubrimiento de un “sujeto transindividual” (no necesariamente una clase), supuesto en la medida en que el romance expresa los sentimientos de una capa social (la “intelligentzia”) que incluye los creadores, escritores, artistas, filósofos, teólogos cuyos pensamiento y comportamiento, aunque no lleguen a escapar enteramente al poder degradante del mercado y de la reificación, permanecen influenciados por valores cualitativos.

Goldmann sostendría la convicción de que las acciones históricas, el dominio de la naturaleza, la creación cultural, no pueden ser entendidos en su significación, ni explicados en su origen sino partiendo de un “sujeto transindividual”, el cual, comprendiendo la relación del hombre con los otros hombres y el hecho de que el Yo individual solo existe por detrás de la comunidad, estaría a designar los grupos humanos, las colectividades en las cuales los seres humanos piensan y actúan juntos (cf. Goldmann, L: Sciences Humaines et Philosophie, pág. 128).

La contradicción es que, aún se refiriendo a grupos humanos, ese autor repele la noción de conciencia colectiva, de tal suerte que su concepción de sujeto transindividual, en la mejor de las hipótesis, no puede significar otra cosa que una capa social: una colección de individuos siguiendo el mismo modelo.

De esa forma, la crítica propuesta por Gurvitch a Sartre se revela aplicable a Goldmann, a saber: de que su concepción del colectivo (no caso, el transindividual) es una serie, y que no tiene serventía la reunión bajo ese termo, como lo hace Sartre, de tres o cuatro manifestaciones diferentes de la vida social (relaciones de alejamiento; Masas; solidaridad mecánica no sentido durkheimiano; en fin, colección dispersa de individuos siguiendo el mismo modelo).

De hecho, Gurvitch manifiesta su insatisfacción cuando Sartre afirma que las “series sirven de fundamento a toda la sociabilidad”. E Gurvitch prosigue: Sartre llega fácilmente a la conclusión más inquietante aún de que “la totalidad es aquí totalización práctico-inerte de la serie de las negaciones concretas de toda la totalidad” (cf. Gurvitch: Dialectique et Sociologie).

En fin, cuanto a la suposición de Goldmann de que los creadores, escritores, artistas, filósofos, forman una conciencia especial y deben ser considerados desgarrados en relación a las clases sociales, noten las pertinentes observaciones contrarias de Lefebvre (Cf “Psicología das Classes Sociales”, in Gurvitch e al.: ‘Tratado de Sociologia – vol. 2’). Ese notable sociólogo observa apropiadamente que la “intelligentzia”, como un cuerpo de elementos con actividades especializadas, que agrupa escritores, filósofos, periodistas, editores, directores de publicación, etc. tienen la función social de viabilizar la comunicación eficaz entre los agrupamientos sociales particulares y las clases, implicando una tendencia para os desacuerdos entre las ideologías y los psiquismos de clase, más do que un acuerdo permanente. Aún según Lefebvre, la suposición de una coincidencia entre el psiquismo de clase y la conciencia de clase solamente tendrá sentido en una teoría que atribuye privilegio para una conciencia de clase especial, como en la obra del joven Lukács con su visión majestosa.    

Retornando a la psicología social en base psicoanalítica, el límite de la mentalidad individual exclusiva vino a ser superado por algunos discípulos de Freud – como Eric Fromm, Horney y Kardiner – que, en su tentativa de combinar las ideas de la psicoanalice unas veces con Marx, otras veces con la teoría de los papeles sociales [xii] tornaran establecidos lazos funcionales indisolubles entre la persona humana y la realidad social, bien como entre la mentalidad individual y la mentalidad colectiva.

Sin embargo, esa adaptación de la psicoanalice a la sociología no ha significado la superación completa del debate sobre la relación entre psicología y sociología, aún que ningún considera hoy tal cuestión bajo la forma de alternativa.

Gurvitch nota que un bueno ejemplo de tal insuficiencia es Kardiner, que, en sus escritos,: (a) – hace recuerdar as concepciones de Gustave Le Bon, Pareto e Sorel, (b) – desconoció la sociología y la psicología colectiva desarrollada por Durkheim y sus colaboradores, interesando en modo especial la psicología colectiva da inteligencia (estudio de las representaciones colectivas, memoria colectiva, categorías y clasificaciones lógicas), (c) – desconoció la psicología desarrollada pelo norte-americano G.H. Mead (George Herbert Mead, 1863 – 1931), igualmente orientada para la psicología colectiva da inteligencia, (d) – tuve recaídas en posiciones simplistas al afirmar que solamente la psicología da vida afectiva y emocional es la única que está directamente en relación con la sociología.

Colaboración entre la psicología y la sociología

Retornando al intento de Gurvitch para formular en termos de colaboración las relaciones actuales entre la psicología y la sociología, hay que notar la comprensión ofrecida por Marcel Mauss en su discurso sobre “As Relações Reais e Práticas da Psicología e da Sociologia[xiii].

El valor ejemplar de ese texto consiste en el siguiente: (a) – tener proclamado el fin de la competición entre la psicología y la sociología, mostrando que las dos disciplinas caminan para buscar una a la otra sus conceptos y su terminología, incluido las nociones de expectativa, símbolo, mentalidad, actitud, papel social, acción, etc.; (b) – tener proclamado igualmente el fin de la oposición entre la psicología colectiva y la psicología individual [xiv].

La penetración del social en el psicopatológico es un hecho consecuente no solamente para la psicología patológica, sino que igualmente para la psicología fisiológica.

 

Con efecto, contra esa oposición afirma-se la idea de que el social penetra en el psicopatológico y que esa penetración del social es un hecho consecuente no solamente para la psicología patológica, pero igualmente para la psicología fisiológica. Gurvitch hace recordar el parecer de los psiquiatras según el cual las neurosis tienen su origen no solamente en una integración insuficiente en la vida social, sino que, en modo especial, las neurosis ocurren allá donde se constata la desadaptación entre los papeles sociales representados y las capacidades efectivas de los pacientes.

Además de eso, para reforzar el fin de la competición entre psicología y sociología nota-se una línea de pesquisa dirigida al estudio de la medida por la cual el social aje sobre el fisiológico, siguiente: (a) – desarrollada por Marcel Mauss en su estudio sobre “As Técnicas do Corpo[xv]; (b) – señalada en las observaciones de Robert Hertz (1881 – 1915) sobre el origen social de la preeminencia de la mano derecha; (c) – reconocida por las definiciones de Charles Blondel (1876 – 1939) según las cuales (c1) – o psíquico se encuentra situado entre el cuerpo y la sociedad, (c2) – la conciencia mórbida de los enfermos mentales representa la disociación social del psíquico y del consciente [xvi].

Nota-se igualmente la no-competición entre psicología y sociología en las observaciones de los sociólogos sobre el alcance de las interdicciones religiosas que permanecen profundamente enraizadas en la mentalidad psicopatológica. Así, por ejemplo, en relación a los pacientes bajo el dominio de eses interdictos, es atribuido a la eficacia social de las religiones que los mismos sean impedidos de cometer el suicidio si esto es prohibido en su religión.

La colaboración entre psicología y sociología sugiere la figura geométrica de dos círculos secantes que se recubren en parte.

Sin embargo, de la misma manera en que señalamos los aspectos que las aproximan, hay igualmente los aspectos que apartan la sociología de la psicología y que respectan al substrato material de la sociedad. Las organizaciones, las estructuras sociales parciales y globales, las prácticas, los modelos, las obras de civilización – incluido el conocimiento, la religión, el derecho, el arte, la educación como contenidos aprendidos en las reglamentaciones o controles sociales – no se pueden reducir ni al psíquico individual, ni al psíquico colectivo, aún que en la realidad social sean como lo vimos marcados por esos psiquismos en variados grados de intensidad. De esa forma, Gurvitch nos ofrece una precisión de la colaboración entre psicología y sociología sugiriendo la figura geométrica de dos círculos secantes que se recubren en parte.

Una vez que existen los niveles de realidad social que no se dejan reducir ni al psíquico individual ni al psíquico colectivo, como acabamos de verlo, Gurvitch chama atención para el truco metodológico de uno no tener en cuenta la existencia efectiva de eses diferentes niveles de realidad, advirtiendo contra el error de no considerar que eses niveles se muestran igualmente característicos tanto del social cuanto del individual.

  • La colaboración entre psicología y sociología se viabiliza na medida en que es afirmado el carácter interdependiente de la psicología individual, de la psicología interpersonal (también llamada psicología social) y de la psicología colectiva. Esa interdependencia se consigue según Gurvitch mediante los procedimientos operativos dialécticos y la aplicación del concepto de fenómenos psíquicos totales, haga vista las tres direcciones de las tensiones vividas como se revelando en eses fenómenos, direcciones ligadas en modo tan íntimo cuanto sus polos muestran se íntimamente ligados en los Nosotros, en los grupos sociales y en las sociedades globales, en que tales fenómenos están integrados parcial o completamente.

La comunicación entre Yo, Tu, él se establece con la ayuda de señales, signos y símbolos que únicamente la mentalidad colectiva que les sirve de base pode torna-los eficaces.

Esa unificación previa de la experiencia vivida, llevando a afirmar la interdependencia de la psicología individual, de la psicología interpersonal y de la psicología colectiva, especialmente la unificación de sus tensiones en el ámbito de un Nosotros, es puesta en relieve cuando se considera que la comunica entre Yo, Tu, él se establece con la ayuda de señales, signos y símbolos, que, cabe destacar, solamente la mentalidad colectiva que les sirve de base puede tornar-los eficaces.

Sem embargo, el sociólogo admite la existencia de los símbolos propiamente individuales considerando-los raros y pobres en significación – dependen especialmente del dominio sexual, en el sentido analizado por Freud, al que ora nos reportamos.

A los estudiosos de la mentalidad colectiva importa más hacer sobresalir que todos los símbolos no freudianos muestran-se colectivos, interpersonales e individuales e valen al mismo tiempo en la psicología colectiva, en la psicología interpersonal y en la psicología individual.

Superar la introspección

Cuanto a las consideraciones finales de Gurvitch al respeto de la colaboración psicología – sociología, destacando su recomendación para una metodología científica llevando la psicología a resultados positivos para superar efectivamente la introspección, nuestro autor insiste en que los niveles de realidad destacados para los efectos del análisis, por ese mismo análisis, deben ser repuestos en cuadros sociales precisos.

Así los comportamientos colectivos, las actitudes colectivas, los estados mentales, opiniones y actos colectivos, bien como las expresiones, los señales, signos y símbolos colectivos deben ser repuestos en cuadros sociales precisos a los cuales vienen integradas las llamadas situaciones conflituais – en las cuales la sociología psicoanalítica contemplaba como mencionado los conflictos entre los deseos individuales y los papeles sociales.

Sin duda, el alcance de esa reposición en cuadros sociales específicos está en aplicar los procedimientos operativos dialécticos, llevando a excluir los abusos de la introspección.

Nuestro autor tiene en vista una combinación de los tres métodos que ya comentamos. Vale decir, en el análisis interpretativo, simultáneamente psicológico y sociológico, la concepción behaviorista y la psicoanalice deben ser combinadas y aplicadas a los fenómenos psíquicos totales, los cuales, vale insistir, se revelan simultáneamente colectivos, interpersonales e individuales.

Combinación de los tres métodos

Gurvitch ofrece un ejemplo de como la reposición en los cuadros sociales lleva a la combinación de los métodos en tela, y acentúa que la toma en consideración de los fenómenos psíquicos totales es indispensable. Ejemplo tirado de la experiencia de los etnólogos en que la posibilidad de introspección es derogada, e impracticable su utilización metódica, dado que la vida psíquica de los “primitivos” se presenta nítidamente distinta del psiquismo de los observadores.

Es el caso del cuadro social de una tribu salvaje cuyos gestos colectivos están observados por exploradores recién llegados. ¿Qué hacer? Sin proceder a la tentativa de interpretar las significaciones de las conductas observadas, Y penetrar hasta la comprensión de la mentalidad y de las creencias de los agentes colectivos e individuales que en ellas participan, y sin enterar-se de las situaciones conflituais en que esas conductas están inseridas, aquellos exploradores y observadores no conseguirán determinar el carácter de los gestos delante de los cuales se encuentran y no conseguirán saber se están delante de los ritos religiosos, mágicos, jurídicos, ejercicios militares, o delante de las tentativas de trocas posibles, gestos de cortesía o de buenas venidas.

De esa forma, podemos ver que la descubierta de las significaciones prácticas revela el tipo de problema a que uno es llamado para solucionar mediante la utilización de los procedimientos operativos dialécticos, favoreciendo la combinación de los métodos de la psicología moderna en su aplicación a los fenómenos psíquicos totales, elaborados como conceptos sociológicos.

 

© 2008/2010 by Jacob (J.) Lumier

 

[i] Ver Lumier, Jacob (J.): Psicologia e Sociologia: O Sociólogo como Profissional das Ciências Humanas, Internet, E-book Monográfico, 158 págs. Janeiro 2008, http://www.oei.es/noticias/spip.php?article2005 , pág.50.

[ii] Ver Dilthey, Wilhelm: “Introducción a las Ciencias del Espíritu: en la que se trata de fundamentar el estudio de la sociedad y de la historia”, tradução e prólogo por Eugenio Ímaz , México, Fondo de Cultura Económica, 1944, 485 pp. (1ªedição em Alemão, 1883).

[iii] Ver: Lumier, Jacob (J.): “Cultura e consciência coletiva-2“, Web da OEI, Junho 2009, pdf 169 págs. http://www.oei.es/cienciayuniversidad/spip.php?article388 , especialmente os capítulos 1 e 2.

[iv] Ibid, ibidem.

[v] Ibid, ibidem.

[vi] A expressão homem total designa o homem completo ou em reciprocidade de perspectiva e não o homem indiferenciado.

[vii] Ver Gurvitch, Georges (1894-1965): “O Conceito de Fenômenos Psíquicos Totais” in “Tratado de Sociologia – Vol.2”, Revisão: Alberto Ferreira, Iniciativas Editoriais, Porto 1968, (1ªedição em Francês: PUF, Paris, 1960). Op.cit.

[viii] Ver: Gurvitch, Georges: A Vocação Actual da Sociologia – vol. I: na senda da sociologia diferencial, tradução da 4ª edição francesa de 1968 por Orlando Daniel, Lisboa, Cosmos, 1979, 587 pags. (1ª edição em Francês: Paris, PUF, 1950). Op. Cit. Ver também do mesmo autor: “O Conceito de Fenômenos Psíquicos Totais” in “Tratado de Sociologia – Vol.2”, Op.Cit.

[ix] Lefebvre, Henri: “Psicologia das Classes Sociais“, in Gurvitch e al.: ‘Tratado de Sociologia – vol. 2’, tradução Almeida Santos, revisão Alberto Ferreira, Porto, Iniciativas Editoriais, 1968, pp.505 a 538 (1ªedição em francês: Paris, PUF, 1960). Op. Cit.

[x] Sem embargo, se reconhece que o behaviorismo propagou a convicção de que a realidade do homem comporta uma objetividade científica.

[xi] A análise sociológica é a seguinte: considerando que no psiquismo coletivo tem lugar uma fusão prévia das consciências (assegurando a mesma significação aos signos e aos símbolos, como, p.ex., às palavras de uma língua), nota-se que o psiquismo interpessoal ou intergrupal implica os dois outros, pois, se esse psiquismo interpessoal é afirmado em suas manifestações na comunicação, nenhuma comunicação pode ter lugar fora do psiquismo coletivo. Ao mesmo tempo, são os psiquismos individuais que comunicam – o que supõe sua diferenciação tanto quanto sua fusão.

[xii] Neste caso, as teorias dos papéis sociais dos sociólogos e antropólogos americanos como G.H. Mead, Znawiecki, Ralf Linton, Jacob Levy Moreno, e outros.

[xiii] Mauss, Marcel: ‘Sociologia e Antropologia-vol.I’, tradução Lamberto Puccinelli, São Paulo, EPU/editora da Universidade de São Paulo EDUSP, 1974, 240 pp. (1ªedição em Francês: Paris, PUF, 1950). Do mesmo autor: ‘Sociologia e Antropologia-vol.II’, tradução Mauro Almeida, São Paulo, EPU/EDUSP, 1974, 331 pp.

[xiv] Posicionamento que Gurvitch nota em Daniel Essetier, cf. “Psychologie et Sociologie”, Paris, 1927.

[xv] Estudo publicado igualmente em “Sociologia e Antropologia”.

[xvi] Para Gurvitch, nas definições de Blondel sobre o campo do psíquico e sobre a procedência da consciência mórbida se atribui ao social uma parte demasiado limitada tornando essas definições pouco aceitáveis nos tempos recentes.

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Sociologia do Conhecimento: o saber como regulamentação social

O Saber como Regulamentação Social

In dialectics, history, portuguese blogs, sociologia on November 30, 2012 at 8:49 am

Tópico do livro por Jacob J. Lumier intitulado   “Comunicação e Sociologia – Artigos Críticos -2ª Edição modificada” / Editor: Bubok Publishing S.L., Madrid /// ISBN papel: 978-84-9981-937-2 /// ISBN ebook: 978-84-9981-938-9
Coletânea de artigos – com notas, bibliografia e índice analítico eletrônico (sumário), Junho 2011, 143 págs.

Comunicação e Sociologia

Comunicação e Sociologia

 

  O sociólogo realista acentua a eficácia do conhecimento na realidade social.

Em sociologia é básico que nenhuma comunicação pode ter lugar fora do psiquismo coletivo, as consciências individuais não se afirmam isoladamente, mas são intercomunicadas. De maneira semelhante, todo o conhecimento é comunicável mediante os mais diversos simbolismos sociais, incluindo a linguagem humana, de tal sorte que a existência dos conhecimentos coletivos e suas hierarquias ou sistemas é preponderante em sociologia [1].

De maneira diferente das chamadas “ciências da cognição”, o sociólogo realista elabora sua mirada seguindo o ensinamento de Émile Durkheim (1858 – 1917) que, juntamente com os colaboradores da revista L’Année sociologique que fundou em 1898, já na primeira metade do século XX,  colocou em relevo a existência de memórias coletivas múltiplas, acentuando que as consciências individuais se revelam deste modo interpenetradas.

Como vimos, Durkheim ele próprio em debate com Gabriel Tarde (1843 – 1904), ao insistir que não se pode  desconhecer a descontinuidade e a contingência que diferenciam as esferas do real, se posiciona sobre a referência das funções cerebrais na vida da consciência, deixando claro sua recusa em reabsorver a consciência coletiva nas consciências individuais [2].

Tomando base na diferenciação das esferas do real, os sistemas cognitivos são pesquisados a partir dos tipos de sociedades globais, e são decompostos segundo as classes do conhecimento que, por sua vez, podem ser (a) mais profundamente implicados na realidade social – o conhecimento perceptivo do mundo exterior, o conhecimento de outro e o conhecimento de senso comum, estudados nesta seqüência; (b) menos espontaneamente ligadas aos quadros sociais, cuja ligação funcional requer o diálogo e o debate: como é o caso para o conhecimento técnico, o conhecimento político, o conhecimento científico e o conhecimento filosófico.

O conhecimento perceptivo do mundo exterior é privilegiado e dá conta das perspectivas recíprocas sem as quais não há funções estritamente sociais, enquanto os demais conhecimentos já são classes de conhecimento particular, já são funções correlacionadas dos quadros sociais e pressupõem aquele conhecimento perceptivo do mundo exterior.

Onde se verifiquem as classes do conhecimento mais profundamente implicadas na realidade social – o conhecimento perceptivo do mundo exterior, o conhecimento de outro (do que não é a mesma pessoa, o diferente) e o conhecimento de senso comum – descobre-se a simples manifestação dos temas coletivos: os Nós, os grupos, as classes sociais, as sociedades.

Daí o saber como controle ou regulamentação social, ou seja: o conhecimento aparece como obstáculo ao avanço real desses temas de que tomamos consciência; é constringente como aquilo que suscita os esforços e faz participar no real, levando desse modo à configuração da funcionalidade dos quadros sociais como reciprocidade de perspectivas, aos quais são essas classes de conhecimento as mais espontaneamente ligadas.

Assim, por exemplo, quando formulamos em palavras o conhecimento de um Nós do qual tomamos consciência como tema coletivo (que apreendemos ou vivenciamos e percebemos antes de formular o conhecimento), verificamos, neste caso, um obstáculo ao avanço real da experiência humana vivida, obstáculo surgido por força da objetivação pela linguagem conceitual.

Tal é um exemplo do saber como fato social assinalado em termos didáticos, sendo a este aspecto da condição humana que o sociólogo chama regulamentação ou controle social pelo saber, acentuando a eficácia do conhecimento na realidade social [3].

As categorias lógicas são sociais em segundo grau.

Em realismo sociológico não se corre o risco de cair no preconceito do culturalismo abstrato que, olvidando as censuras sociais como elemento de regulamentação presente em princípio nas obras de civilização, atribui ao conhecimento (e a todas as obras de civilização em geral) uma independência e uma ineficácia muito maior do que as mesmas têm efetivamente na engrenagem complexa e constringente da realidade social.

É improcedente a objeção de que os conhecimentos e a mentalidade coletiva que lhes serve de base só poderiam vincular-se às sociedades globais e às classes sociais.  Assenta no pressuposto dogmático de que tais quadros sociais operariam sobre o saber que corresponde às manifestações da sociabilidade, e o fariam como uma força tal que modificariam completamente as tendências cognitivas dos grupos e das manifestações da sociabilidade como quadros sociais.

Sem dúvida, a orientação do realismo sociológico contrário ao culturalismo abstrato com ascendência em Max Weber, não exclui o cotejo dos sistemas de conhecimento com as sociedades globais. Pelo contrário, como vimos, trata-se de um cotejo imprescindível para que tenha relevo o estudo das relações entre os grupos particulares e o saber, embora seja admitido, junto desse estudo, como igualmente indispensável, o estudo das manifestações da sociabilidade como quadros sociais do conhecimento – a microssociologia do conhecimento, segundo a classificação de Gurvitch.

Enfim, para o sociólogo importa que ideias tão abstratas como as de tempo e de espaço estão a cada momento da sua história em relação íntima com a estrutura social correspondente. Da mesma maneira, se aprende com Durkheim que as categorias lógicas são sociais em segundo grau… não só a sociedade as institui, mas constituem aspectos diferentes do ser social que lhes servem de conteúdo… O ritmo da vida social é que se encontra na base da categoria do tempo; é o espaço ocupado pela sociedade, que forneceu a matéria da categoria do espaço; a força coletiva criou o protótipo do conceito de força eficaz, o elemento essencial da categoria de causalidade… O conceito de totalidade é, afinal, a forma abstrata do conceito de sociedade

O caráter estrutural específico dos conhecimentos se manifesta em dois níveis das variações do saber.

►Do ponto de vista dos sistemas cognitivos em sociologia, merece destaque o estudo das quatro classes de conhecimento menos espontaneamente ligadas aos quadros sociais ou cuja ligação passa pela reflexão coletiva – isto é, cuja ligação funcional requer o diálogo e o debate: como é o caso para o conhecimento técnico, o conhecimento político, o conhecimento científico e o conhecimento filosófico.

Podemos notar, juntamente com G. Gurvitch, que o caráter estrutural específico dos conhecimentos se manifesta em dois níveis das variações do saber, seguintes: (a) – tanto pela efetuação de múltiplos coeficientes sociais variados (caso do conhecimento científico que, embora seja aberto ao público e desinteressado, não é conhecimento direto, mas derivado, e tem como pressuposição a acumulação, a organização e o planejamento da pesquisa); (b) – quanto pela participação direta dos interessados em preservar ou em partilhar os segredos do conhecimento (caso do conhecimento técnico e do conhecimento político).

A exceção vai para o conhecimento filosófico, que é reflexivo em segundo grau, deixando ver que o componente individual predomina sobre o coletivo. É um conhecimento que se produz quase sempre com atraso, inserindo-se com retardo nos atos mentais, cognitivos ou não.

Quer dizer, o conhecimento filosófico se insere muito tarde nos outros conhecimentos já obtidos e é caracterizado pelo esforço voltado para integrar as manifestações parciais de fatos, não em simples planos de conjunto, mas nas totalidades infinitas, que superam o humano, para justificá-las (exemplo: o mundo dos valores na filosofia fenomenológica).

Portanto, essa classe de conhecimento afirma um caráter altivo, distante, esotérico, aristocrático. Todavia, o predomínio do individual não é isento de paradoxo, e o conhecimento filosófico surge de uma dialética do conhecimento sem compromisso e do conhecimento comprometido ou engajado, de sorte que a filosofia se cristaliza em doutrinas cortantes.

O conhecimento técnico é uma parte constitutiva da práxis e se integra diretamente nas forças produtivas. Mas não se limita só ao conhecimento da manipulação da matéria nem se identifica à tecnologia.

Em relação ao conhecimento técnico, a análise sociológica volta-se para evitar os mal-entendidos que estimulam a identificação com a tecnologia e para dimensionar a especificidade do conhecimento técnico, notadamente em nossa época, tendo em conta o histórico das técnicas em suas correlações com os quadros sociais.

Procura-se evitar a representação de certas filosofias espiritualistas e sua idéia de racionalidade abstrata, assinalando, contra essas tendências, que o conhecimento técnico não é simplesmente o conhecimento dos métodos empregados para alcançar os fins ideais. Além disso, evita-se também a afirmação do positivismo vulgar, que equipara o conhecimento técnico a um conhecimento científico aplicado, que seria caracterizado por sua elaboração e por sua transmissibilidade.

Em contrapartida, há que sublinhar o caráter irredutível do conhecimento técnico, que é um conhecimento sui generis, inspirado e penetrado pelo desejo de dominar os mundos da natureza, do humano e da sociedade; desejo de manejá-los, de manipulá-los, de comandá-los, a fim de produzir, de destruir, de salvaguardar, de organizar, de planificar, de comunicar e de difundir.

Portanto, o conhecimento técnico é como disse uma parte constitutiva da práxis e se integra diretamente nas forças produtivas. Mas não se limita só ao conhecimento da manipulação da matéria nem se identifica à tecnologia, já que é um conhecimento explícito enquanto se transmite, e implícito enquanto se exerce como habilidade e manipulação, sendo desprovido da exclusividade das competências tecnológicas, que são restritas aos seus detentores.

O domínio do conhecimento técnico é incomparavelmente mais vasto que o manejo da matéria e, como insiste Gurvitch, abarcam todas as manipulações eficazes, as quais, todavia, tendem a se independizar e a valorizar-se como manipulações precisas, transmissíveis e inovadoras.

 O conhecimento técnico não se identifica à tecnologia.

É na observação das variações dos graus do conhecimento técnico dentro de um mesmo tipo de sociedade que a análise sociológica ressalta a importância dos segredos técnicos, como critério cognitivo da especificidade dessa classe de conhecimento. Constata-se que, na sua distribuição dentro de um mesmo tipo de sociedade, os graus mais altos ficam para os “experts”, que são os possuidores dos segredos técnicos, enquanto os graus mais baixos são atribuições dos executantes de ordens recebidas, dos grupos de ofício ou dos simples homens.

É este caráter específico do conhecimento técnico, esta sua distributividade em função dos seus próprios segredos que torna a importância do conhecimento técnico desigual e inesperada para os distintos tipos de sociedades globais.

►Em relação ao conhecimento científico, a análise sociológica enfatiza o equívoco das pretensões da ciência em ser desvinculada dos quadros sociais. O conhecimento científico parte de quadros operativos essencialmente construídos, justificados pelos resultados conseguidos, que chamam a uma verificação experimental. A ciência busca a união do conceitual e do empírico e, se cultiva a pretensão de ser desvinculada, será, talvez, porque é uma classe de conhecimento que tende ao desinteresse, ao “nem rir nem chorar” de Spinoza, tende para o aberto, à acumulação, à organização e ao equilíbrio.

Gurvitch observa que o conhecimento científico ocupou um lugar predominante no sistema do conhecimento somente nas estruturas capitalistas, particularmente as do capitalismo competitivo, e que é nas sociedades industriais que o mesmo entrou em competição com o conhecimento filosófico e o ultrapassou.

De acordo com este autor [4], em todo o conhecimento científico intervêm os coeficientes sociais do conhecimento, precipitando as variações do saber em função dos quadros sociais, variações tanto mais fortes quanto maior for o desenvolvimento do próprio conhecimento científico.

Na apreciação desta situação, se observa, inicialmente, que a intervenção dos coeficientes sociais do conhecimento nas ciências exatas e nas ciências da natureza pode ser analisada sob as quatro linhas seguintes:

Primeiro: o coeficiente social do conhecimento intervém através da experiência e da experimentação, que são sempre essencialmente humanas e não apenas lógicas, e sofrem a influência do humano;

Segundo: o coeficiente social do conhecimento intervém também através da conceituação a qual, geralmente, está avançada em face da experimentação.

Quer dizer, toda a hipótese nova traz a marca da estrutura da sociedade em que se elaborou, como, aliás, já nos esclareceu C. Wright Mills [5]. Nada obstante, Gurvitch acrescenta como exemplos significativos a respeito disto, o seguinte: (a) – a correspondência ideológica entre o darwinismo e a concorrência, tomada esta última como princípio em ação na sociedade da época; (b) – de maneira menos evidente que a anterior e em estado inconsciente, observa-se a correspondência entre as incertezas na microfísica e os limites à capacidade de controle que a mesma faz aparecer e que provêm da energia atômica, como fator de explosão das estruturas sociais globais.

 Toda a hipótese nova traz a marca da estrutura da sociedade em que se elaborou.

Terceiro: o coeficiente social do conhecimento intervém através da importância das organizações privadas e públicas no planejamento da pesquisa científica, importância esta que é muito notada, já que, na época da energia atômica e da eletrônica, a pesquisa exige laboratórios ou organismos de investigação e experimentação de muito vasta envergadura, com extensão internacional;

Quarto: os coeficientes sociais do conhecimento intervêm através da vinculação que se estabelece entre as ciências e a realidade social. Ou seja, independentemente do fato de que a realidade social tanto pode dominar as ciências por efeito das forças de produção nas quais as ciências se integram como pode ser dominada por elas, os conhecimentos científicos exigem os meios adequados para a difusão dos seus resultados, estando entre estes meios de difusão o ensino, a vulgarização, as edições de bolso, o rádio ou a televisão.

No que concerne à história e à sociologia, menos comprometidas e menos ideológicas que as outras ciências do homem, voltadas estas últimas que são para sistematizar os conhecimentos em vista de metas práticas, Gurvitch sustenta que aquelas não podem liberar-se de certos coeficientes ideológicos.

Na história e na sociologia, os coeficientes sociais do conhecimento intervêm a duplo título: (a) em vinculação com a organização crescente da pesquisa e com a constituição cada vez mais relativista do aparato conceitual operativo; (b) em vinculação com o tema mesmo a estudar – os temas coletivos reais -, pois as sociedades, as classes, os grupos, os Nós, estão em movimento dialético e penetrados de significados humanos.

Desta forma, a sociologia do conhecimento, que é capaz de pôr em evidência os coeficientes sociais e, desse modo, diminuir a sua importância, torna-se duplamente solicitada neste campo, alcançando a sociologia da sociologia.

A colocação do conhecimento em perspectiva sociológica tornou-se desta forma um fato “transparente” cada vez mais acentuado ao longo dos séculos modernos e definitivamente assimilado na cultura do século XX.

As proposições testáveis da ciência não são afirmações morais.

Assim, por exemplo, tornou-se extremamente difícil esperar que o público não profissional acolha a distinção metodológica entre as proposições testáveis ou “formulações irrealistas” dos sociólogos científicos, feitas “no interesse da boa teoria científica” – como o postulado do comportamento que se conforma aos papéis sociais – por um lado e, por outro, as afirmações de valor sobre a natureza do homem, que sejam atribuídas como decorrentes ou implícitas naquelas proposições teoréticas.

Ralf Dahrendorf reconhece [6] que, por trás desta atribuição indevida de valor, tida por uma “espécie de reificação dos postulados”, observa-se que “o público geral não compreende a distinção sutil entre as afirmações entendidas realisticamente e os postulados deliberadamente irrealísticos”.

As proposições teoréticas “implicam uma divergência fundamental do mundo do senso comum” que está no cerne da “contradição” entre este e a ciência.

Ao mesmo tempo em que acolhe “a inadequabilidade de um argumento puramente lógico”, como ressalta aquele autor, e não obstante o fato de que a lógica da pesquisa científica é especificamente baseada na incerteza fundamental do conhecimento humano, a ciência não é possível sem a publicidade.

Desta forma, é inegável que esta situação de aparente contradição em face da incompreensão pelo público geral da “distinção sutil” de Dahrendorf revela-se dialética e nos coloca diante de duas orientações complementares, atinentes ao público da ciência como quadro social e configurando um caso de variação do saber em função dos quadros sociais, seguinte: (a) se é o caráter profissional que se impõe ao público da ciência, há compreensão da distinção sutil entre as afirmações entendidas realisticamente e os postulados deliberadamente irrealísticos, e prevalece então a classe do conhecimento científico; (b)- se, pelo contrário, é o caráter não-profissional que se impõe, há “não-compreensão”, e prevalece a classe do conhecimento de senso comum, com a atribuição de uma imagem sobre a “natureza do homem” sendo afirmada em um “falso saber”.

Desta forma, vem a ser suscitada a sociologia do conhecimento, da qual a perspectivação sociológica do conhecimento é o procedimento e o fato a que corresponde, (como dialética sociológica, no sentido examinado por Gurvitch [7]) e, exatamente por tratar-se de um procedimento que é também uma situação de fatos, exige a análise diferencial das classes de conhecimento. Quer dizer, exige a análise das mencionadas sete classes do conhecimento, umas mais espontânea e profundamente implicadas na realidade social, e as outras que passam pela reflexão e os debates, implicadas na engrenagem das estruturas.

O conhecimento político dispensa a pressuposição da existência de um Estado e sua ação política.

►A análise do conhecimento político é sem dúvida mais complexa. Tendo pela frente um conhecimento completamente particular que ao mesmo tempo é uma combinação de muitas classes de conhecimento, tornando-o sui generis.

A análise sociológica diferencial apresenta uma definição do conhecimento político que concilia partidarismo e realismo, e aprecia sua eficácia como o conhecimento mais ideológico que há. Todavia, há que caracterizar seus diferentes aspectos a fim de delimitá-lo em sua relação com as demais classes do saber.

O conhecimento político deve ser entendido em maneira muito próxima do conceito anglo-saxão de “policy”, por oposição a “politcs” que designa aquele que faz política. Todavia, a análise sociológica diferencial amplia sua observação para além do âmbito da ciência e do Estado, para dar conta das seguintes características do conhecimento político:

(1) – é um conhecimento tanto espontâneo quanto reflexivo: “engrenagem particular de afirmações espontâneas e reflexivas sobre a situação presente, futura e, às vezes, passada de uma estrutura ou de uma conjuntura social” — é, pois, conhecimento teórico;

(2) – é um conhecimento exterior a toda a ciência, que se elabora diretamente em uma luta social com apostas ou alternativas variadas;

(3) – é um conhecimento partidário por excelência ou diretamente comprometido do qual os militantes e os dirigentes ou “homens políticos” são os autênticos conhecedores: “têm aptidão para descobrir os obstáculos mais escondidos e conseguir juízos exatos sobre as condições reais e sobre as conjunturas propícias para a realização parcial ou total dos fins previstos”;

(4) – é um conhecimento que dispensa a pressuposição da existência de um Estado e sua ação política, já que, sob o aspecto da luta social com alternativas variadas e da aptidão para descobrir os obstáculos, o conhecimento político se manifesta nos diferentes tipos de sociedades arcaicas bem como nas sociedades patriarcais.

Portanto, se trata de um conhecimento específico cujo segredo liga-se à combinação da fé em um ideal com o conhecimento ou “estratégia de ação social” indispensável para contornar os obstáculos e aproveitar as oportunidades quando aparecem.

Quer dizer, o conhecimento político opera uma combinação de juízos de valor e juízos de realidade sendo observável notadamente nos atos, nas intrigas e nas lutas em que os grupos, classes e partidos se confundem diretamente. Em nossa época, o conhecimento político é mais facilmente estudado nas resoluções dos congressos sindicais e dos diversos partidos políticos, mais do que em seus programas e suas doutrinas.

Mas a compreensão ampliada desenvolvida pela análise sociológica diferencial do conhecimento político acrescenta mais algumas características igualmente centrais.

Dado que o conhecimento técnico, aplicado como manipulação das fileiras de partidários e das grandes massas, tem aqui um papel não desprezível, Gurvitch observa que a combinação das muitas classes do conhecimento que compõem o conhecimento político deve ser vista não como simples soma das classes de saber ali compostas, mas como sua fusão indecomponível. Fusão de conhecimentos esta demonstrável pela capacidade do conhecimento político em dominar a todas as demais classes do saber e penetrá-las, como aconteceu nos sistemas cognitivos correspondentes ao capitalismo dirigista levando aos fascismos, por um lado, e nos sistemas cognitivos correspondentes ao comunismo centralizador, por outro lado.

No conhecimento político, estão fusionados o conhecimento de outro e dos Nós, o conhecimento de sentido comum, o conhecimento técnico e por fim “o conhecimento direto, sem pressuposições, dos aspectos econômico e psicológicos da realidade social, através de suas manifestações nas conjunturas globais” [8].

Então, podemos ver que, no foco da análise sociológica diferencial está afirmado o caráter de saber político virtual ou real dos sistemas cognitivos [9] e, por esta via, está igualmente reconhecido o papel preponderante dos grupos, classes e partidos em luta social como expressão da eficácia sociológica da combinação específica entre “fé em um ideal” e “estratégia de ação social”.

Por meio desta compreensão ampliada do caráter de conhecimento político, a análise diferencial encontra o fundamento da afirmação de que não há irreconciliação entre o aspecto ideológico do conhecimento político – o qual tende para a consciência mistificada, e se mostra habitualmente impermeável à argumentação dos adversários ou até de simples contrincantes —, por um lado, e por outro lado, sua aptidão para descobrir os obstáculos, seu realismo.

 O “falso saber” é um elemento dos sistemas cognitivos.

Daí a relevância atribuída à “influência da ideologia”, da qual nem o conhecimento político e nenhuma classe de conhecimento escapam completamente, sendo, então, permitido dizer que o “falso saber” é um elemento dos sistemas cognitivos.

Aliás, esta abordagem que observa a influência da ideologia como falso saber está igualmente contemplada no caso da “distinção sutil” de Dahrendorf a que já nos referimos, pois este autor assinala que “a má interpretação” liga-se a uma experiência notada em todas as formas de vida moral e que é uma experiência não-cognitiva, isto é, a má interpretação liga-se a uma imagem antropológica do homem como sujeito capaz de “um protesto permanente contra as exigências da sociedade”; e, ademais, a má interpretação é inerente à publicidade geral do conhecimento e serve de ideologia [10].

Por implicar, no âmbito do realismo que o caracteriza, a consciência clara dos obstáculos a vencer, e um sentido agudo da conduta a adotar em tal ou qual conjuntura social, o conhecimento político conforme o caso inspirará uma conduta revolucionária, extremista ou reivindicativa.

Em outras circunstâncias inspirará o compromisso, a contemporização ou até o retroceder, podendo ser ao mesmo tempo revolucionário e reformista. Gurvitch acrescenta ainda que o conhecimento político está penetrado não só de ideologia, mas também de utopias e de mitos, no sentido soreliano de imagens-sinais que chamam para a ação.

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Autor JLumier2012


[1] Veja adiante o capítulo “Notas Críticas Sobre as Teorias de Interação”.

[2] Veja Gurvitch, Georges (1894-1965): “A Vocação Actual da Sociologia –vol.II: antecedentes e perspectivas”, tradução da 3ª edição francesa de 1968 por Orlando Daniel, Lisboa, Cosmos, 1986, 567 págs. (1ª edição em francês: Paris, PUF, 1957).

[3] Veja Gurvitch, Georges (1894-1965): “Los Marcos Sociales Del Conocimiento”, Trad. Mário Giacchino, Monte Avila, Caracas, 1969, 289 págs. – 1ª edição em Francês: Paris, Puf, 1966.

[4] Gurvitch, G (1894-1965): “Los Marcos Sociales del Conocimiento”, op.cit.

[5] Wright Mills, C.: ‘Consecuencias Metodológicas de la Sociología del Conocimiento’, in Horowitz, I.L. (organizador): ‘Historia y Elementos de la Sociología del Conocimiento – tomo I’, artigo extraído de Wright Mills, C.: ‘Power, Politcs and People’, New York, Oxford University Press, 1963; tradução Noemi Rosenblat, Buenos Aires, EUDEBA, 3ªedição, 1974, pp.143 a 156.

[6]            Dahrendorf, Ralf: “Ensaios de Teoria da Sociedade”, trad. Regina Morel, revisão e notas Evaristo de Moraes Filho, Rio de Janeiro, Zahar-Editora da Universidade de São Paulo (Edusp), 1974, 335págs. (1ª edição em Inglês, Stanford, EUA, 1968). Cf. págs. 114 a 117.

[7] Cf. Gurvitch, Georges: “Dialectique et Sociologie”, Paris, Flammarion, 1962, 312 págs., col. Science.

[8] Gurvitch, G: “Los Marcos Sociales Del Conocimiento”, op.cit. pág. 42.

[9] Lembrando que o conhecimento não é separado da mitologia.

[10] Dahrendorf, R: “Ensaios de Teoria da Sociedade”, op.cit. pp.114 a 121.

Direitos Humanos e Internet

APC salue la résolution du Conseil des droits de l’homme en matière de droits humains et de l’internet

Reproduzido na íntegra por Jacob (J.) LumierÍcone+legenda SSF_RIOpeq

 

L’Association pour le progrès des communications (APC) salue l’adoption au Conseil des droits de l’homme des Nations Unies d’une résolution portant sur la promotion, la protection et l’exercice des droits humains sur l’internet (A/HRC/26/L.24). Cette résolution, adoptée au terme d’un consensus par 82 États membres de l’ONU, affirme que les droits dont jouissent les personnes hors ligne doivent également être protégés en ligne.

Il s’agit d’une résolution significative en ce sens qu’elle reconnait l’impact de l’internet sur de nombreux droits humains, comme le droit à l‘éducation, le droit à la vie privée, la liberté d’expression et le droit à l’assemblée et à l’association pacifiques. La résolution aborde également des questions telles que l’accès à l’information, la culture numérique, l’interopérabilité et l’innovation. Elle reconnait également le caractère mondial et ouvert de l’internet.

Nous nous réjouissons du lien étroit que le Conseil établit entre l’internet et le développement quand il se réfère à l’internet comme un « moteur qui favorise le développement » et une « force dynamique génératrice de développement économique, social et culturel ». La résolution identifie également l’accès universel comme objectif pour les politiques nationales.

Nous saluons également la formulation en tant qu’objectifs complémentaires des enjeux de la sécurité et des droits humains dans la résolution. Elle engage les États à traiter les questions de sécurité sur l’internet dans le respect de leurs obligations internationales dans le domaine des droits humains et affirme les obligations des États d’agir au moyen d’institutions nationales démocratiques et transparentes, fondées sur la légalité. Ces conditions sont jugées indispensables pour garantir la liberté et la sécurité sur l’internet, afin que celui-ci puisse rester une force de développement économique, social et culturel.

La résolution engage les États à « envisager de formuler, dans le cadre de processus transparents faisant intervenir de multiples parties prenantes, et d’adopter des politiques publiques nationales relatives à l’internet dont l’objectif fondamental soit l’accès universel et la jouissance des droits humains ». C’est la première fois que le Conseil aborde directement la question de la gouvernance de l’internet en faisant référence à la Réunion mondiale multipartite sur l’avenir de la gouvernance de l’internet (NetMundial), laquelle a reconnu la nécessité de faire un lien entreles droits humains et la gouvernance de l’internet.

APC apporte son soutien aux processus multipartites transparents et démocratiques à tous les niveaux de l‘élaboration de politiques relatives à l’internet, et pas uniquement à niveau national. En tant que tel, nous nous réjouissons de voir cette référence au NetMundial. Certains gouvernements rejettent systématiquement toute référence au NetMundial lors des débats aux Nations Unies, en raison notamment de son caractère multipartite. Nous tenons à féliciter le Conseil d’avoir modifié cette tendance. Nous regrettons cependant le retrait du terme « multipartite » de la résolution, ainsi que le retrait de la référence à l’adoption de politiques nationales qui affirment le caractère mondial et interopérable de l’internet.

La résolution aurait également pu montrer davantage de fermeté dans certains domaines. Elle indique par exemple que l’accès universel est un objectif mais sans préciser le besoin pour un accès de qualité et à prix abordable, des éléments pourtant fondamentaux et qui font cruellement défaut à la majorité de la population mondiale. La résolution se réfère également à la « fracture numérique », à l’importance de la culture numérique et au droit à l‘éducation, mais elle aurait pu aller plus loin et encourager les États à adopter des politiques qui offrent un accès internet aux populations marginalisées, aux femmes et aux personnes ayant un handicap. La résolution aurait également pu mentionner la question de la langue dans la promotion de l’accès au savoir et à la culture, et le besoin de mesures d’accompagnement spécifiques de la part du Conseil.

APC déplore tout discours de haine, mais nous avons été préoccupés d’observer les tentatives de la Chine et d’autres pays d’affaiblir la résolution en se référant au discours de haine. Le texte proposé mentionnait entre autres le « profilage négatif », qui n’entre pas dans la définition de la loi internationale sur le discours de haine. Cet amendement a fait l’objet d’un vote final mais n’a pas été adopté. Le texte de compromis souligne quant à lui l’importance de dissuader tout discours de haine qui serve à inciter à la discrimination ou la violence sur l’internet par la promotion de la tolérance et du dialogue.

Nous félicitons le Conseil de la place accordée à la tolérance et au dialogue pour répondre à la haine, la discrimination et la violence en ligne. Les communautés qui souffrent de la violence et de la discrimination en ligne sont le plus souvent écartées de la mise en place de mécanismes de prévention et de réponse pour la protection de leurs droits.

APC espère que les États suivront des processus inclusifs pour élaborer des politiques publiques nationales relatives à l’internet en matière de protection, de promotion et de défense des droits humains en ligne. Nous ferons appel à la résolution dans notre étude sur l’impact de l’internet sur les droits économiques, culturels et sociaux. Nous encourageons également les procédures spéciales et le Conseil des droits de l’homme lui-même à poursuivre l’examen de l’impact de l’internet et des nouvelles technologies sur les droits humains.

Para ler Gurvitch segundo Gilberto Freire

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Conferência de Gilberto Freire sobre Gurvitch

Gilberto FREYRE (March 15, 1900 – July 18, 1987)
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MON AMI GURVITCH(*)

(*) In Caderno n° 32, Caruaru, 1972, pp. 3-14. Conférence prononcée à la Faculté de Droit de Caruaru le 11 août 1971, sous la présidence du professeur Pinto Ferreira et à l’initiative du professeur Tabosa de Almeida. Traduction de Christine Ritui. [ Revista Francesa ANAMNESE N° 1 -2005, edição digital em PDF, varios autores, dedicada a Georges Gurvitch, sous la direction de Christian PAPILLOUD & Claude RAVELET, Mise en page de Claude RAVELET, Traduction de Christine RITUI. Acervo de Sociólogos sem Fronteiras Rio de Janeiro – SSF/RIO ] .

***

Je remercie les dirigeants de cette École de m’avoir aujourd’hui offert l’occasion d’un premier contact avec ses professeurs, ses étudiants et tous les aimables habitants de cette ville – ville déjà renommée pour tant de raisons dans la géographie culturelle du Brésil – très sensible aux questions intellectuelles. Mes remerciements vont au jeune et brillant professeur de Droit qui vient de me saluer d’une façon si expressive et dont le nom révèle un si illustre héritage : celui de José Isidoro Martins Júnior.

Ici fleurit depuis des années un ensemble d’activités universitaires dans une ambiance que l’on définirait sociologiquement comme rurbaine : un salutaire mélange d’urbain et de rural. Cet ensemble n’a pas surgi à l’improviste. Il représente l’effort énorme, et parfois héroïque, du professeur Tabosa de Almeida, auquel s’est associé, en tant qu’éminent collaborateur, un maître du Droit et un expert en sociologie de réputation nationale et même internationale, Pinto Ferreira.
C’est un effort qui, avec les triomphes obtenus, est déjà devenu une réalisation stable. Caruaru se trouve incorporée définitivement dans la géographie culturelle du Brésil au même titre que Campinas, Juiz de Fora, Ribeirão Preto, Santa Maria (de Rio Grande do Sul), parmi les différentes expressions rurbaines de l’activité intellectuelle dans lesquelles les études supérieures se décentralisent parmi nous, avec une vigueur plus ou moins grande, au bénéfice d’autres populations, en dehors des populations urbaines. Ce phénomène, à ses débuts, a attiré l’attention de l’érudit sociologue-juriste européen à l’automne de sa vie si intéressé au Brésil, créateur et non pas seulement systématisateur de savoirs sociologiques liés aux juridiques, dont j’évoquerai aujourd’hui la personnalité sur un ton moins de cours que de “causerie”. Je veux parler de Georges Gurvitch.

Une de mes fiertés est d’avoir fait venir Georges Gurvitch au Brésil, pour un second contact avec notre pays. J’ai obtenu qu’il soit invité à prononcer des conférences sur la Sociologie du Droit à la Faculté des Sciences Juridiques et Sociales de l’ex-Université de Recife ; sur la Sociologie Scientifique et la Sociologie Philosophique, à l’Institut Joaquim Nabuco de Recherches Sociales, et aussi sur la Sociologie du Droit à la Maison de Ruy Barbosa, à Rio de Janeiro, où il a été accueilli avec les attentions qui lui étaient dues, par le Ministre de l’Éducation.
Le premier contact avec le Brésil n’avait pas laissé chez Gurvitch une impression très favorable. Il avait admiré la beauté presque mythique de Rio de Janeiro. Il avait aussi constaté le progrès déjà à demi mythique de São Paulo. Mais il n’avait pas réussi à identifier dans le pays visité un peu en touriste, une culture distincte de celle européenne ou résistante à celle yankee, qui puisse éveiller en lui l’intérêt du sociologue : le constant sociologue en profondeur qu’il était, aussi bien en France que dans ses voyages à l’étranger.
Son deuxième contact avec le Brésil lui a procuré le plaisir d’identifier, dans notre pays, en tant que sociologue, une culture nationale. Il ne s’est pas limité alors à séjourner quelques jours à Rio et à revoir le Centre-Sud du pays : il est venu dans le Nordeste. Il a connu Recife, Olinda, le Pernambuco. Il est allé jusqu’à Paraíba. Il a fait même le projet de séjourner chez les cabocles de Paraíba, habitant un long mois dans une maison rustique, couverte de chaume, parmi les cocotiers. Et là, pour méditer et écrire. Un projet romantique, mais que le maître de la Sorbonne, égaré sous les tropiques brésiliens, n’a pu concrétiser.
Dès que les Gurvitch – le professeur et son épouse – se sont installés dans leur maison rustique, au lieu de partager la vie des cabocles, ils ont été assiégés par les gens de la ville plus ou moins intellectualisés qui allaient les voir presque en touristes, les connaître, les admirer de près, arrivant jusqu’à la retraite des Gurvitch à n’importe quel moment, les interrompant dans leurs travaux et leurs loisirs, dans leurs repas arrosés à l’eau de coco et durant la sieste : des siestes écologiques dans des hamacs frais, blancs, odorants, bien du Nordeste.
Et ainsi a échoué le rêve de l’érudit d’être, au milieu des cocotiers, un Gauguin d’une nouvelle espèce, qui au lieu de peindre des femmes de couleur, aurait vécu avec les cabocles, participé à leurs dîners de poisson frit accompagné de farofa, sortant avec un de ces autochtones, jangadeiro, au grand large, dans une jangada très brésilienne, une aventure extraordinairement osée pour un Européen résidant depuis des années dans son Paris sombre, super-civilisé. Parce que tout cela figurait dans le projet de Gurvitch. Mais de ce projet romantique il réaliserait peu de choses. Il réaliserait cependant assez pour qu’il quitte le Brésil le plus tropical qu’il a pu connaître, avec la nostalgie de son paysage et de son peuple.
Le gouverneur de l’État de Paraíba était un intellectuel qui a accueilli Gurvitch avec la plus grande sympathie : mon ami José Américo de Almeida(1). Gurvitch, à ses rêveries gauguinesques en ajoutait une autre : il rêvait de fonder, dans la capitale du Paraíba, où il avait trouvé au gouvernement de l’État un homme si compréhensif, une sorte de filiale de l’École Normale Supérieure de Paris, dont la grande école française s’occuperait avec une tendresse maternelle, si la convention qu’il proposait entre la France et le Brésil avait réussi. Du bon lyrisme. L’idée m’a semblé excellente, mais pour le Brésil d’alors elle était – je le répète – lyrique. José Américo de Almeida lui-même n’était pas très enthousiaste. Il ne pensait déjà qu’à concrétiser son rêve : être le fondateur d’une Université du Paraíba. Une université grandiose. Ce en quoi il a eu raison : l’Université fondée par lui a fait honneur à son fondateur.
La proposition de Gurvitch allait idéalement dans le sens de mon idée déjà ancienne – la mienne, et par rapport spécifiquement au Nordeste, aussi celle d’Odilon Nestor, du Paraíba – : une filiale de l’École Normale Supérieure de Paris, dans la capitale du Paraíba, orientée et en partie appuyée par l’insigne école-mère : ce serait la Faculté de Philosophie sinon unique, du moins principale, d’une Université fédérale régionale qui s’organiserait dans le Nordeste, se disséminant stratégiquement aux divers points de la région – y compris Caruaru – et n’ayant Recife que comme le point métropolitain de coordination. De Recife elle bénéficierait, en plus de l’avantage d’être la métropole régionale, aussi de la Faculté de Droit déjà existante, par sa tradition, et de celle de Médecine, avec ses hôpitaux métropolitains, où affluent des malades de toute la région du Nordeste.
Nos conversations sur ce sujet ont été longues. Mais aussi ce rêve gurvitchéen est resté dans le domaine de l’imagination, où ont disparu, ignorés et inédits, tant de bons projets de sociologues plus ou moins romantiques, faute d’appui extra-sociologique de ceux que l’on appelle les hommes pratiques.

(1) NDT : Politicien, essayiste et romancier, dont le principal roman est A Bagaceira.

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Des problèmes – ceux des relations entre les scientifiques ou penseurs et les hommes dits pratiques – que d’ailleurs, Gurvitch et moi avions abordé, avec six autres scientifiques et penseurs sociaux – nous étions donc huit au total, de plusieurs spécialités – dans le colloque organisé à Paris en 1948, par l’alors directeur de l’UNESCO, le savant Julian Huxley, pour une étude collective de ce qu’on appelle les “tensions internationales”, alors très aiguës. Études qui mèneraient à des suggestions de valeur pratique possible, qui seraient réunies dans un livre publié en plusieurs langues, mais non en langue portugaise. Manque d’intérêt du Brésil pour un ouvrage collectif auquel ne manquait pas la présence d’un Brésilien.
Le colloque a été très intéressant. Y ont participé, en plus de Gurvitch, un philosophe norvégien, Naes, le psychiatre anglo-américain Sullivan, le réputé sociologue allemand Horkmeimer, un maître de psychologie sociale de Harvard, Gordon Allport, un psychanalyste anglais, Richman, un sociologue économiste soviétique, Szalai ; à une exception près, des personnalités de la plus grande renommée dans leurs spécialités et considérés comme hautement représentatifs des différents savoirs convoqués pour une réunion si importante. Aucun de nous ne représentait un État-nation, moins encore un gouvernement. Aucun de nous ne s’y trouvait par un choix officiel de son gouvernement ou de son pays. Nous avions été choisis comme des représentants – ou des supposés représentants – de ces différents savoirs considérés fondamentaux ou essentiels pour l’étude des “tensions internationales” : l’anthropologique, le sociologique – l’occidental et le soviétique – le psychologique, le psychiatrique, le philosophique.
C’est à cette occasion que j’ai connu personnellement Gurvitch. Une rencontre qui a presque provoqué une inimitié entre nous. Le fait est que, sans aucune raison apparente, l’illustre maître en Sociologie du Droit à la Sorbonne m’a accusé d’avoir été indûment convoqué à cette réunion non – a-t-il souligné – parce que je n’étais pas compétent en Sciences Sociales – je l’étais à coup sûr – mais par le fait que, comme politicien dans mon pays je n’avais pas le détachement nécessaire pour traiter du problème qui allait être débattu avec toute l’austérité scientifique ou toute la rigueur scientifique et philosophique. Attitude d’une étroitesse absolue. Max Weber est-il politicien ? Ortega est-il politicien ? Karl Marx est-il politicien ?
L’accusation m’a pris de surprise. Brutalement. Gurvitch parlait sur un ton dur. Emphatique. En colère. Rappelant des cas européens de sociologues qui, par le fait d’être politiciens, ont été totalement discrédités dans leur science. Il m’a semblé, à un moment donné, voir réincarné en lui un certain démagogue de Recife, d’ailleurs mon ami, et terrible dans ce genre oratoire. Je fais allusion au vieux João Barreto de Menezes, fils de Tobias Barreto. Dans son physique, dans sa physionomie, lorsqu’il était en colère, dans son propre ton de voix, Gurvitch ressemblait alors à mes yeux et à mes oreilles – paradoxe des paradoxes – au démagogue brésilien, fils du grand Tobias Barreto(2). Le fait est que, sous sa citoyenneté française il y avait toujours, en plus de celle du juif excommunié, un russe irréductible, qui avait connu Lénine et avait grandi dans le même village que Visinsky. Un Visinsky qu’il détesterait plus tard avec toute sa colère d’homme capable de grandes haines, autant que de grandes affections. Car il y avait chez Gurvitch un passionnel que la science n’est jamais arrivée à discipliner en faisant de lui un individu sans passions.
Que faire, étant le seul – je le répète – non-Européen du colloque, face à l’attaque frontale qui m’atteignait de plein fouet, me laissant – j’ai pensé – face aux moins informés, parmi ces savants, par rapport à mes pauvres travaux, dans la situation d’un intellectuel sud- américain qui s’ornait du titre de “scientifique social” ou de penseur pour mieux gravir des positions, des avantages, des honneurs à l’intérieur et à l’extérieur du pays ? J’ai alors essayé de parler, correspondant au mythe déjà établi autour de moi d’être un Brésilien apollinien, plutôt anglais que latin dans mes manières et dans ma façon de parler et de me comporter. J’expliquerais avec calme et tranquillité, avec tout le “sense of humour” dont j’étais capable, jusqu’à quel point je pouvais être considéré politicien. Et aussi jusqu’à quel point il serait inconvenant qu’un scientifique ou penseur social soit politicien.
Politicien de faction ou même de parti je ne l’étais pas ; non plus compromis dans quelque idéologie organisée – ai-je expliqué. Le professeur Gurvitch, pour m’accuser d’être “politicien” dans le sens péjoratif que, comme sociologue, il avait attribué à l’expression, se fondait sur le fait que j’étais membre du parlement national brésilien

(2) NDT : Critique, philosophe et poète. Roger Bastide en parle dans Poètes et dieux, “La poésie afro-brésilienne”, pp. 47 et suivantes.

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et j’avais modestement participé à l’élaboration d’une Constitution pour mon pays, dans laquelle il y avait des innovations de savoir sociologique tendant à réduire des tensions ou déphasages sociaux. Exemple : l’élargissement des droits des Brésiliens naturalisés, pour lequel je me suis battu, sur la base d’arguments sociologiques, et me fondant sur ces mêmes arguments, je me suis battu pour une conciliation plus sociologique que purement politique, entre ce que l’on appelle la “libre entreprise” et le maximum de valorisation et dignification du travail humain et de la personne du travailleur. Les leçons de sociologie du Droit, apprises avec maître Georges Gurvitch étaient pour moi particulièrement précieuses – ai-je souligné – dans des activités modestes, mais pas totalement inutiles, de parlementaire à ma façon.
Je n’avais pas commencé dans ces activités comme membre d’un parti. Ni comme adepte d’une idéologie systématique, ni cherchant à être un Constituant. Ni en cherchant à entrer dans le parlement de mon pays. Ni, moins encore, demandant des voix ou courtisant des électeurs. Mais par l’imposition des étudiants universitaires de mon État. Ni plus ni moins que cela : par l’imposition de ces étudiants, sans qu’une telle imposition comporte un quelconque compromis de ma part, ou une obligation définie de ma part, à l’égard d’un quelconque leader ou parti politique. C’était peut-être un cas unique. Mais c’était mon cas.
À peine ai-je fini de parler, j’ai été salué avec enthousiasme par tous les participants du colloque : par Richman lui-même, homme au visage toujours très sévère. Beaucoup par Horkheimer. Gurvitch s’est transfiguré. Et à la fin de la réunion il m’a chaleureusement serré la main. Nous sommes sortis ensemble de la bâtisse de l’Avenue Kléber. Il a tenu à m’accompagner à mon hôtel.
Date de là l’amitié qui, de 1948 à 1966, n’a fait que se consolider. Augmenter. Elle est devenue définitive lorsque j’ai réussi à le faire venir au Brésil une deuxième fois et séjourner dans le Nordeste. Qu’il déjeune et dîne chez nous. Qu’il se promène dans notre propriété de campagne. Qu’il vive parmi mes livres. Qu’il écrive sur mon bureau qui lui a semblé davantage rempli de papiers en apparent désordre que le sien.
Je n’oublierai jamais les honneurs et les générosités que depuis 1948 j’ai reçus de ce penseur génial. De ce savant magnifique. De ce sociologue du genre créateur de sociologue. Mais un homme non seulement à l’enthousiasme difficile comme terriblement critique de sociologues, de juristes, de scientifiques sociaux chez lesquels
il trouvait, ou jugeait trouver – et sa perspicacité était diabolique – la médiocrité prétendant à la génialité ; ou la reprise du travail d’autrui jouant le rôle d’originalité.
C’est ce terrible Gurvitch qui m’a présenté au public nombreux – une foule ; aux personnes assises se joignait une quantité de gens debout – qui s’est réunie, dans un des salons de la Sorbonne, pour m’entendre, en 1956. Lui-même, la même année, a été le participant le plus actif au séminaire européen autour de mes idées, de mes méthodes d’analyse et de mon interprétation de l’Homme en situation, de cela – enfin – que le professeur Roger Bastide a appelé mon “humanisme scientifique”. Séminaire qui a eu lieu dans le Château de Cerisy, de Mme Hourgon-Desjardin, étant présents quelques-uns des plus grands maîtres de Philosophie, de Sociologie et de Littérature de la Sorbonne ; et sous la totale indifférence – comme on devait s’y attendre – de l’ambassade du Brésil à Paris, du gouvernement du Brésil, de la presse brésilienne. Même si le séminaire s’étendait sur toute une semaine de discussions très intéressantes, avec des interventions toujours magistrales de Gurvitch sur les idées et les méthodes sociologiques de son collègue brésilien, la seule répercussion que l’événement intellectuel si important a obtenu au Brésil – à l’étonnement de lui, Gurvitch, et d’autres maîtres de la Sorbonne – a été la nouvelle, dans une revue illustrée connue de Rio – d’ailleurs des gens apparemment mes amis – qu’il y avait eu au Château de Cerisy une “nuit folklorique brésilienne”. Malice ? – Probablement oui. Mais il est probable que ce soit une simple expression d’indifférence pour des événements ayant une quelconque importance intellectuelle pour le Brésil, de la part de la presse brésilienne de ces dernières décennies.
Je dois dire qu’à cette époque, Gurvitch avait déjà inclu un sociologue brésilien – en rendant hommage à l’Amérique latine – parmi les membres du conseil directeur de l’excellente publication de Philosophie et de Sciences sociales, qu’il a dirigée pendant de longues années, les Cahiers Internationaux de Sociologie. Avant, il avait déjà fait de ce même Brésilien un collaborateur de ses Archives de Jurisprudence et de Sociologie.
Nos idées sur les relations entre la sociologie et le Droit coïncidaient sur plusieurs points ; justement, ceux où nous nous éloignions des notions les plus médiocrement conventionnelles, encore dominantes dans le Droit Public et en d’autres Droits, aussi bien au Brésil que dans des pays plus développés que le nôtre.

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G. FREYRE

Sur ce point de vue, il observait au Brésil, dans son premier contact avec Rio et avec São Paulo, l’extrême vogue parmi nous d’une jurisprudence un peu conditionnée par l’étude sociologique des phénomènes juridiques.
C’est aussi de Gurvitch – de Gurvitch et de Lucien Febvre, un autre grand maître français très vivant dans ma mémoire – qu’est partie l’idée que la France me consacre Docteur Honoris Causa, et il m’a averti dès 1953 : « lorsqu’on demande, sur le plan purement intellectuel, le titre de docteur à la Sorbonne, le processus est si long qu’il peut être comparé à celui de la canonisation par l’Église catholi- que. Ne vous étonnez pas du temps que cela prendra ». Il pouvait cependant – a-t-il ajouté – me considérer tout de suite Docteur de la Sorbonne. Je n’ai pas été surpris du temps d’attente.

(…)

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