Análisis crítico del sociologismo de Durkheim

 

Sumário

La solidaridad como entrelazada a los estados mentales. 1

La desviación de la conciencia colectiva en una teoría del progreso. 1

Una espiritualidad social como ascendente moral 1

La desintegración anómica como criterio del mal 1

El sociologismo de la metamoral 1

Una falta de relativismo. 1

Conclusión. 1

 

Más información http://www.oei.es/historico/cienciayuniversidad/spip.php?article388

https://leiturasociologica.wordpress.com/2013/04/30/desejo-e-vontade-em-sociologia-ampliado/

https://leiturasociologica.wordpress.com/o-sociologo-diante-do-utilitarismo/

 

Durkheim tiene la intuición de que la conciencia está abierta a las influencias del ambiente, habiéndola correctamente concebida como estrechamente ligada a la solidaridad de hecho. Sin embargo, no se da cuenta de haber descubierto el carácter abierto de la conciencia colectiva a las influencias del ambiente.

 

Al mismo tiempo que defendió la contribución de Durkheim a la sociología de la vida moral, Gurvitch es despiadado al desmontar el casi delirio espiritualista de Durkheim, contrario a la psicología colectiva, lo que algunos sociólogos no le gustaron al oír.

 

Las reflexiones y análisis de Durkheim no sobrepasaron la identificación de la conciencia colectiva con las creencias (conciencia colectiva cerrada).

 

 

La solidaridad como entrelazada a los estados mentales.

 

En cuanto a la descripción del sociologismo, podemos notar inicialmente la tendencia errática que altera el estatuto sociológico de la conciencia colectiva, y que impidió a Durkheim llevar a buen término su proyecto de establecer definitivamente la sociología de la vida moral como ciencia empírica.

En efecto, el concepto específico de la sociología, la noción de conciencia colectiva afirma, en el sentido de Durkheim, que la “solidaridad” de hecho está entrelazada a los estados mentales.

Esto significa que la conciencia colectiva expresa el hecho social indiscutible de la interpenetración virtual o actual de las diversas conciencias colectivas o individuales, su fusión parcial verificada en una psicología colectiva.

Sin embargo, es sabido que Durkheim involucró su método en un círculo vicioso, entre llegar al hecho moral por inducción o por deducción – siendo ésta última en la verdad que constituye su raciocinio conceptual. Es decir, se mantuvo extraño al reconocimiento de la existencia de las experiencias morales colectivas y de los métodos de análisis que reconducen mediante procedimientos dialécticos a estas experiencias variadas y sólo raramente inmediatas.

La desviación de la conciencia colectiva en una teoría del progreso

De ahí el intento errático de insertar la conciencia colectiva en una teoría del progreso moral, e imponerle el sentido de un “espíritu metafísico”, no sólo destacado de las conciencias individuales, sino que por encima de ellas, en consecuencia, no verificable en una psicología colectiva.

En esta concepción metafísica, el progreso moral significa entonces, erróneamente, la inmanencia creciente de la conciencia colectiva en relación a la conciencia individual.

Es decir, en un primer momento, correspondiendo a lo que Durkheim llama solidaridad mecánica, la supuesta trascendencia de la conciencia colectiva es total.

Con el desarrollo del segundo tipo de solidaridad, la solidaridad orgánica, si la conciencia colectiva se vuelve parcialmente inmanente, el equívoco de Durkheim continúa, sin embargo, con esa imagen de conciencia colectiva a pararse por encima de las conciencias individuales ya imponerse a ellas como Una entidad metafísica.

Una espiritualidad social como ascendente moral

Esclarece Gurvitch [1] que la atribución por Durkheim de autoridad moral a tal noción equivocada de conciencia colectiva proviene de su errónea caracterización como entidad metafísica imponiéndose a las conciencias individuales.

De la misma manera, proveniente de esa errónea característica metafísica, se comprende la convicción de Durkheim de que el progreso moral, como supuesta escala de inmanencia creciente de la conciencia colectiva, produce una espiritualización del Derecho, de la moral y de la religión.

Es decir, rechazando expresamente a identificar con el supranatural el mundo “espiritual” de las obras de civilización en su conjunto infinito, Durkheim segrega una supuesta espiritualidad social, a la que atribuye un ascendente moral, diciendo que la obligación es la prueba de que las maneras de Actuar de la religión, de la moral, del derecho no son obra del individuo, sino que emanan de una conciencia moral que supuestamente lo supera.

La desintegración anómica como criterio del mal

Nota Gurvitch que esa concepción errática del espiritual identificado con la conciencia colectiva, como fundamentando la obligación, sin que, por este motivo, sea el espiritual tornado sobrenatural en el sentido místico o totémico, es una concepción en que lo espiritual es tomado en el marco de una Oposición lógica a cualquier otra especie de ser, indicando haber sido concebido por Durkheim como la cima de la jerarquía ontológica del ser [2].

Es, pues, en razón de esa concepción errática identificando la sociedad, la conciencia colectiva y el espíritu metafísico que, para Durkheim, la integración apropiada de la sociedad representa el criterio del Bien, mientras que la desintegración anómica el criterio del Mal.

De esta forma se entiende el dilema del análisis durkheimiano de la crisis moral. Es decir, en virtud del desarrollo de la división del trabajo social y de las agrupaciones de actividad económica, el Estado y la familia perdieron su fuerza de integración, convirtiéndose en la organización profesional un poder moralizador central. Esto porque, en la equivocada evaluación durkheimiana, sería por medio de la organización profesional que mejor se realizaría su concepción de una supuesta solidaridad orgánica, por él erróneamente identificada de antemano como ideal moral.

El sociologismo de la metamoral

O el problema sociológico de la conciencia colectiva convertida en análisis de la crisis moral

Como podemos ver, el examen del problema sociológico de la conciencia colectiva por Durkheim se une al análisis de la crisis moral. De ahí la defensa de las contribuciones del maestro sociólogo a la sociología de la vida moral entrar en pauta cuando, en verdad, el asunto es la conciencia colectiva.

De ahí también, bajo un aspecto complementario, la indispensable en desmontar el casi delirio espiritualista del sociologismo de la metamoral de Durkheim, dado que su orientación errática perjudicó a la psicología colectiva como dominio de la sociología aprehendido en su obra.

Una falta de relativismo

Para Gurvitch, la insuficiencia de las orientaciones de Durkheim en cuanto al problema de la conciencia colectiva que él mismo introdujo en la sociología del siglo XX está en su falta de relativismo al ignorar que la importancia de los niveles en profundidad de la realidad social es variable según cada tipo de sociedad global, Cada tipo de agrupamiento social y según los diferentes Nosotros-otros.

Es decir, la conciencia colectiva debe ser estudiada (a) no sólo en sus manifestaciones en la base morfológica de la sociedad, en las conductas organizadas y regulares, en los modelos, signos, actitudes, funciones sociales, símbolos, ideas, valores e ideales colectivos, obras de arte (B) principalmente en las estructuras y en los fenómenos no estructurales, pero (c) igualmente en sí misma, ya que la conciencia colectiva no se realiza enteramente en ninguno de esos elementos y subraya Gurvitch, puede extravasarlos en expresiones imprevisibles, inesperadas Y hasta sorprendentes.

Conclusión

La realidad de los niveles culturales en la vida colectiva pone de relieve que la conciencia colectiva los aprehende, siendo por lo tanto una conciencia situada en el ser, intuitiva y capaz de multiplicarse en un mismo cuadro social.

De esta forma, contrariando las posiciones reduccionistas, Gurvitch sostiene que la psicología colectiva posee su dominio propio en la sociología, dominio no percibido con claridad por Durkheim, cuyas reflexiones y análisis no sobrepasaron la identificación de la conciencia colectiva con las creencias colectivas (conciencia colectiva cerrada).

La realidad de los niveles culturales en la vida colectiva -los niveles simbólicos y significativos, las ideas, los valores y los ideales- desempeña un papel de primer plano que sobrepasa la consideración dogmática de los mismos como simples epifenómenos, proyecciones o productos, pero pone de relieve que La conciencia colectiva los aprehende, siendo por lo tanto una conciencia situada en el ser, intuitiva y capaz de multiplicarse en un mismo cuadro social.

 

Más información http://www.oei.es/historico/cienciayuniversidad/spip.php?article388

https://leiturasociologica.wordpress.com/2013/04/30/desejo-e-vontade-em-sociologia-ampliado/

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El problema sociológico de la consciencia colectiva

 

PSIQUISMO COLECTIVO Y HECHOS SOCIALES

Por Jacob (J.) Lumier

 

El problema sociológico de la consciencia colectiva es tornar posible comprender la propia posibilidad de comunicación universal entre los seres humanos.

 

  • Hay que recordar el criterio del psiquismo colectivo en la caracterización de los hechos sociales por Durkheim.

 

         En el entendimiento formulado en la obra Les Règles de la Méthode Sociologique” (1895), en relación a las representaciones, emociones y tendencias colectivas, Durkheim sustentó que las causas generadoras de las mismas no residen en ciertos estados de las consciencias de los particulares.

         Esa constatación le dio motivo para afirmar con razón ser la consciencia colectiva irreductible a la suma de las consciencias individuales y a la simple interacción de ellas.

           Durkheim comprendió la presión de la consciencia colectiva como se ejerciendo tanto del exterior cuanto del interior de la consciencia individual:

(A1) – del exterior, a través de sus formas cristalizadas (organizaciones, ritos, procedimientos, rutinas) y de sus formas equilibradas (estructuras sociales);

(A2) – del interior, bajo la forma de corrientes libres que nos llevan, sea arrastrando-nos independientemente de nuestra voluntad, sea atrayendo-nos por el entusiasmo o por la indignación que provocan en Nosotros.

         Según el enseñamiento de Durkheim, somos, por un lado, arrastrados con intensidad desigual por corrientes del psiquismo colectivo que se desencadenan en Nosotros para, por ejemplo, el matrimonio, la natalidad, el suicidio; por otro lado, participamos en nuestra plena voluntad de alegrías y tristezas o de efervescencias colectivas del grupo en el cual vivimos, y, a pesar de nuestra participación voluntaria, la consciencia colectiva no nos libera de la presión.

 

La consciencia colectiva y las consciencias individuales

 

En la obra Le Suicide (1897), a partir de la crítica a la psicología interpersonal de la imitación propuesta por Gabriel Tarde, notase que, en esa crítica, Durkheim va a tornar más precisa la relación entre la consciencia colectiva y las consciencias individuales.

   Con efecto, se destacan las siguientes afirmaciones:

(a)- que las tendencias y las pasiones colectivas son fuerzas sui generis que dominan las consciencias particulares; fuerzas tan reales cuanto las fuerzas cósmicas, aunque de otra naturaleza y agendo igualmente del exterior sobre los individuos, pero por otras vías; (b) – de esta suerte, los estados colectivos existen en el grupo, de la naturaleza de los cuales derivan, antes de afectaren el individuo como tal y de organizaren en él … una existencia puramente interior – por ejemplo, es solo poco a poco que la fuerza arrastrando al matrimonio, natalidad, o suicidio penetra el individuo; (c) – Gurvitch destaca que esa exterioridad de la consciencia colectiva proyectada por Durkheim, y que resultaría de la supuesta heterogeneidad de la misma, se manifestando en el hecho del psiquismo existir antes de penetrar en las consciencias individuales, nada tiene a ver con la materialización del psiquismo en la base morfológica de la sociedad, ni con la cristalización del mismo psiquismo en las instituciones, ni con su expresión en símbolos jurídicos, morales y religiosos. Trata-se de una proyección que extrapola la psicología colectiva sociológica [i].

Sin embargo, hay que poner en relieve en esa obra de Durkheim Le Suicide, datada en 1897, la percepción clara al respecto de la diferencia entre los niveles o camadas más cristalizadas de la consciencia colectiva y los niveles más fluctuantes, notando que estos últimos no se dejan aprisionar en la objetividad. (d) – Con efecto, Durkheim afirma haber toda una vida colectiva que está en libertad: todas las especies de corrientes van, vienen, circulan en todas las direcciones, cruzan-se y misturan-se en mil maneras diferentes precisamente porque están en perpetuo estado de movilidad y no consiguen revestir- se con una forma objetiva (por ejemplo, se hoy es un viento de tristeza y desánimo que se abate sobre la sociedad, mañana, por el contrario, un soplo de alegre confianza virá levantar os ánimos). Quiere decir, (e) –los niveles o camadas de la consciencia colectiva más cristalizados, comprendiendo las conductas regulares, las “instituciones”, las estructuras sociales, los propios preceptos morales y jurídicos apenas exprimen una parte de la vida subyacente de la consciencia colectiva, resultan de ella, pero no la agotan; (f) – en la base de la vida subyacente de la consciencia colectiva más cristalizada (subyacente inclusive a las consciencias individuales) hay sentimientos actuales y vivos que las camadas más cristalizadas resumen, pero no pasan de sus involucros superficiales. Tales camadas cristalizadas no despertarían cualquier resonancia si no correspondiesen a emociones y a impresiones concretas. Finalmente, Durkheim sentencia: uno no debe pues tomar el signo por la cosa significada.

 

La Consciencia Colectiva y el Fetichismo de la Mercadería

 

La sociología trae consigo para dentro del campo sociológico la pesquisa en psicología colectiva. De la misma forma que la introducción del problema de la consciencia colectiva por Emile Durkheim (1858-1917) acentuó esa ligación, la descubierta por Karl Marx (1818-1883) de la realidad social por atrás del fetichismo de la mercadería trajo a la luz el problema de la dialéctica de las alienaciones y con esto consolidó la investigación en psicología colectiva como adquisición sociológica.

Allá del hecho de que todo el conocimiento es comunicable mediante los más variados símbolos sociales, la Era de las técnicas de información y comunicación hace ver que los problemas sociológicos no más podrán ser alcanzados sin llevar en cuenta (a) el hecho de que todo el conocimiento implica una mentalidad colectiva e individual que le sirve de base, y (b) la constatación de que ninguna comunicación puede tener lugar (en sentido de la integración en el conjunto) fuera del psiquismo colectivo [ii].

De esta forma, con la autonomía relativa de los niveles simbólicos de la realidad social (los niveles intermediarios entre la infra y las superestructuras, los escalones o, en francés, les “paliers), la psicología colectiva pone en relieve el nivel de los valores, de las mentalidads y más ampliamente de las obras de civilización.

La psicología colectiva hace notar que el hecho del conocimiento en correlaciones funcionales torna-se más decisivo en el estudio de las estructuras a partir de los tipos de sociedades que generan el capitalismo (siglos XVII e XVIII), donde, malogrado el adviento del maquinismo, el peso del saber para el equilibrio del conjunto no puede ser minimizado y se impone el reconocimiento de los niveles múltiplos de realidad social.

 

Las correlaciones y los escalones (paliers) de realidad social

 

Aún que implique el concepto correlato de “estructuras múltiples”, la constatación de que la realidad social comporta niveles múltiples no justifica el estigma de no tener cuenta de los determinismos sociales, como lo representan algunos autores alejados de la variabilidad [iii]. Por el contrario. Tal constatación es alcanzada en teoría determinística.

 

  • En consecuencia de la dinámica de los niveles múltiples o escalones de realidad social, el concepto de Estructura se revela dialéctico.

 

El estudio de las obras de civilización dotadas de recurrencia como el derecho, la moral, la educación, el conocimiento, la arte constituyen los diversos ramos de la sociología que comparten el estudio del esfuerzo colectivo como tendencia a la realización, cuya verificación procede del conjunto de los determinismos sociales.

El reconocimiento de la indispensabilidad de la psicología colectiva, por su vez, caracteriza a sociología del conocimiento como disciplina que se desarrolla juntamente con los demás ramos sociológicos mencionados, especialmente con la sociología de la vida moral.

El hecho de que todo el conocimiento implica una mentalidad colectiva e individual que le sirve de base está a mostrar que la realidad social es composta de niveles múltiples dialécticamente unidos unos a los otros. La base morfológica, los aparatos organizados, los modelos culturales y técnicos, las conductas más o menos regulares, los papeles sociales, las actitudes, los símbolos sociales, las conductas novadoras, las ideas y valores colectivos, los estados y actos mentales, con sus determinismos sociales diferenciales y específicos, se compenetran mutuamente en un cierto grado preservando-se tensos, siempre susceptibles de entrar en conflicto unos con los otros y de tornar-se, finalmente, antinómicos [iv].

En consecuencia de esa dinámica de los niveles múltiples u escalones de realidad social, el concepto de Estructura se revela dialéctico, ya que los actos no son proyectados para fuera, sino permanecen en tensión, irreductibles a la objetivación en las obras de civilización con sus estándares de reproducción. Por esa razón, es equivocado suponer que el determinismo de las estructuras sea el camino final de la explicación en sociología.

 

Las Infraestructuras y el Fetichismo de la Mercadería

De esta forma, el punto de vista diferencial sobre el concepto de Estructura social pone en relieve el hecho del conjunto social dinámico, por más complexo que sea, preceder, virtualmente o actualmente, todos los equilibrios, jerarquías, escalas.

Esa mirada de conjuntos articulada en la sociología procede de Saint-Simón [v], que apenas ve en la economía, en la vida moral y en la vida intelectual aspectos de una actividad colectiva total; es la correspondencia entre estructura social, producción económica, propiedad, regime político, ideas intelectuales y morales así como sus conflictos posibles que lo interesan.

La sociología es privilegiada como investigación empírica de las variaciones del saber. El sociólogo no inventa, sino elabora sobre la constatación de una significación humana básica, a saber: la fuerza de atracción del mundo de los productos y demás recursos e instrumentos que componen la base morfológica de la sociedad. Los conjuntos prácticos no son como ya saben inertes, ni el mundo de los productos una “materia exterior” absolutamente heterogénea.

Del punto de vista sociológico será restrictivo (des)cualificar como no-humano el mundo de los productos y de las infraestructuras sin disponer en contrapartida de la comprensión en psicología colectiva del fenómeno del fetichismo de la mercadería [vi].

 

 

(Continua)

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Notas de Fin

 

[i] Gurvitch, Georges: “A Vocação Actual da Sociologia –vol. II: antecedentes e perspectivas”, tradución de la 3ª edición francesa de 1968 por Orlando Daniel, Lisboa, Cosmos, 1986, 567 pp. (1ª edición en francés: Paris, Presses Universitaires de France – PUF, 1957).

[ii] Dado que en el psiquismo colectivo tiene lugar una fusión previa de las consciencias (asegurando la misma significación a los signos y a los símbolos, como, p. ej., los símbolos reconocidos como las palabras de una lengua) se nota que el psiquismo interpersonal o intergrupal implica los dos otros, pues, se ese psiquismo es afirmado en sus manifestaciones en la comunicación, ninguna comunicación puede tener lugar fuera del psiquismo colectivo. Al mismo tiempo, son los psiquismos individuales que comunican – a suponer obligatoriamente su diferenciación y su fusión.

[iii] Gunter W. Remmling (ed): Towards the Sociology of Knowledge, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1973, 457 pp. Cf. págs. 289, 290.

[iv] Vean de Georges Gurvitch, “Dialectique et Sociologie”, Paris, Flammarion, 1962, 312 pp., col. Science.

[v] Claude-Henri de Saint-Simon (1760-1825): La physiologie sociale. Oeuvres choisies, par Georges Gurvitch, édition électronique. Versión en volumen publicada en Paris, Presses universitaires de France, 1965, 160 págs. Collection: Bibliothèque de sociologie contemporaine. (textes de 1803 à 1825).  http://classiques.uqac.ca/classiques/saint_simon_Claude_henri/physiologie_sociale/physiologie_sociale.html

[vi] La sociología del conocimiento rechaza la sugestión de que los argumentos, los textos, libros, bibliotecas, herramientas, instrumentos y medios de producción de todo el tipo deberían ser arrollados en “un mundo de productos tornados independientes de los hombres”, propuesta por el filósofo de la ciencia Karl Popper en su notable obra ‘Conocimiento Objetivo: una abordaje evolucionaria’, trad. Milton Amado, São Paulo/Belo Horizonte, EDUSP/ed. Itatiaia, 1975, 394 pp, traducido de la edición inglesa corregida de 1973 (1ª edición en Inglés: Londres, Oxford University Press, 1972).