Las bases sociológicas de la positivación de los derechos humanos: Presentación

 

Las-bases-sociologicas-de-la-positivacion-de-los-derechos-humanos

Una mirada para sustituir los temas ideológicos

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 Río de Janeiro / RJ, Brasil, Agosto 2015.


Presentación

El presente trabajo ha sido concebido en el marco de una actividad autónoma de cooperación junto a la sesión “Civil Society” de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, especialmente la promoción del “World Program  for Human Rights Education – WPHRE”, en su tercera fase, de que el primer fruto ha sido publicado en mi libro bajo el título “Sociología y Derechos Humanos: Introducción”, concluido en julio de 2014 [1].

Ese nuevo escrito es el fruto de una tentativa de relacionar el enseño de los derechos humanos con los estudios en sociología internacional. Su orientación tiene por resultado que abandonar el “estado-nación” como unidad de análisis sociológico, y evitar el “nacionalismo metodológico”, no es una consigna artificial sino una exigencia de la realidad social e histórica.

El problema sociológico investigado en convergencia con los derechos humanos pone en relieve el pluralismo social efectivo y la variabilidad, como características favorables a la internacionalización de la sociología, y hace el teste de una conjetura explicativa sobre el desmembramiento de la soberanía del Estado Nacional en entornos capitalistas, ya señalada por Durkheim.

Además, en el objeto mismo de ese trabajo, se lleva en cuenta que el legado de la época burguesa reenvía a un espacio público unilateralizado, correlato de la generalización de las necesidades.  En consecuencia, una unidad de análisis como el Estado nacional se muestra muy figurativa y demasiado estricta, especialmente en una situación de globalización y de tecnologías de información y comunicación.

Finalmente, el contenido aquí ofrecido ha sido desarrollado a partir de una comunicación al Congreso de la International Sociological Association –ISA en 2014 [2].  En su versión original, por su vez, el presente trabajo se encuentra presentado para publicación como artículo junto al periódico “International Sociology”.

Jacob (J.) Lumier

SSF-RIO Fórum de Sociologia < http://ssfrjbrforum.wordpress.com/  

j.lumier@gmail.com

 

Sumario

Abstract. 1

Parte 1… 1

Aspecto histórico del interés sociológico por los derechos humanos.. 1

El punto de vista evolutivo.. 1

El desmembramiento de la soberanía.. 1

El pluralismo social efectivo.. 1

Parte 2… 1

Una visión sociológica para la situación de desmembramiento del Estado o el Estado Unilateralizado.. 1

(…)

 

Abstract

Este artículo trata del enseño de los derechos humanos y de la construcción de una visión sociológica para sustituir los temas ideológicos. Presupone el recurrente debate público en la imprenta latinoamericana en esa materia. Desarrolla un abordaje sociológico diferencial desde el punto de vista del pluralismo social efectivo sobre los cuatro planos de análisis e interpretación siguientes: (1) los aspectos sociológicos que implican la positivación de los derechos humanos; (2) la percepción de las dinámicas de frenos y contrapesos; (3) la experiencia pluralista del desmembramiento de la soberanía del Estado Nacional en entornos capitalistas, a partir del tipo de sociedad democrática liberal; (4) en ese cuadro, examina la aplicación del modelo lefebvriano de espacio público unilateralizado, como característica de la época burguesa (siglos XVI al XIX).

Palabras llave: deseo de pose, estructura de clases, función de representación, psiquismo colectivo, fetichización de la mercadería.

 

Parte 1

Aspecto histórico del interés sociológico por los derechos humanos

El punto de vista evolutivo

 

La reflexión de los sociólogos sobre los derechos humanos ha sido posta en relieve, hacía los años noventa, cuando el carácter histórico, en esa materia, vino a ser defendido.  Emergió el aspecto crítico de que existe una grande distancia, una paradoja entre el que está escrito en las Declaraciones y el que hay de concreto.  Para realizar los derechos humanos, decían, no bastaría solamente estar inserido en los textos internacionales y en la mayoría de las constituciones de los países occidentales, sino que sería fundamental la acción protectora del Estado [Bobbio, 1992].

En consecuencia, la positivación de las diversas declaraciones de derechos ha sido valorizada como un proceso evolutivo que aún ocurre. Admite, por ejemplo, que la Declaración Americana (1776), la Declaración Francesa (1789) y la Declaración de la ONU [United Nations, 1948] al influenciaren el surgimiento de las protecciones jurídicas de los derechos fundamentales en diversos países, despuntaran como alternativas para garantizar la estabilidad en la tutela de los derechos tenidos como esenciales a la condición humana [Oliveira, 2007].

Sin embargo, como saben los sociólogos, la afirmación constitucional de los derechos humanos lleva los Estados a reforzar su compromiso con la creación de programas sociales que protegen contra la inseguridad, la desigualdad y la pobreza.

La conocida propagación de reformas constitucionales en una larga centena de países, en los años noventa, con incorporaciones de los derechos humanos [i], es un formidable esfuerzo colectivo a demonstrar por si sólo innegable tendencia para la universalización de eses derechos. Se trata de una expansión crítica que había creado un plano autónomo, igualmente crítico, alrededor de la globalización de la economía, la cual acarreó pobreza, desestabilización de las formas de vida, inmigración y decadencia del medio ambiente. Ciertamente aquella propagación de reformas constitucionales significó innegable refutación del posicionamiento contrario a los derechos humanos como sistema de frenos y contrapesos eficaces.

Por su vez, la aplicación del punto de vista evolutivo cautivó los sociólogos, que investigan las tres o cuatro generaciones de derechos y los respectivos ambientes históricos estructurales [Frezzo, 2011]. Entretanto, cuando uno contempla el debate público en la imprenta latinoamericana en esa materia, puede observar una supervaloración de los temas ideológicos del Estado Nacional, incluso, sobre las llamadas transformaciones del mismo en la segunda mitad del siglo XX, con reflejo en el enseño, y, además, con exagerado destaque para el histórico del cruzamiento de las ideologías políticas, que, de alguna manera supuesta, hubieran favorecido el fomento de los derechos humanos [ii].

La solidaridad internacional

Sucede que la acción protectora estatal es inserida en cuadros sociales y ambientes culturales determinados, de tal suerte que el problema de los obstáculos a la universalización de los derechos tiene primacía en sociología.

De esa forma, hay varios aspectos sociológicos que preceden e implican la positivación de los derechos humanos, cuyo enseño no debe ser limitado a una lectura por el enfoque del Estado Nacional y sus transformaciones.

Uno de esos aspectos, que tiene la democratización y el pluralismo social por base, sobresale cuando se retiene la presencia del sociólogo en el fomento de los derechos humanos, la cual es muy avanzada, y, bajo la intervención de Georges Gurvitch, remete a los años cuarenta, en los antecedentes de la Declaración de la ONU [United Nations,1948].

Con efecto, durante su estadía en Estados Unidos, Gurvitch publica, en 1942, Sociology of Law.  Poco después, en 1944, motivado por el prestigio que le asistía en los asuntos sobre las relaciones entre los Estados Unidos y la URSS [Moreau de Bellaing, 2005], gracias a su amistad con Eleonor Roosevelt y bajo la inspiración de la perspectiva de solidaridad internacional del Discurso de las Cuatro Libertades de F.D. Roosevelt [iii], él se atreve a publicar una Declaración de los Derechos Sociales, en la cual trata de describir algunos modelos de democracia industrial, [Gurvitch, 1944].

Al poner en relieve que la realización de los derechos humanos es viable en razón de la sociabilidad y de su característica fusión parcial entre las obligaciones de unos y las prerrogativas de otros, Gurvitch admitió el propósito de tornar operativa la perspectiva de solidaridad internacional, y afirmó la primacía de las sociedades globales.

Acrece que, por dislocar el foco para más allá del Estado,  esa orientación tiene reciprocidad con la constatación por Durkheim de la decadencia del Estado como unidad jurídica particular y del contracto, en el pasaje del siglo veinte, una situación de incertidumbres agravadas que delimitan el ambiente referencial del concepto sociológico de amorfismo social [ Durkheim, 1973, p. 421].

Por su vez, en perspectiva recíproca, Gurvitch observa el Estado Nacional desmembrado en el pasaje de la segunda mitad del siglo veinte, y pone en relieve la soberanía jurídica como social, la cual se ejerce en el espacio público que viene de las sociedades globales, con el reconocimiento colectivo de los procedimientos dialécticos de intermediación (Gurvitch, 1944, op. cit.].

De esa forma, fue confirmado el entendimiento consagrado después de la Declaración de los Derechos Sociales, cuando aconteció la adopción de la aludida Declaración de la ONU [United Nations, 1948, op. cit.], y se afirmó que la positivación de los derechos humanos, por la acción protectora estatal, no debe ser representada en favor de una quimérica restauración de la catastrófica soberanía nacional exclusiva, la cual llevó a las deflagraciones del neo imperialismo, en el obscurecer del siglo XIX.

Aunque no excluya la soberanía como rebajada, la primacía de los derechos humanos es afirmada en apoyo de la realización de un compromiso internacional asumido por los Estados como miembros de las Naciones Unidas, por conciencia de libertad y por fuerza del auto preservación colectiva, cuyo cuadro de referencia es puesto con la democracia. Tal compromiso internacional recurrente tiene su momento en 24 de octubre de 1945, cuando China, los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, la Unión Soviética y la mayoría de los demás países signatarios ratificaron la Carta de las Naciones Unidas.

El desmembramiento de la soberanía

Hubo y aparentemente hay aún, cierta reluctancia por parte de autores nostálgicos de la representación de fronteras nacionales petrificadas. Incluso algunos adeptos de la judicialización de las acciones humanitarias procedentes de los pactos internacionales, contrarios en admitir que la obligación asumida en los propios pactos (treaties), y en los demás instrumentos internacionales autónomos de los derechos humanos, releva de un compromiso que, por su vez, sólo tuvo lugar en virtud de la solidaridad internacional, con la profusión de reformas constitucionales de los años noventa poniendo en perspectiva la accesibilidad de las cuatro libertades fundamentales, para todas las personas en cualquier lugar del mundo.

Los formalistas, hasta el final del siglo veinte, hubieran sugerido que la capacidad del Estado nacional en imponer su control jurisdiccional exclusivo tendría consistencia en virtud de su correspondencia al llamado problema hobbesiano del orden, la imposición legitima de la ley por el más fuerte.

Pueden comprobar eso en los llamados posicionamientos pluralistas como técnicas políticas, en los cuales hay un distanciamiento del anti-dogmatismo propio de la sociología diferencial [iv].

Entre los suportes de esas extemporáneas teorías de coacción noten, por ejemplo, el procedimiento dogmático que, mediante la equivocada separación del análisis histórico y del análisis estructural [v], inscribe el pluralismo de los contra poderes en una metodología axiomática, de tal manera que, el espacio público viene a ser rebajado a una discursiva dialéctica del poder y de la resistencia (Dahrendorf, 1974).

En esa concepción formalista, por la cual, todavía, soberanía y jurisdicción aparecen debidamente combinadas, las posiciones jerárquicas permiten a sus ocupantes ejercer el poder, puesto que dotadas de soberanía: los hombres que las ocupan establecen la ley para sus súbditos, con el aspecto más importante de esa posición siendo el control de sanciones, la capacidad de garantir la conformidad a la ley.

De esa noción esquemática, debe uno concluir que: (1) – siempre hay resistencia al ejercicio del poder (cuya eficiencia y legitimidad serian precarias); (2) – el grupo de los que ocupan las más altas posiciones es el grupo más fuerte; y (3) – la sociedad se mantiene unida en virtud del ejercicio de su fuerza, esto es, por la coacción. Tal seria la supuesta solución hobbesiana para el supuesto problema hobbesiano del orden.

Por el contrario, los hechos de la segunda mitad del siglo veinte muestran que la soberanía estatal exclusiva y su tendencia a imponer con legitimidad la coacción por el más fuerte, se ha tornado irreversiblemente repugnante por efecto del Holocausto, que hubiera suscitado la solidaridad internacional (incluso la cooperación para el desarrollo) a partir de la segunda mitad de los años cuarenta, cuando las Naciones Unidas tomaran la iniciativa.

En esa línea, es ampliamente conocido el desmembramiento de la soberanía como hecho irreversible, pero positivo. Toman como marcador, entre otros, el advenimiento del Tratado de Paris, de 18 de abril de 1951 (la institución de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero – CECA), que llevó la Europa Occidental a conducir un proceso de integración económica complejo, rompiendo el paradigma de la soberanía jurídica exclusiva del Estado nacional y haciendo prevalecer la construcción del Derecho Comunitario en el ámbito de las relaciones internacionales.

El pluralismo social efectivo

En consecuencia, ocurre que los elementos de la democracia deban ser buscados en la realidad social, para que, juntamente con los obstáculos que esta suscita, la positivación y más ampliamente la universalización de los derechos humanos tuviera lugar, y, en primer, la descripción del pluralismo social efectivo, sin el cual la democracia no se diferencia como foco del compromiso internacional asumido por los Estados en las Naciones Unidas.

De hecho, el pluralismo como técnica constitucional, del cual Montesquieu enseñó, es como sabe el primer paso para describir la democracia, ya que pone en relieve el sistema de frenos y contrapesos, característico de todo el pluralismo.

Sin embargo, la percepción de la dinámica de los contrapesos no es limitada a la técnica constitucional. Una mirada en profundidad puede descubrir que, bajo grados diferenciados de complejidad, como señaló Gurvitch, la realidad social comporta niveles múltiples [vi], incluso el psiquismo colectivo, que, descritos como camadas (paliers) subyacentes, revelan en eficacia la pluridimensionalidad de la realidad social [vii].

De esa manera, el carácter incierto de las relaciones fluctuantes con los otros grupos sobresale en el espacio público en un pluralismo social efectivo [viii].

La comprensión ampliada de esa situación comporta cinco procedimientos dialécticos de intermediación[ix]: complementariedad, implicación mutua, ambigüedad dialéctica, polarización dialéctica, reciprocidad de perspectiva (Gurvitch, 1962).

De ese punto de vista, puede comprender que el desmembramiento del Estado como bloco de localidades y unidad jurídica, que llevó a un fin el siglo XIX, tenga revertido en factor de incremento de la estructura de clases. Esa realidad tornó evidente la existencia real y multiforme de varios sistemas de frenos y contrapesos.

Al hablar del desmembramiento del Estado debe tener en cuenta el contexto privilegiado en el curso de la Segunda Revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XIX, descripto en los desarrollos dentro de la industria química, eléctrica, del petróleo y del acero. Hay que destacar, igualmente, los sucesos subsecuentes del período 1885 a 1914 (la “Paz Armada”), cuando tendrán lugar las deflagraciones del neo imperialismo.

Es decir, Durkheim tenía bajo sus ojos el crepúsculo de la sociedad democrático-liberal, que corresponde al capitalismo concurrencial desarrollado predominante en el siglo XIX y en el inicio del siglo XX, una consecuencia de la revolución francesa y de la evolución de los órganos y costumbres parlamentares, particularmente en Inglaterra. Todavía, como bien señaló Gurvitch, la significativa tendencia para el desmembramiento de la soberanía del Estado sobresale en las siguientes características: (a) – el desarrollo de la clase burguesa industrial, financiera, comerciante – solitaria o asociada con las clases medias y el campesinado enriquecido – que torna el Estado a ella sometido; (b) – la acción del poder reglamentar y disciplinar privado, limitando la autoridad del Estado en relación a los capitanes de industria, a las fábricas y a millones de obreros; (c) – el desarrollo de trusts y carteles, por un lado, y, por otro lado, la acción tanto del sindicalismo obrero cuanto del patronal, llevando al surgimiento de las reglamentaciones jurídicas autónomas (convenciones colectivas, etc.); (d) – en fin, la actividad intensa de los partidos políticos, que se tornan, cada vez más, representaciones de las clases sociales en presencia, lo que termina por fragilizar de fato el Estado, su predominancia y su autoridad. De esta suerte, la jerarquía de los agrupamientos funcionales es debilitada, tendiendo a ser sustituida por la jerarquía de las clases sociales, lo que acentúa la instabilidad del Estado, el cual se apoya en su máquina burocrático-militar y no sobre su ascendente moral, jurídico y económico (Gurvitch, 1968, op. cit.].

Sin embargo, resta que, del punto de vista de una sociología internacional, hace falta poner en relieve una comprensión sociológica de conjuntos para tal situación de desmembramiento del Estado, la cual no es un hecho aislado, sino que hace parte de la época burguesa. La conjetura capaz de tener en cuenta el carácter incierto de las relaciones fluctuantes con los otros grupos y la clarificación por los procedimientos dialécticos de intermediación es la aplicación del concepto de espacio público unilateralizado [x] que, conforme el modelo lefebvriano, ya descripto en el análisis sociológica del psiquismo colectivo de la estructura de clases, es una consecuencia de la fetichización de la mercadería [Lefebvre, 1968].

***

 

Parte 2

 

Una visión sociológica para la situación de desmembramiento del Estado o el Estado Unilateralizado

Leia o texto completo na WEB da OEI < http://www.oei.es/historico/cienciayuniversidad/spip.php?article5926 >

 

NOTAS

[1] E-book free: http://www.bubok.es/libros/235144/Sociologia-y-Derechos-Humanos-Introduccion

[2] ISACONF Abstract #30864 – XVIII ISA World Congress of Sociology (July 13-19, 2014). Título: “La sociología en la universalización de los derechos humanos y sociales a través de la deconstrucción de las desigualdades”.

[i] Dado que la globalización se aceleró en la década de 1990, representando una amenaza para las poblaciones, la mayoría de los estados han incorporado en sus constituciones disposiciones de los derechos humanos. Saben que de las 165 constituciones, 122 incluyen disposiciones sobre derechos socioeconómicos (tales como el derecho a un trabajo digno, derecho a la vivienda y la seguridad alimentaria), 134 han adoptado disposiciones para los derechos de las mujeres, 89 han adoptado disposiciones de los derechos de salud, y 105 tienen disposiciones para los derechos de las minorías (Moncada and Blau, 2006).

[ii] Pueden ver la valoración de los temas ideológicos referidos al Estado Nacional en los argumentos circulantes en la imprenta cuando han publicado los planes nacionales de derechos humanos en Brasil.

[iii] Four Freedoms Speech, 1941: 1.- Freedom of speech and expression; 2.- Freedom of worship; 3.- Freedom from want; 4.- Freedom from fear. Ver el Preámbulo de la Universal Declaration of Human Rights (United Nations, 1948).

[iv] El método y los procedimientos de la sociología diferencial, incluso el abordaje por el pluralismo social efectivo, que este trabajo presupone y aplica, sacan provecho de la orientación gurvitchiana (Gurvitch, 1979, 1986) y de estudios anteriores del autor en esa materia ya publicados en Internet.

[v] Es improductivo proponer problemas de estructura social sin tener en atención la nítida conciencia colectiva de la jerarquía específica y referencial de una unidad colectiva real, como lo es la jerarquía de las relaciones con los otros grupos y con la sociedad global, o sea, la jerarquía específica de las formas de sociabilidad.

[vi] Es decir, entre eses niveles múltiples se tratan relaciones íntegramente variables, alternando y combinando, por un lado, grados de cristalización y, por otro lado, grados de espontaneidad, y así constituyen fuerzas dinámicas del cambio. En consecuencia, no existe tipo de sociedad que alcance una cohesión en definitivo, sino grados de cohesión y disparidad (Gurvitch, 1968, op. cit.).

[vii] La pluridimensionalidad de la realidad social comprende (a) las jerarquías específicas y múltiples, en las cuales la discontinuidad prevalece y el elemento jerárquico asienta en la distribución y no en la presión del conjunto; (b) las jerarquías en unificación con preeminencia del elemento de contención (Gurvitch, 1968, op. cit.). .

[viii] Del punto de vista de la sociología diferencial, el principal criterio de los materiales empíricos es la variabilidad: los agrupamientos particulares cambian de carácter y no apenas de posiciones; asumen identidades y diferencias no asumidas en tipos o subtipos de sociedades diferentes. En la medida en que participan del cambio en eficacia que se opera en el interior de las estructuras, los grupos, más do que se dislocaren conforme trayectorias apenas exteriores, se mueven en la multiplicidad de los tiempos sociales, ya descriptos por Gurvitch (Gurvitch, 1968, op. cit.).

[ix] Constatación sociológica que asimila el sistema de frenos y contrapesos, los procedimientos dialécticos de intermediación se diferencian en grados que envuelven las maneras de ser ligado en el todo por efecto del propio todo, como Gurvitch (1962) bien definió las formas de sociabilidad. Se revelan variaciones en la simetría mínima que tales maneras comportan para que sean los elementos originarios en el todo dinámico de una realidad social. En ese sentido, debe comprender que el procedimiento dialéctico privilegiado sea la reciprocidad de perspectiva, de la cual se diferencian los demás cuatro procedimientos referidos.

[x] La constatación de un espacio unilateralizado no es insólita. Desde un punto de vista lógico relativista, lo que provee consistencia al espacio es la simultaneidad de dos observadores inerciales, alejados de cierto fenómeno, pero esa simultaneidad se rompe conforme uno de los dos observadores alcanza velocidad relativista, luego, en ese supuesto, el espacio que miden se torna diferente y por tanto pierde simetría. En ese sentido, la unilateralización sería una suerte de “asimetrización”, precipitada por la fetichización de la mercadería.

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As Relações Humanas e a insuficiência de sua Psicologia Social

Notas críticas sobre a mentalidade resignada.

 

(Em revisão)

 

Por

Jacob (J.) Lumier

 

 

O problema é que a matéria das relações humanas nas organizações tem sido apreciado frequentemente na mais ampla desconsideração de qualquer referência ao mundo das ideias e valores, para, em lugar disso, deixar prevalecer o imaginário psicologista[i]

 

 Um standard do mundo da comunicação

 

A adoção da gestão de relações humanas foi afirmada em reação aos procedimentos de administração que associavam, exclusivamente, o melhor aproveitamento da capacidade física dos indivíduos, inclusive pela automação, ao aumento da produção. Trouxe um avanço na capacidade de compreensão das teorias de administração com a valorização de alguns aspectos do ambiente organizacional, como fatores característicos de relações humanas, que deveriam ser tomados em conta, seguinte: (a) o comportamento do indivíduo está condicionado às normas padrões sociais, e os indivíduos agem em vista de obter recompensas sociais; (c) a empresa deve  ser vista como um conjunto de grupos sociais informais, cuja estrutura nem sempre coincide com a organização formal; (d)  se reconhece a existência de grupos sociais que se mantêm em constante interação social dentro da empresa. (e) Da mesma forma, os elementos emocionais e mesmo irracionais passam a merecer maior atenção.

Trata-se de uma orientação com procedência no behaviorismo, o qual estabeleceu a noção de comportamento para designar as condutas observadas a partir de certos modelos de motivação e de êxito. Se preconizou, por essa razão, que as condutas dos indivíduos poderiam ser conduzidas pela ação administrativa.

Esta última, por sua vez, teria sua principal referência na busca do que chamam “sinergia”, uma união harmoniosa, em relação a que assinalam a importância do entrosamento que deve existir entre todos os níveis hierárquicos de uma organização: entre o presidente, diretores, gerentes, supervisores, assistentes e auxiliares. Todos sem exceção devem trabalhar em constante comunicação e harmonia, sempre coligados aos objetivos principais da companhia.

Em que pese o avanço na capacidade de compreensão das teorias de administração, as relações humanas são vistas de um ponto de vista dirigista, fortemente limitadas a uma psicologia atomista, em que os indivíduos são tomados em interações do tipo “ Eu – Tu”, sem que a mediação do todo seja tomada em consideração. Daí que um crítico perspicaz como Wright Mills, tenha descrito a psicologia social das instituições em termos que correspondem a um imaginário psicologista [ii].

Vê-se dessa forma um jogo individualista com caráter social atomista, assim definido exatamente por carecer de intermediação, por não reagir em função de seu conjunto, já que é um composto artificial de três imagens pessoais hipostasiadas, que recobrem a realidade social e exaurem o indivíduo, a saber: (1) a “pessoa” que alguém “pensa” ou se representa que é; (2) a que os outros “pensam” que ela é; (3) a que julga ou supõe que os outros “pensam” que ela seja [iii].

Nessa coleção de imagens hipostasiadas da pessoa, em que se atribui uma existência substancial ao que é ficcional, o aspecto interpessoal das relações sociais vem a ser restringido a uma atividade mental, a qual, nesse caso, é constatada em avaliações arbitradas nas preferências subjetivas, ou veleidades, projetadas como representações de outros, inclusive as auto avaliações, que, aquém das aspirações coletivas presentes de modo espontâneo na vida social, refletem apenas o caráter preestabelecido das regulamentações e das condutas previamente hierarquizadas no modelo dos aparelhos organizados [iv]. Daí a influência ampla dessa psicologia gerencial a que chamam “relações humanas nas empresas”.

Embora esse imaginário seja frequentemente supervalorizado nas técnicas utilizadas para treinamentos de funcionários, é também muito cultivado nos ambientes difundidos pela mídia e aplicado como modelo de relações humanas, as quais, dessa forma, passam a ser entendidas como gestão de pessoas que se propõe obter do grupo lealdade, dinamismo e comprometimento com os objetivos da organização. Acreditam que reconhecer as relações humanas é identificar a motivação das pessoas para poder conduzi-las com planejamento, informação, arbitragem, controle, recompensa, estímulos, disciplinas e todas as ferramentas e recursos utilizáveis em uma administração de recursos humanos.

O imaginário psicologista, pode também ser observado a partir do público da televisão e seus reality shows, onde, frequentemente, os personagens, inclusive das novelas líderes em audiência, sempre com suscetibilidade, sofrem uma ansiedade que pode ser descrita como interação mais ou menos lúdica das três pessoas hipostasiadas, as quais são como disse afirmadas sem um meio termo que as implique umas pelas outras, já que a noção de grupo nesse caso é meramente formal.

Na medida em que configura um standard do mundo da comunicação, o imaginário psicologista pode ser igualmente detectado na variedade de seriados “hollywoodianos” que fomentam o modelo de um ambiente organizado sob controles tecnológicos. Filmes em que, apesar dos desafios e eventuais peripécias, encontramos invariavelmente um pequeno grupo de personagens principais trocando avaliações uns dos outros, suas preferências e auto avaliações, à maneira dos antigos e influentes psicodramas e dinâmicas de grupo, que promovem a técnica de estimação dos ajuizamentos de valor portados por cada membro de um grupo sobre cada um dos outros, à margem do todo.

A referência do atomismo social

As teorias de relações humanas são formalistas e, como tais, refutadas, dado que tomam por base uma psicologia interpessoal atomista, e promovem a mencionada técnica de estimação dos ajuizamentos de valor portados por cada membro de um grupo sobre cada um dos outros (sociodrama ou psicodrama), e valorizam a imitação.

A realidade social não admite redução a uma poeira de indivíduos idênticos, mas, ao contrário disso, todas as interações, inter-relações, relações com outrem (interpessoais e intergrupais) ou interdependências pressupõem e são sempre fundadas sobre interpenetrações, integrações, participações diretas, fusões parciais em os Nós-outros (atuais ou virtuais), sempre concebidos como totalidades.

Psicodrama e sociodrama são esforços de autores que, embora tenham ultrapassado os erros de Hobbes, pensador este há muito superado, permaneceram parcialmente em desvantagem devido a um psicologismo individualista que os levou a reduzir a realidade social a relações de preferência e de repugnância interpessoais e intergrupais.

O erro de Hobbes não foi ter procurado os elementos microscópicos e irredutíveis de que é composta qualquer unidade coletiva, mas foi, sim, tê-los encontrado fora da realidade social, nos indivíduos isolados e idênticos.

Desse modo se estabeleceu a referência do atomismo social, como o conjunto das concepções individualistas e contractualistas que reduzem a realidade social a uma poeira de indivíduos idênticos [v]. Tal é a referência do psicologismo individualista que situa aos representantes do psicodrama no mesmo nível do formalismo social, com a equivocada redução de qualquer sociabilidade à simples interdependência e interação recíproca.

Nesta limitada orientação, se preconiza como disse que, ao nível psicológico da realidade social, qualquer interesse está concentrado sobre a psicologia interpessoal em detrimento da psicologia coletiva propriamente dita, com desprezo das funções intelectuais e voluntárias em favor do aspecto exclusivamente emotivo da preferência e da repugnância, com o aspecto mais significante da aspiração sendo aí deixado de lado.

 

Uma reflexão crítica à mentalidade resignada

Indiferente à realidade social que esconde de si, nesse imaginário psicologista, a consciência mantém-se mais ou menos fechada sobre si mesma, com tendência à introspecção, lança imagens ao exterior de onde as recebe, de tal sorte que essa perpétua interação de imagens de pessoas e autoimagens, trocadas entre indivíduos atomizados e a beira de alternativas excludentes – ou participar da dinâmica imaginária ou assumir o risco da exclusão –  gira como uma condenação, isto é, diretamente centrada na ansiedade da natureza humana, à margem das ali desprezadas aspirações coletivas.

Embora conformada ao que é preestabelecido na hierarquia organizacional, trata-se certamente de uma mentalidade vinculada à modernização dos procedimentos ou melhoramento dos controles técnicos e tecnológicos no mundo da produção, que se projeta para fora e se fixa nos símbolos padronizados do utilitarismo doutrinário – “o que é utilitário é bom para todos, logo, uma norma é legitima se favorece o que é utilitário”.

Nessa mentalidade tecnocrata, mas conformada, tem-se uma falsa compreensão das relações humanas efetivas nos diversos ambientes além do mundo da organização, tais como o mundo da família e vizinhança, o espaço público, os ambientes sociais e educativos, etc. Falsa compreensão porque, ao invés de percebidos como integrantes de um todo, no caso um Nós-outros, os outros, naquela mentalidade, são reduzidos como disse ao imaginário (psicologista) de cada um, desprovidos estes de integração funcional no todo, carentes de intermediação.

Daí, dessa atomização dos indivíduos, provém a pouca relevância atribuída às experiências efetivas que o grupo acumulou, deixando-se como negligenciáveis, juntamente com a sintaxe existente, o mencionado histórico (acervo) de suas práticas, de seus modelos e seus procedimentos anteriormente desenvolvidos em plano de uma organização.

 

Nem o sistema nem o mercado

Desta forma, em face da recorrência de concepções social-atomistas do tipo da referida “mentalidade resignada”, que tendem como disse para reduzir as relações humanas e sociais ao “imaginário psicologista”, devem compreender que o indivíduo e as relações humanas e sociais efetivas não são identificadas nem ao sistema nem ao mercado; não se reduzem à busca de vantagem diferencial que caracteriza o mercado, nem à hierarquia das desigualdades de posição econômica que alicerça o sistema.

Continua

 

***

 

 

 

POSTAGEM SEGUNDA PARTE

 

 

Relações humanas, modernização e sociabilidade

 

Como se vê, do ponto de vista que predomina nessa matéria, chamada, na esteira do behaviorismo, “ciência do comportamento”, o que designam por “relações humanas” não passa de uma gestão, um modelo de gerenciamento da competitividade entre os indivíduos que se encontram submetidos ao domínio da vantagem diferencial, como categoria de estratificação social econômica, promovida pela hierarquia industrial financeira.

 

el hecho de que las personas tengan interés propio cuando participan en las relaciones sociales no significa busca del lucro, no significa que están allá para ganar más dinero. Ese interés expresa su aspiración al bien estar y puede ser el deseo de realizar obras, participar y ampliar sus conocimientos y experiencias.

Por un lado, como factor que torna jerárquicas las desigualdades, el control capitalista se basa en la recurrencia de la estandarización por vía de extensión de la mercaderización de las relaciones humanas, en cuanto que, por otro lado, y en la medida en que expresa el conjunto de las manifestaciones de sociabilidad, el pluralismo social efectivo se profundiza y torna más consecuente el contrapeso que limita la absorción de las aspiraciones en la categoría de ventaja.

Pueden suponer que la ideología neoliberal en su lema de que “no existe sociedad” (habrá solamente el mercado) incorpora una proyección de la supresión de la reciprocidad en el proceso de unilateralización a impulsar la generalización de las necesidades (que alimenta el mercado en escala global). Por contra, saben que esa ideología no resiste al cotejo de los hechos sociales. La sociedad vive en la consciencia colectiva (la auto-preservación no es solamente instinto individual, sino sentimiento colectivo) y existe en estado de realidad social. Sin embargo, el hecho de que las personas tengan interés propio cuando participan en las relaciones sociales no significa busca del lucro, no significa que están allá para ganar más dinero. Ese interés expresa su aspiración al bien estar y puede ser el deseo de realizar obras, participar y ampliar sus conocimientos y experiencias.

El sociólogo no limita el estudio de las relaciones sociales al punto de vista del control capitalista. Pero es preciso tener en cuenta que hay sí ambigüedad entre sociedad e individuo: ora es la perspectiva individual que hace prevalecer su libertad, ora es la sociedad que impone sus exigencias y engranajes.

Hay un pluralismo social efectivo. La sociedad es un macrocosmos de agrupamientos y formas de sociabilidad y cada agrupamiento tiene obras a realizar, como la moralidad, la educación, el conocimiento, el derecho, aunque el mismo sea un marco social con funciones económicas, basta recordar el ejercicio de la responsabilidad social en las empresas.

 

Os programas de melhoria organizacional.

 

  • Em relação à tecnificação dos controles hierárquicos, que atinge as relações humanas nas organizações, notam certos programas de melhoramento em que prevalece a tentativa para desmontar as sintaxes existentes e impor os esquemas previamente definidos.

 

 

O sociólogo põe em questão a primazia lógica na concepção e no modo de intervenção dos programas de melhoria ou melhoramento organizacional. Quer dizer, não é o conteúdo desses programas em seus propósitos de benfeitorias que suscitam análise sociológica, nem os Standards ou padrões organizacionais que os inspiram, a título de presumidas teorias administrativas.

Trata-se de algo mais amplo. Do ponto de vista sociológico diferencial, nos programas de melhoramento organizacional há um desejo voltado para remanejar e manipular o conhecimento já aplicado nas sintaxes em vigor social, já aplicado nas maneiras de agir e pensar em uso nas ambiências onde as práticas gerenciais se desenvolveram e foram assimiladas no histórico dos planejamentos (acervo de procedimentos).

Falam aqui de “desejo” e não “vontade” para sublinhar que tal desiderato manipulador não é necessariamente calculado ou proposital, mas decorre em parte do utilitarismo doutrinário, e em parte provém de uma exigência da própria automação com seu domínio lógico, que, ambos, compõem a mentalidade de modernização industrial e agroindustrial dominante nas hierarquias organizacionais.

Daí a relevância utilitarista das pesquisas ou levantamentos de informações como ferramentas para a tecnificação do saber, e para a consequente imposição de esquemas prévios, no molde dos formulários que intervêm sobre a compreensão das funções (atribuições, tarefas, hierarquias), e que exige do grupo ativo a submissão aos mapeamentos previamente definidos e muitas vezes estranhos aos vocabulários operativos em uso, contra o que se opõe o sociólogo.

Lembre-se que, no histórico da sociologia, tal orientação diferencial crítica em oposição ao utilitarismo doutrinário tem como disse ascendência em Émile Durkheim.

Com efeito. Caso não participasse das questões públicas e, em sua obra “Da Divisão do Trabalho Social” [vi] , não houvesse assumido oposição sociológica ao utilitarismo doutrinário, anteriormente promovido por Jeremy Bentham (1748-1832) e John Stuart Mill (1806-1873) que gozavam de excepcional prestígio nos meios progressistas da época, como se sabe, Durkheim não seria suscitado à descoberta original do quadro da sociologia da vida moral, a que chegou passando por uma reflexão aprofundada junto com a filosofia de Kant.

Como sabe, fora-lhe essencial sua recusa da “utilidade” como critério último das ações humanas e como base mensurável de análise das questões políticas, sociais e econômicas. Da mesma maneira, ao repelir toda a tentativa em estabelecer um absoluto para a vida moral com imposição aos fatos sociais, tornou-se igualmente indispensável repelir a pretensão utilitarista em reduzir o valor de uma norma unicamente a sua utilidade como critério de felicidade para o maior número. 

 

Pluralismo e Sociabilidade

 

O primeiro desafio para uma compreensão ampliada das relações humanas será ultrapassar a reificação estabelecida nesse termo como modelo de gestão de pessoas e recuperar a percepção do pluralismo social efetivo.

Todo o mundo sabe que os indivíduos mudam de atitude em função dos grupos aos quais pertencem. Os papéis sociais que assumem ou os personagens que encarnam mudam segundo os círculos sociais diferentes a que pertencem. Um pai ou um marido muito autoritário, por exemplo, pode, simultaneamente, desempenhar o papel de um colega particularmente atencioso. Em cada grupo, um indivíduo desempenha um papel social diferente: é ajustador, vendedor, professor…, por outro lado, esse mesmo indivíduo pode desempenhar, nesses grupos, papéis umas vezes sem brilho, outras vezes brilhantes; umas vezes subordinados, outras vezes dominantes; os mesmos indivíduos e os mesmos grupos podem, segundo estruturas e conjunturas sociais variadas, desempenhar papéis muito diferentes e até opostos. Por outro aspecto, existe a variabilidade: os agrupamentos particulares mudam de caráter e não apenas de posições; assumem identidades e diferenças não assumidas em tipos ou subtipos de sociedades diferentes. Na medida em que participam da mudança em eficácia que se opera no interior das estruturas, os grupos, mais do que se deslocarem conforme trajetórias apenas exteriores, se movem nos tempos sociais. Da mesma maneira, as manifestações da sociabilidade tanto quanto as classes sociais mudam de caráter em função das sociedades globais em que estão integrados; inversamente, as sociedades globais se modificam de cima a baixo sob a influência da mudança de hierarquia e de orientação das primeiras.

Desta forma, vê-se que, antes de sua conotação técnica gerencial, a sintaxe do termo “relações humanas” repousa na experiência da sociabilidade, que implica tanto o pluralismo social efetivo quanto a variabilidade. Bem entendido: a sociabilidade como realidade bem delimitada e precisa, cuja característica ressaltante consiste no fato de que existe uma fusão parcial entre as obrigações de uns e as prerrogativas de outros.

Trata-se, na sociabilidade, de um fato que se reconhece a posteriori como indispensável, detectado já no século XVIII por Montesquieu, ao pôr em relevo o sistema de freios e contrapesos, e, posteriormente, por Durkheim, de quem se aprende que a vida em sociedade seria impossível sem a mínima acomodação moral, reconhecida na aludida fusão parcial entre as obrigações de uns e as prerrogativas de outros, a qual é espontaneamente atualizada nas formas de sociabilidade como os Nós-outros – suas expressões na massa, na comunidade e na comunhão – e os Outrem (relações com os outros).

***

 

A referência das ideias e valores e a formação de um sentimento coletivo

 

Os Nós-outros formam um quadro microssocial privilegiado no domínio das significações, dos símbolos, das ideias e valores, dos atos mentais.

 

Caminhando no sentido da sociabilidade, cabe ao sociólogo examinar as significações práticas encaradas, vividas ou desejadas pelos sujeitos – quer tais significações impliquem comportamentos, gestos, modelos, papéis sociais ou atitudes coletivas – para solucionar a questão do que exatamente as exteriorizações ou manifestações coletivas recobrem. 

E só se chega a essa resolução mediante a interpretação das ideias e valores ali implicados, quer dizer, pela aplicação das correlações funcionais que caracterizam a existência do mundo das ideias e valores na realidade social.

De fato, é por via das correlações funcionais que se alcança o psiquismo coletivo, o plano dos atos (intuições e juízos) e estados mentais; o nível das dinâmicas espontâneas das avaliações coletivas, das opiniões, carências, satisfações, esforços, sofrimentos e ideais – cabendo notar que nessas dinâmicas entra em foco justamente o mundo das ideias e valores, inclusive a aspiração ao bem-estar ; o desejo individual e coletivo de realizar obras, participar e ampliar seus conhecimentos e experiências.

 

O mundo das ideias e valores ultrapassa os modelos de êxito

 

Posto que o sociólogo não representa ou projeta os valores, mas os descobre segundo critérios de efetividade, o mundo das ideias e valores é estudado em sociologia diferencial como a camada da realidade social que provoca a coincidência, por um lado, dos quadros de referências lógicas e dos quadros de referências estimativas, e, por outro lado, dos quadros sociais.

Uma consequência dessa efetividade do mundo das ideias e valores, está em que, por exemplo, a aceitação ou a rejeição dos modelos de verificação dos determinismos científicos, por parte de pensadores individuais e de elites técnicas, constitui uma das conjunturas nas quais fatores extra lógicos possivelmente sociológicos podem intervir e influir sobre a validade do pensamento de uma elite [vii]. As proposições dos problemas sofrem a influência dos “contextos sociais” através da mediação dos próprios conceitos operacionalizados nas formulações dos pensadores, os quais existem como significados socialmente condicionados.

Desse modo, o mundo dos valores viabiliza as correlações funcionais entre algumas ideias e valores e os tipos sociais, notadamente os tipos de estruturas sociais (p.ex. as correlações observadas nos tipos de sociedades que dão à luz o capitalismo nos séculos XVII e XVIII e explicam o iluminismo [viii]).

 

As relações humanas em sentido ampliado ultrapassam as suas esquematizações estabelecidas nos modelos de êxito, e cobram consequências nas condutas efervescentes, que, diferenciadas na formação de um sentimento coletivo, muitas vezes afloram em reuniões, assembleias, debates.

 

Um mundo de ideias e valores é descoberto por trás das condutas, das atitudes, dos modelos, dos papéis sociais, inclusive por trás dos símbolos sociais e suas esquematizações cristalizadas em nível dos aparelhos organizados, fato esse que torna indispensável tomar em consideração esse mundo de ideias e valores no estudo das relações humanas.

Tanto mais que essas relações humanas em sentido ampliado ultrapassam as suas esquematizações estabelecidas em modelos de êxito e distribuição de vantagens, e cobram consequências nas condutas efervescentes, que, diferenciadas na formação de um sentimento coletivo, muitas vezes afloram em reuniões, assembleias, debates, seja no âmbito das empresas e aparelhos organizados, seja em nível de agrupamentos de localidades ou demais agrupamentos funcionais.

No âmbito da formação de um sentimento coletivo, nota-se em sociologia que a consciência de classe, assim como as ideologias fazem parte da produção de imagens, da produção de símbolos, ideias, ou obras culturais em que as classes se reconhecem e por quem se recusam reciprocamente. A consciência de classe é uma determinação psíquica incluída na realidade das classes sociais, que engloba os traços gerais da classe considerada, enquanto o psiquismo de classe compreende as particularidades momentâneas locais, como a função de representação.

Em sentido amplo, não há criação de um simbolismo social novo sem a afirmação de ideias e valores que dão a motivação e, mais que isto, a inspiração para as condutas coletivas efervescentes, iluminando-as para que favoreçam a reestruturação; tornando-as forças luminosas e não “correntes cegas”, ao contrário dos que resistem à mudança pelo espontaneísmo social e coletivo.

O sociólogo nota que essas condutas efervescentes, com inspiração na afirmação de ideias e valores – inclusive a aspiração ao bem-estar ; o desejo individual e coletivo de realizar obras, participar e ampliar seus conhecimentos e experiências – quando afirmadas pelos Nós-outros das comunhões ativas ou ativistas – como o são as diversas seitas ou as formações dos partidários obstinados de diversas filiações (religiosos, culturais, políticos, espiritualistas, pacifistas, naturalistas, ecologistas, naturistas, preservacionistas, humanistas, filantrópicos, socialistas-utopistas, comunitaristas [ix], etc.) – manifestam a sua independência em relação aos símbolos, afastando-os, destruindo-os, substituindo-os por criações novas – notadamente em conjunturas ou situações de transição, em escala global ou no interior de grupos e de classes sociais, e isto geralmente sendo afirmado contra os aparelhos organizados.

 

Imitação e Sentimento Coletivo

 

Há quem sustente que o termo “relações humanas” não é reduzido a uma técnica gerencial de pessoas com caráter impositivo, projetada para salvaguardar os interesses de uma organização econômica. O termo teria sua referência em uma aplicação da psicologia interpessoal, cuja categoria central nesse caso seria a imitação, de tal sorte que as relações humanas poderiam ser induzidas por condutas preestabelecidas em regulamentos sem que isso implique um controle coercitivo.

Sem embargo, é preciso levar em conta que a psicologia interpessoal é parte do problema da formação de um sentimento coletivo.

Embora a imitação tenha procedência na consciência coletiva, predomina nesta última a oposição sociológica entre fusão ou interpenetração das consciências e a sua simples interação ou interdependência.

O fenômeno essencial da psicologia coletiva e que a insere no domínio da sociologia é a imanência recíproca e a dialética entre as consciências coletivas e as consciências individuais. A psicologia interpessoal, por sua vez, é como disse parte do problema da formação de um sentimento coletivo.

Portanto, seria ilegítimo designar por imitação a submissão aos modos e aos costumes, assim como a participação na efervescência coletiva. Ambos os casos tratam de manifestações da consciência coletiva.

Na efervescência dos grupos não há nem modelo nem cópia, mas fusão de certo número de estados psíquicos no seio de outro que deles se distingue, e que é o estado coletivo: em vez de imitação se deveria falar de criação, visto que desta fusão resulta algo novo – resulta um sentimento coletivo – sendo este processus o único pelo qual o grupo tem a capacidade de criar.

O fato de alguém se conformar com os modos e costumes, nada tem a ver com imitação, que, neste caso, é somente aparente: o ato reproduzido é tal, não por se ter verificado na nossa presença, ou com o nosso consentimento. Por exemplo, nossa adesão à regra se dá em virtude do respeito inspirado pelas práticas coletivas, e também por causa da pressão da coletividade sobre os Nós-outros, para evitar a dissidência. Ao contrário de imitação, conformar-se com os costumes é estar consciente da existência da consciência coletiva e inclinar-se perante ela.

 

A Imitação e as Relações com os outros

 

É falsa a pressuposição de que as consciências individuais perfeitamente isoladas podem entrar em contato independentemente de qualquer recurso à consciência coletiva. É igualmente falso que a reprodução imitativa pode não ser reduzida a fenômenos de reprodução automática ou “contágios” – aplicáveis aos animais como ao homem, e que se afirmam fora da vida social. Sem embargo, tal reprodução imitativa pode ser fundamentada em signos e símbolos [x].

A respeito dessa terceira pressuposição, podemos dizer que, ao se imitar, por exemplo, não o “espirro” ou o temor de outro, mas sim os seus gestos, as suas condutas conscientes, as suas opiniões, os seus atos refletidos, os seus juízos, etc. a imitação pressupõe a comunicação das consciências por meio de sinais e símbolos – e essa comunicação simbólica pressupõe por sua vez a fusão ou a interpenetração prévia das consciências, isto é: pressupõe uma consciência [coletiva] que dê aos signos simbólicos significações idênticas para os participantes.[xi]

►Mas não é tudo. Gurvitch sublinha que nenhum contato, nenhuma interdependência, nenhuma imitação distinta do simples “contágio” são possíveis entre as consciências individuais de outra forma que não seja no plano ou no horizonte da consciência coletiva. Durkheim se equivoca quando, por efeito de sua argumentação contra Gabriel Tarde, levando-o a reduzir a imitação à reprodução automática, chega à conclusão de que a psicologia interpessoal é inexistente e não passa de outro nome para a psicologia individual tradicional.

Por contra, na atualidade, já se reconhece dentro da sociologia uma psicologia interpessoal e intergrupal, em conexão com a psicologia coletiva. Nota-se que a existência dos Nós-outros, por um lado, dos vários Eu (diferenciados na reflexão sobre a experiência de cada um como personagens em seus círculos e papéis sociais) e de outrem, por outro lado, leva a reconhecer as relações mentais com os outros, isto é, as relações psíquicas entre o Eu, Tu, Ele, sublinhando que essas relações mentais pressupõem a realidade muito mais complexa e rica das próprias manifestações da sociabilidade, como os Nós-outros em seu conjunto em ato.

Desta forma, o estudo da imitação põe o problema da realidade do outro, o alter ego, assim como o problema da validade dos signos e símbolos, cuja solução conduz necessariamente ao estudo sociológico dos Nós-outros na vida dos grupos sociais, e ao estudo dos atos e estados mentais que são manifestações da consciência coletiva.

Notem que a imitação e o alter ego resultante são igualmente um aspecto ou direcionamento da mesma atividade mental, no caso as preferencias subjetivas. Em consequência, não há dualismo com o imaginário psicologista. Neste último, o aspecto interpessoal das relações sociais vem a ser limitado às séries de avaliações arbitradas nas preferências subjetivas ou veleidades projetadas sobre os outros, da mesma maneira que a imitação.

 

 

Quadro microssocial

 

►Representando um dos primeiros focos da dialética na realidade social os Nós-outros formam um quadro microssocial privilegiado no domínio das significações, dos símbolos, das ideias e valores, dos atos mentais. Dão foco às atitudes e estas, por sua vez, são conjuntos, configurações sociais (Gestalten) virtuais ou atuais que implicam dentre outros níveis um quadro social grupal ou global, em que os símbolos sociais se manifestam e escalas particulares de valores são aceites ou rejeitadas [xii].

 

Note-se que o diferencial da colocação do mundo dos valores em perspectiva sociológica é a constatação de que os Nós-outros são constituídos em quadros sociais e não se dissolvem em um gênero abstrato, em um conjunto sem ligação entre exemplares idênticos, o que aconteceria se existisse identidade entre os Eu participantes [xiii].

 

Daí a indispensabilidade do estudo sociológico dos Nós-outros [xiv].

 

►A microssociologia foi fundada e desenvolvida por Georges Gurvitch a partir da crítica imanente a Durkheim e aos seus “tipos de solidariedade” [xv].

Sendo entrelaçada em fato aos estados mentais, a “solidariedade” ou, em termos mais adequados, a sociabilidade constitui o complexo fundamental da consciência coletiva, portanto exprime o fato social indiscutível da interpenetração virtual ou atual das várias consciências coletivas ou individuais, sua fusão parcial verificada em uma psicologia coletiva dentro da sociologia.

 

Fusão Parcial das consciências

 

►Descrevendo desta forma a fusão como resultante, a microssociologia estuda a sociabilidade em dois tipos: (a) – a sociabilidade por fusão parcial nos Nós-outros, cujos graus são a Massa, a Comunidade, a Comunhão; (b) – a sociabilidade por oposição parcial entre “Eu, Tu, ele, aquele”, que são as formas de relações com outrem.

Um Nós-outros constitui um todo irredutível à pluralidade dos seus membros, mas imanente às suas partes – daí representar um dos primeiros focos da dialética na realidade social, cuja variabilidade é da competência do sociólogo pôr em relevo. 

Essa imanência recíproca varia p. ex. caso se trate de Nós-outros semiconscientes ou de Nós-outros conscientes, Nós-outros passivos ou Nós-outros ativos, Nós-outros em luta ou Nós-outros em paz.

A força de atração exercida pelos Nós-outros sobre os Eu que neles participam encontra-se em relação de proporcionalidade direta com a intensidade da fusão constituindo esses Nós-outros.

A força de pressão exercida pelos Nós-outros sobre os seus membros encontra-se, pelo contrário, em relação de proporcionalidade inversa com a intensidade da fusão.

Evidentemente, tratam-se forças psicossociológicas diferenciadas e não-equivalentes de tal sorte que as resultantes dessas variações na atração e na pressão têm qualidades diferentes e caracterizam as formas de sociabilidade concorrentes.

No caso das massas a pressão encontra-se no máximo – em consequência a fusão não atinge mais do que um grau muito fraco em intensidade e em profundidade.

No caso das comunhões a atração está no máximo e a pressão no mínimo – em consequência as fusões são mais intensas e mais profundas.

As variações não são limitadas às massas ou às comunhões. Caso consiga integrar uma porção maior ou menor do que existe de mais interno e de mais pessoal nos Eu e nos outros, um Nós-outros afirma-se como um foco de intimidade e calor, cujos graus, porém, podem descer muito baixo ao ponto de reduzi-lo ao estado de pura virtualidade e afrouxar a participação dos membros em passividade quase completa – a própria fusão pode ser inconsciente ou não se realizar além da superfície.

Gurvitch observa que se existisse identidade entre os Eu participantes em os Nós-outros, estes não poderiam como disse constituir-se em quadro social (o “todo concreto”) e tenderiam a dissolverem-se num gênero abstrato, num “conjunto sem ligação entre exemplares idênticos”.

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Os Eu participantes não idênticos [xvi]

 

►A interpenetração ou fusão parcial pressupõe ao mesmo tempo uma dessemelhança e uma semelhança (uma afinidade).  Essa afinidade torna-se mais forte na medida em que cresce a dessemelhança e que ao mesmo tempo se intensifica a participação no conjunto.   Portanto, as fusões parciais nos Nós-outros não podem atingir em imanência e em intensidade os graus que impulsionam no sentido da individualização ou no sentido da afinidade crescente dos Eu que nela participam. Tal a impossibilidade em afirmarem-se identidade entre os Eu participantes.

Na sociologia diferencial as ligações dos Nós-outros às intuições coletivas neles virtualmente implicadas afirmam-se em casos precisos e não em maneira geral, não se podendo ligá-los todos às intuições coletivas atuais – já que as semelhanças e as próprias dessemelhanças podem tomar as manifestações as mais variadas.

Quer dizer, é a imagem da interpenetração e da fusão parcial de várias consciências entreabertas (admitindo uma escala infinita de graus de abertura) que faz melhor sobressair o aspecto mental de um Nós-outros.

Os casos em que as intuições coletivas se tornam atuais exigem, além do mais alto grau em fusão e em atração (para os participantes), como nas comunhões, o seguinte:

(a) – que essas comunhões, no “estado de vigília, de efervescência e de excitação”, se apreendam e se reafirmem em si próprias (como, p.ex., no caso das comunhões situadas perante situações inesperadas, ou tomadas numa luta exacerbada com outras comunhões que ameaçam a sua existência);

(b) – que essas comunhões consigam apreender ideias e valores novos, ou criar obras coletivas inéditas.

No primeiro caso, Gurvitch nota que a atualidade das intuições coletivas pode ser verificada pelo fato de que as mesmas ultrapassam os signos e os símbolos (os quais contribuem para essa intensificação da fusão em um Nós-outros).

Entretanto, é admitida a raridade das intuições coletivas atuais.  Quer dizer, não se encontra com frequência os Nós-outros no estado efervescente e excitado apreendendo-se e confirmando-se como tais, ou conseguindo entrever ou criar novas ideias e valores e suscitar situações totalmente inéditas.

 

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A afinidade de realidade social e esfera simbólica

 

Neste ponto, devemos retornar ao problema do simbolismo.

Em sua definição descritivo-compreensiva do pensamento simbólico como dotando o homem da nova capacidade para reajustar constantemente seu mundo humano, a análise filosófica [xvii] afirma o ponto de vista da mobilidade e da variabilidade levando-nos a relembrar que a variabilidade é pesquisada com prioridade em sociologia.

Quer dizer, os símbolos são estudados em sociologia como símbolos sociais, portanto, existindo como representações que só em parte exprimem os conteúdos significados, e servem de mediadores entre os conteúdos e os agentes coletivos e individuais que os formulam e para os quais se dirigem, tal mediação consistindo em favorecer a mútua participação dos agentes nos conteúdos e desses conteúdos nos agentes. Os símbolos sociais constituem tanto uma representação incompleta, uma expressão inadequada, quanto um instrumento de participação.

Segundo Georges Gurvitch [xviii], os símbolos sociais revelam velando e ao velarem revelam, na mesma maneira em que, impelindo para a participação direta no significado, travam-na.

Portanto, os símbolos constituem uma forma de comportamento diante dos obstáculos, sendo possível dizer que a função simbólica é inseparável do homem tomado coletiva ou individualmente, de tal sorte que os Eu, Nós-outros, grupos, classes sociais, sociedades globais são construtores inconscientes ou conscientes dos símbolos variados.

Na análise sociológica da esfera simbólica do mundo humano acentuam-se as seguintes constatações: (1) – a imensa variabilidade decorrente da ambiguidade fundamental do simbólico; (2) – os planos subjacentes da realidade social ela própria são dependentes do simbolismo na medida em que, justamente, simbolizam o todo indecomponível dessa realidade seccionada; (3) – ao mesmo tempo, os símbolos sociais mais especialmente ligados às obras de civilização [xix] funcionam como argamassa de colagem, juntando as descontinuidades entre os níveis seccionados; (4) – os símbolos se apoiam em experiências coletivas e atos criadores dos Nós-outros , grupos, sociedades, que (a) – constituem uniões prévias, as quais, por sua vez, tornando possível a comunicação, (a1) – ultrapassam a esfera simbólica tornando-a igualmente possível.

Nada obstante, cabe lembrar que em sociologia não se procede a reduções que não sejam procedimentos dialéticos. Constata-se que a esfera simbólica não passa de uma camada em profundidade da realidade social dentre outras.

A redução das ideias e valores e das obras de civilização ao plano do pensamento simbólico é característica da análise filosófica. Esta as destaca da realidade social e do empirismo efetivo, visando desse modo estudá-las mediante a acentuação de sua autonomia relativa como formas simbólicas dotadas de diferenças específicas.

Cabe, pois, à sociologia esclarecer que a mobilidade provém exatamente do caráter mediador dos símbolos impeli;ndo para a participação direta no significado [xx].

Desta forma, nos resultados da análise e descrição sociológica observa-se que os símbolos são muito mais indispensáveis aos Nós-outros que na realidade social servem de focos às intuições intelectuais.

Por sua vez, os Nós-outros que servem de focos às ações inovadoras e criadoras (intuições da vontade) são os menos dependentes de qualquer simbolismo.

Entretanto, posta a raridade das intuições coletivas atuais, já que como disse não se encontra com frequência os Nós-outros no estado efervescente e excitado apreendendo-se e confirmando-se como tais, ou conseguindo entrever ou criar novas ideias e valores e suscitar situações totalmente inéditas, compreende-se que a maior parte dos Nós-outros existentes na realidade social implica, portanto, unicamente intuições coletivas virtuais e não atuais.  Significando que:

¶Um grande número de Nós-outros permanece em estado inconsciente ou de sono e podem mesmo uma vez tornados conscientes persistir na sua passividade.

¶O elemento mental dos Nós-outros pode consistir na atualidade não dos atos (intuição e juízo), mas de estados; p.ex.: (a) os Nós-outros podem servir exclusivamente de quadros sociais à percepção ou representação coletivas, à memória coletiva, etc.; (b) eles podem afirmar-se como focos de sofrimentos e de satisfações, (c) focos de atração e de repulsão, (d) de tristeza ou de alegria coletivas; (e) focos enfim de veleidades e de esforços coletivos.

Em todos esses casos o papel desempenhado pela esfera simbólica no funcionamento dos Nós-outros permanece importante.

 

A Identificação heteropática

 

►Neste sentido compreende-se melhor a questão da identificação dos Eu participantes em um Nós-outros.

Certamente é indispensável distinguir nitidamente entre a sociabilidade por fusão parcial nos Nós-outros e os fenômenos patológicos de identificação heteropática e idiopática.

Gurvitch examina este problema a respeito dos argumentos de Durkheim em favor da coincidência total entre consciência coletiva e consciência individual pelo predomínio exclusivo da solidariedade mecânica [xxi].

Observa que o mesmo vale unicamente como um argumento que tem em vista a identificação heteropática – excluindo então a identificação idiopática, que seria o aniquilamento da consciência coletiva na consciência individual.

Sem embargo, a identificação heteropática com a consciência coletiva sendo admitida, repelida fica, todavia, que tal identificação possa servir de base para explicar a realidade específica da consciência coletiva. Isto porque tal identificação só é possível na medida em que a consciência coletiva já exista!

Estudado em psicologia infantil, no fenômeno da identificação em vez de duas ou mais consciências só uma resta; (a) na identificação heteropática se afirma a consciência com a qual nos identificamos; (b) na identificação idiopática se afirma a consciência do sujeito que identifica consigo próprio a Outrem ou a um Nós-outros [xxii].

Note-se que o fenômeno da identificação nada tem a ver nem com a identidade dos conteúdos nem com a identidade das próprias consciências, nem, finalmente com a ligação das consciências por uma participação recíproca [xxiii] .

►Apesar dessa distinção o sociólogo admite que em alguns agrupamentos e sociedades se manifestem casos intermediários, isto é, casos onde a separação entre o aspecto mental dos Nós-outros e os fenômenos de identificação é menos nitidamente acentuada que noutros casos.  Assim, nos são dados os exemplos seguintes:

Os Nós-outros constituídos por membros de seitas em êxtase místico, por iniciados nos mistérios antigos, por fiéis de um chefe político, por participantes em multidões exaltadas, podem um pouco aproximar-se dos fenômenos de identificação patológica, respectivamente, do homem com o seu Deus, com o seu Chefe, com o seu Herói, com o seu Pai, etc.

Nota-se que o psiquismo dos Nós-outros onde predominam estados emotivos está mais sujeito ao deslize para esses fenômenos de identificação do que a mentalidade dos Nós-outros onde predominam os estados intelectuais ou voluntários.  Bem entendido, os Nós-outros que servem de focos aos atos mentais estão mais preservados do que os Nós-outros que servem exclusivamente de quadros aos estados mentais.

 

A mediação comunicativa

 

Em acordo com a teoria sociológica de Georges Gurvitch compreende-se que todos os Nós-outros se encontram fundados em intuições coletivas no estado virtual (não traduzidas em juízos): “sem a presença das intuições coletivas virtuais, a existência dos Nós-outros seria impossível, como seria impossível a ação dos símbolos que facilitam o funcionamento dos Nós-outros e levam os seus membros à participação”.

Com efeito, a análise sociológica mostra que “a própria imanência dos Eu ao Nós-outros e dos Nós-outros ao Eu não pode efetuar-se se não for a partir de uma base intuitiva, mais não seja que virtual; é nisso precisamente que consiste em última análise a fusão parcial ou interpenetração”.

Ao mesmo tempo, quaisquer que sejam, todos os Nós-outros funcionam como precedendo qualquer mediação comunicativa por meio de sinais e símbolos, que poderia em seguida contribuir para sua conservação, sua consolidação e o seu reforço – o exemplo da língua impondo-se aqui.

 ***

 

 

 

 

 

 

 

Notas

 

[i] O imaginário psicologista é reconhecido nas chamadas “discussões de relação” (DR), tidas por psicólogos como dificuldades para a autoajuda das pessoas.

[ii] Cf. Wright Mills, Charles e Gerth, Hans: Caráter e estrutura social: a psicologia das instituições sociais, tradução Zwinglio Dias, Rio de Janeiro, Editora Civilização Brasileira, 1973, 508 págs).

[iii] Ver Nota i.

[iv]  Ibid. ibidem.

[v] El atomismo en la filosofía social de Hobbes es subsidiario del contractualismo. El atomismo social dispensa tal ligación. La visión de la sociedad como constituida por individuos para la realización de fines que son primariamente fines individuales se aplica al atomismo social tanto cuanto al utilitarismo. De ahí se hablar que “no existe tal cosa como sociedad”. De ahí que esa proposición proyecte tanto el atomismo social cuanto el utilitarismo. Cf. Mark Redhead: Charles Taylor: Thinking and Living Deep Diversity, Rowman & Littlefield, 2002. Apud Lumier, Jacob (J.): “La Sociología, los Derechos Humanos y la Deconstrucción de las Desigualdades”, Madrid, Bubok Publishing, 2014.

[vi] Durkheim, Émile  [1858-1917 : De la division du travail social. (1893), Op. Cit.

[vii] Wright Mills, Charles (1916 – 1962): ‘Consecuencias Metodológicas de la Sociología del Conocimiento’, in Horowitz, I.L. (organizador): ‘Historia y Elementos de la Sociología del Conocimiento – tomo I ’, artigo extraído de Wright Mills, C.: ‘Power, Politcs and People’, New York, Oxford University Press, 1963; tradução Noemi Rosenblat, Buenos Aires, EUDEBA, 3ªedição, 1974, pp.143 a 156.

[viii] Ver Lumier, Jacob (J.): “O Sociólogo e a Sociologia”, Ebook Issuu 43 págs. Novembro 2009, link: http://sociologia-jl.blogspot.com/2009/12/o-sociologo-e-sociologia-ebook-issuu.html

[ix] “Comunitaristas” é um termo que se refere aos praticantes do sentimento comunitário em oposição à conduta particularista.

[x] Aspecto este desenvolvido pelo notável psicólogo social americano G.H. Mead em sua obra “Mind, Self and Society”, de 1934.

[xi] Em sociologia, a consciência coletiva exprime o fato social indiscutível da interpenetração virtual ou atual das várias consciências coletivas ou individuais, sua fusão parcial verificada em uma psicologia coletiva.

[xii] Cf. Gurvitch, Georges (1894-1965): “A Vocação Actual da Sociologia – vol. I: na senda da sociologia diferencial”, tradução da 4ª edição francesa de 1968 por Orlando Daniel, Lisboa, Cosmos, 1979, 587 págs. (1ª edição em Francês: Paris, PUF, 1950), p.217.

[xiii] A sociologia dialética combate o preconceito filosófico que afirma um Eu genérico idêntico em todos, legado dos filósofos do século XVIII como Rousseau e Kant.  Cf. Gurvitch, Georges: “Los Marcos Sociales del Conocimiento”, trad. Mário Giacchino, Caracas, Monte Avila, 1969, 289 pp (1ª edição em Francês: Paris, PUF, 1966).

[xiv] Ver Lumier, Jacob (J.): “A Dialética Sociológica, o Relativismo Científico e o Ceticismo de Sartre“, Ebook Issu 50 págs. Nov. 2009 link:

http://sociologia-jl.blogspot.com/2009/12/dialetica-sociologica-o-relativismo.html

[xv] Ver Lumier, Jacob (J.): “A Microssociologia na Formação Social”, E-book Issu, …

[xvi] Alguns dicionaristas reconhecem que em acepção substantiva e não pronominal, para designar a presença individual tomada pelo aspecto de sua consciência ou de sua subjetividade, o plural de Eu, além da forma Nós-outros, admite a forma “Eus” que, todavia, não adotamos.

[xvii] Cf. Cassirer, Ernst: “La Philosophie des Formes Simboliques (La Conscience Mythique)”, versão francesa por Jean Lacoste, Paris, Les Éditions du Minuit, 1972, 342 pp., (1ªedição em Alemão: 1925).

[xviii] Gurvitch, Georges et al.: “Tratado de Sociologia“, volumes 1 e 2, revisão Alberto Ferreira, Porto, Iniciativas Editoriais, 1964 (vol.1), 1968 (vol.2). (1 as edições em Francês: Paris, PUF, 1957, 1960, respectivamente).

[xix] Os símbolos da linguagem, conhecimento, moralidade, arte, religião, direito, incluindo as idéias e valores que essas obras de civilização implicam (mediante redução ao plano do pensamento, a análise filosófica as estuda em sua autonomia relativa como formas simbólicas dotadas de diferenças específicas).

[xx] Ver Lumier, Jacob (J). “Cultura e consciência coletiva-2“, Web da OEI, Junho 2009, pdf 169 págs. link: http://www.oei.es/cienciayuniversidad/spip.php?article388

[xxi] Gurvitch, Georges (1894-1965): “A Vocação Actual da Sociologia” – vol. 1 e vol. 2, Lisboa, Cosmos, 1968 / 1979.

[xxii] Os papéis sociais podem ser reificados e tornarem-se alheios ao reconhecimento, de tal sorte que o setor da autoconsciência que foi objetivado num papel é então também apreendido como uma fatalidade inevitável, podendo o indivíduo estranhado negar qualquer responsabilidade no círculo das suas relações (no sentido da identificação idiopática afirmando a consciência do sujeito que identifica consigo próprio a Outrem ou a um Nós-outros). Quer dizer, “a reificação dos papéis estreita a distância subjetiva que o indivíduo pode estabelecer entre si e o papel que desempenha”. Cf. Berger, Peter e Luckmann, Thomas: “A Construção Social da Realidade: tratado de sociologia do conhecimento”, trad. Floriano Fernandes, Rio de Janeiro, editora Vozes, 1978, 4ª edição, 247 págs. (1ª edição em Inglês, New York, 1966).

[xxiii] Igualmente, a alternativa entre a identidade dos conteúdos das consciências e a identidade dessas mesmas consciências tampouco pudera servir para explicar a realidade específica da consciência coletiva, haja vista o seguinte: (a) – é evidente que a identidade de certos conteúdos e mesmo de todos os conteúdos das consciências individuais não as faz em modo algum fundirem-se em uma nova unidade; (b) – nenhum individualista jamais negou a presença de certos conteúdos idênticos nas consciências particulares, o que não impediu que elas fossem consideradas como isoladas umas em relação às outras.

Os direitos humanos como mentalidade

 

 

Algumas pessoas formam uma ideia equivocada de que, se os outros conquistam direitos, elas irão perder o que acreditam ser seus direitos, mas que, em realidade, são uns privilégios. Os direitos humanos são uma prática de vida, um estado da mente. À criança se deve ensiná-los desde a primeira infância.

(Margarida Genevois, socióloga).

 

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A Educação é essencial para a realização dos direitos humanos e as liberdades fundamentais – compreendidas especialmente na primeira geração –, e contribui significativamente para promover a igualdade, prevenir os conflitos e as violações, e fomentar a participação e os processos democráticos.

 

A longo prazo, todas as pessoas aprendem a ser tolerantes, a respeitar a dignidade dos demais e os meios e arbítrios de assegurar esse respeito em todas as sociedades.  (Súmula da mentalidade dos Direitos Humanos).

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Diante daquela equivocada tese de que o domínio do aparelho de Estado prevalece, ademais do que foi destacado em favor do marco da sociedade democrática, deve notar o seguinte: (a) por ser baseada nas liberdades humanas essenciais, uma mentalidade dos direitos humanos [os direitos humanos são uma prática de vida, um estado da mente] supõe o reconhecimento de que, uma vez situados na sociabilidade humana como aspectos da vida espontânea do direito – desta maneira incluídos no ambiente microssociológico que reproduz o equilíbrio parcial entre as prerrogativas de uns e as obrigações de outros –, juntamente com as demais manifestações da consciência – tais como a linguagem e a intervenção do conhecimento –, os direitos humanos tomam parte nas forças produtivas latu sensus  e, desta forma, (b) desempenham papel constitutivo nos próprios quadros sociais.

Isto significa não somente que, por diferença dos apelos aos temas ideológicos ou representacionais (papel do Estado Nacional, etc.): (1) as análises da realidade social podem e devem ser aplicáveis não somente ao estudo dos obstáculos efetivos (tais como as próprias hierarquias sociais múltiplas, postas como produtos e não produtoras dos equilíbrios sociais – ver nota [i]), bem como à descoberta das tendências para a universalização dos direitos humanos, ademais de que, (2) de essa aplicação depende em larga medida a eficácia e o alcance efetivo dos direitos humanos.

A consequência de tal constatação é que o conhecimento dos determinismos sociais, especialmente a descrição do pluralismo efetivo da realidade social, se torna mais relevante, e, da mesma maneira, o ensino da sociologia se revela de grande utilidade no estudo, educação e formação em direitos humanos.

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[i] Disse que a consciência faz parte das forças produtivas em sentido lato, e desempenha um papel constitutivo nos próprios quadros sociais, seja como linguagem, seja pela intervenção do conhecimento, seja ainda como direito espontâneo. Decorre que os quadros sociais compreendem os modos de ação comum atualizados nas manifestações da sociabilidade, nos agrupamentos particulares, nas classes sociais e nas sociedades globais. Decorre daí igualmente que os quadros sociais exerçam um domínio, um envolvimento sobre a produção material e espiritual que se manifesta em seu seio, o qual se prova mediante as correlações funcionais. Verificam-se igualmente, por efetividade dos próprios conjuntos práticos, vários níveis diferenciados na realidade social, cuja interpenetração complexa pode ser descrita mediante os procedimentos dialéticos de complementaridade, compensação, implicação mútua, ambiguidade, ambivalência reciprocidade de perspectiva e até polarização. Quer dizer, existem os escalões objetivados da realidade que, no marco da dialética das alienações, estão compreendidos como os níveis múltiplos, em conformidade com a constatação de que, entre esses níveis, tratam relações inteiramente variáveis, alternando e combinando, por um lado, os graus de cristalização e, por outro lado, os graus de espontaneidade, pelo que, dessa forma, tais níveis vêm a constituir as forças dinâmicas da mudança.

Em termos mais simples, e a partir desses escalões assim compreendidos como níveis múltiplos, se afirma o conhecimento de que não existe tipo de sociedade que alcance uma coesão sem choques; de que nada se resolve nunca em uma sociedade, pelo menos não definitivamente, há somente graus de coesão e de disparidade. As hierarquias em que esses níveis múltiplos tomam parte se mostram também hierarquias múltiplas, que variam em cada sociedade e em tal ou qual tipo de estrutura – seja estrutura parcial ou global – nas quais a descontinuidade prevalece. O aspecto que os torna múltiplos revela a variabilidade intrínseca e irredutível dos níveis de realidade social, e das respectivas hierarquias funcionais. Em razão disto, o critério da descontinuidade prevalece.

Seja como for, fundamental é a constatação de que a realidade social é integrada, e que, graças ao fato dessa integração, os psiquismos individuais e coletivos transferem suas energias subjetivas para a realidade de conjuntos, por efetividade dos próprios conjuntos práticos, de tal sorte que a realidade social toda inteira vem a ser penetrada de aspiração aos valores (subjetividade coletiva). Ao deixar sem reconhecimento a subjetividade como coletiva e como fato de experiência humana, torna-se difícil compreender e aprofundar, em sociologia, a dialética das alienações descoberta por Karl Marx. Tal é o caso de um notável pensador do século XX, Jean Paul Sartre, cuja obra resiste ao fato de que a dialética tenha fundamento na negação do conceitual, como efetividade da experiência humana, e faz vista grossa para a variabilidade irredutível da realidade social (Mais sobre a crítica sociológica à dialética de Sartre em Lumier, Jacob (J.): “Comunicação e Sociologia” – Artigos Críticos / 2ª Edição modificada, 149 págs. – ISBN: 978-84-9981-937-2; Bubok Publishing S.L- Madrid, España, 2010, p. 91 a 97).