Las bases sociológicas de la positivación de los derechos humanos: Presentación

 

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Una mirada para sustituir los temas ideológicos

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 Río de Janeiro / RJ, Brasil, Agosto 2015.


Presentación

El presente trabajo ha sido concebido en el marco de una actividad autónoma de cooperación junto a la sesión “Civil Society” de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, especialmente la promoción del “World Program  for Human Rights Education – WPHRE”, en su tercera fase, de que el primer fruto ha sido publicado en mi libro bajo el título “Sociología y Derechos Humanos: Introducción”, concluido en julio de 2014 [1].

Ese nuevo escrito es el fruto de una tentativa de relacionar el enseño de los derechos humanos con los estudios en sociología internacional. Su orientación tiene por resultado que abandonar el “estado-nación” como unidad de análisis sociológico, y evitar el “nacionalismo metodológico”, no es una consigna artificial sino una exigencia de la realidad social e histórica.

El problema sociológico investigado en convergencia con los derechos humanos pone en relieve el pluralismo social efectivo y la variabilidad, como características favorables a la internacionalización de la sociología, y hace el teste de una conjetura explicativa sobre el desmembramiento de la soberanía del Estado Nacional en entornos capitalistas, ya señalada por Durkheim.

Además, en el objeto mismo de ese trabajo, se lleva en cuenta que el legado de la época burguesa reenvía a un espacio público unilateralizado, correlato de la generalización de las necesidades.  En consecuencia, una unidad de análisis como el Estado nacional se muestra muy figurativa y demasiado estricta, especialmente en una situación de globalización y de tecnologías de información y comunicación.

Finalmente, el contenido aquí ofrecido ha sido desarrollado a partir de una comunicación al Congreso de la International Sociological Association –ISA en 2014 [2].  En su versión original, por su vez, el presente trabajo se encuentra presentado para publicación como artículo junto al periódico “International Sociology”.

Jacob (J.) Lumier

SSF-RIO Fórum de Sociologia < http://ssfrjbrforum.wordpress.com/  

j.lumier@gmail.com

 

Sumario

Abstract. 1

Parte 1… 1

Aspecto histórico del interés sociológico por los derechos humanos.. 1

El punto de vista evolutivo.. 1

El desmembramiento de la soberanía.. 1

El pluralismo social efectivo.. 1

Parte 2… 1

Una visión sociológica para la situación de desmembramiento del Estado o el Estado Unilateralizado.. 1

(…)

 

Abstract

Este artículo trata del enseño de los derechos humanos y de la construcción de una visión sociológica para sustituir los temas ideológicos. Presupone el recurrente debate público en la imprenta latinoamericana en esa materia. Desarrolla un abordaje sociológico diferencial desde el punto de vista del pluralismo social efectivo sobre los cuatro planos de análisis e interpretación siguientes: (1) los aspectos sociológicos que implican la positivación de los derechos humanos; (2) la percepción de las dinámicas de frenos y contrapesos; (3) la experiencia pluralista del desmembramiento de la soberanía del Estado Nacional en entornos capitalistas, a partir del tipo de sociedad democrática liberal; (4) en ese cuadro, examina la aplicación del modelo lefebvriano de espacio público unilateralizado, como característica de la época burguesa (siglos XVI al XIX).

Palabras llave: deseo de pose, estructura de clases, función de representación, psiquismo colectivo, fetichización de la mercadería.

 

Parte 1

Aspecto histórico del interés sociológico por los derechos humanos

El punto de vista evolutivo

 

La reflexión de los sociólogos sobre los derechos humanos ha sido posta en relieve, hacía los años noventa, cuando el carácter histórico, en esa materia, vino a ser defendido.  Emergió el aspecto crítico de que existe una grande distancia, una paradoja entre el que está escrito en las Declaraciones y el que hay de concreto.  Para realizar los derechos humanos, decían, no bastaría solamente estar inserido en los textos internacionales y en la mayoría de las constituciones de los países occidentales, sino que sería fundamental la acción protectora del Estado [Bobbio, 1992].

En consecuencia, la positivación de las diversas declaraciones de derechos ha sido valorizada como un proceso evolutivo que aún ocurre. Admite, por ejemplo, que la Declaración Americana (1776), la Declaración Francesa (1789) y la Declaración de la ONU [United Nations, 1948] al influenciaren el surgimiento de las protecciones jurídicas de los derechos fundamentales en diversos países, despuntaran como alternativas para garantizar la estabilidad en la tutela de los derechos tenidos como esenciales a la condición humana [Oliveira, 2007].

Sin embargo, como saben los sociólogos, la afirmación constitucional de los derechos humanos lleva los Estados a reforzar su compromiso con la creación de programas sociales que protegen contra la inseguridad, la desigualdad y la pobreza.

La conocida propagación de reformas constitucionales en una larga centena de países, en los años noventa, con incorporaciones de los derechos humanos [i], es un formidable esfuerzo colectivo a demonstrar por si sólo innegable tendencia para la universalización de eses derechos. Se trata de una expansión crítica que había creado un plano autónomo, igualmente crítico, alrededor de la globalización de la economía, la cual acarreó pobreza, desestabilización de las formas de vida, inmigración y decadencia del medio ambiente. Ciertamente aquella propagación de reformas constitucionales significó innegable refutación del posicionamiento contrario a los derechos humanos como sistema de frenos y contrapesos eficaces.

Por su vez, la aplicación del punto de vista evolutivo cautivó los sociólogos, que investigan las tres o cuatro generaciones de derechos y los respectivos ambientes históricos estructurales [Frezzo, 2011]. Entretanto, cuando uno contempla el debate público en la imprenta latinoamericana en esa materia, puede observar una supervaloración de los temas ideológicos del Estado Nacional, incluso, sobre las llamadas transformaciones del mismo en la segunda mitad del siglo XX, con reflejo en el enseño, y, además, con exagerado destaque para el histórico del cruzamiento de las ideologías políticas, que, de alguna manera supuesta, hubieran favorecido el fomento de los derechos humanos [ii].

La solidaridad internacional

Sucede que la acción protectora estatal es inserida en cuadros sociales y ambientes culturales determinados, de tal suerte que el problema de los obstáculos a la universalización de los derechos tiene primacía en sociología.

De esa forma, hay varios aspectos sociológicos que preceden e implican la positivación de los derechos humanos, cuyo enseño no debe ser limitado a una lectura por el enfoque del Estado Nacional y sus transformaciones.

Uno de esos aspectos, que tiene la democratización y el pluralismo social por base, sobresale cuando se retiene la presencia del sociólogo en el fomento de los derechos humanos, la cual es muy avanzada, y, bajo la intervención de Georges Gurvitch, remete a los años cuarenta, en los antecedentes de la Declaración de la ONU [United Nations,1948].

Con efecto, durante su estadía en Estados Unidos, Gurvitch publica, en 1942, Sociology of Law.  Poco después, en 1944, motivado por el prestigio que le asistía en los asuntos sobre las relaciones entre los Estados Unidos y la URSS [Moreau de Bellaing, 2005], gracias a su amistad con Eleonor Roosevelt y bajo la inspiración de la perspectiva de solidaridad internacional del Discurso de las Cuatro Libertades de F.D. Roosevelt [iii], él se atreve a publicar una Declaración de los Derechos Sociales, en la cual trata de describir algunos modelos de democracia industrial, [Gurvitch, 1944].

Al poner en relieve que la realización de los derechos humanos es viable en razón de la sociabilidad y de su característica fusión parcial entre las obligaciones de unos y las prerrogativas de otros, Gurvitch admitió el propósito de tornar operativa la perspectiva de solidaridad internacional, y afirmó la primacía de las sociedades globales.

Acrece que, por dislocar el foco para más allá del Estado,  esa orientación tiene reciprocidad con la constatación por Durkheim de la decadencia del Estado como unidad jurídica particular y del contracto, en el pasaje del siglo veinte, una situación de incertidumbres agravadas que delimitan el ambiente referencial del concepto sociológico de amorfismo social [ Durkheim, 1973, p. 421].

Por su vez, en perspectiva recíproca, Gurvitch observa el Estado Nacional desmembrado en el pasaje de la segunda mitad del siglo veinte, y pone en relieve la soberanía jurídica como social, la cual se ejerce en el espacio público que viene de las sociedades globales, con el reconocimiento colectivo de los procedimientos dialécticos de intermediación (Gurvitch, 1944, op. cit.].

De esa forma, fue confirmado el entendimiento consagrado después de la Declaración de los Derechos Sociales, cuando aconteció la adopción de la aludida Declaración de la ONU [United Nations, 1948, op. cit.], y se afirmó que la positivación de los derechos humanos, por la acción protectora estatal, no debe ser representada en favor de una quimérica restauración de la catastrófica soberanía nacional exclusiva, la cual llevó a las deflagraciones del neo imperialismo, en el obscurecer del siglo XIX.

Aunque no excluya la soberanía como rebajada, la primacía de los derechos humanos es afirmada en apoyo de la realización de un compromiso internacional asumido por los Estados como miembros de las Naciones Unidas, por conciencia de libertad y por fuerza del auto preservación colectiva, cuyo cuadro de referencia es puesto con la democracia. Tal compromiso internacional recurrente tiene su momento en 24 de octubre de 1945, cuando China, los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, la Unión Soviética y la mayoría de los demás países signatarios ratificaron la Carta de las Naciones Unidas.

El desmembramiento de la soberanía

Hubo y aparentemente hay aún, cierta reluctancia por parte de autores nostálgicos de la representación de fronteras nacionales petrificadas. Incluso algunos adeptos de la judicialización de las acciones humanitarias procedentes de los pactos internacionales, contrarios en admitir que la obligación asumida en los propios pactos (treaties), y en los demás instrumentos internacionales autónomos de los derechos humanos, releva de un compromiso que, por su vez, sólo tuvo lugar en virtud de la solidaridad internacional, con la profusión de reformas constitucionales de los años noventa poniendo en perspectiva la accesibilidad de las cuatro libertades fundamentales, para todas las personas en cualquier lugar del mundo.

Los formalistas, hasta el final del siglo veinte, hubieran sugerido que la capacidad del Estado nacional en imponer su control jurisdiccional exclusivo tendría consistencia en virtud de su correspondencia al llamado problema hobbesiano del orden, la imposición legitima de la ley por el más fuerte.

Pueden comprobar eso en los llamados posicionamientos pluralistas como técnicas políticas, en los cuales hay un distanciamiento del anti-dogmatismo propio de la sociología diferencial [iv].

Entre los suportes de esas extemporáneas teorías de coacción noten, por ejemplo, el procedimiento dogmático que, mediante la equivocada separación del análisis histórico y del análisis estructural [v], inscribe el pluralismo de los contra poderes en una metodología axiomática, de tal manera que, el espacio público viene a ser rebajado a una discursiva dialéctica del poder y de la resistencia (Dahrendorf, 1974).

En esa concepción formalista, por la cual, todavía, soberanía y jurisdicción aparecen debidamente combinadas, las posiciones jerárquicas permiten a sus ocupantes ejercer el poder, puesto que dotadas de soberanía: los hombres que las ocupan establecen la ley para sus súbditos, con el aspecto más importante de esa posición siendo el control de sanciones, la capacidad de garantir la conformidad a la ley.

De esa noción esquemática, debe uno concluir que: (1) – siempre hay resistencia al ejercicio del poder (cuya eficiencia y legitimidad serian precarias); (2) – el grupo de los que ocupan las más altas posiciones es el grupo más fuerte; y (3) – la sociedad se mantiene unida en virtud del ejercicio de su fuerza, esto es, por la coacción. Tal seria la supuesta solución hobbesiana para el supuesto problema hobbesiano del orden.

Por el contrario, los hechos de la segunda mitad del siglo veinte muestran que la soberanía estatal exclusiva y su tendencia a imponer con legitimidad la coacción por el más fuerte, se ha tornado irreversiblemente repugnante por efecto del Holocausto, que hubiera suscitado la solidaridad internacional (incluso la cooperación para el desarrollo) a partir de la segunda mitad de los años cuarenta, cuando las Naciones Unidas tomaran la iniciativa.

En esa línea, es ampliamente conocido el desmembramiento de la soberanía como hecho irreversible, pero positivo. Toman como marcador, entre otros, el advenimiento del Tratado de Paris, de 18 de abril de 1951 (la institución de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero – CECA), que llevó la Europa Occidental a conducir un proceso de integración económica complejo, rompiendo el paradigma de la soberanía jurídica exclusiva del Estado nacional y haciendo prevalecer la construcción del Derecho Comunitario en el ámbito de las relaciones internacionales.

El pluralismo social efectivo

En consecuencia, ocurre que los elementos de la democracia deban ser buscados en la realidad social, para que, juntamente con los obstáculos que esta suscita, la positivación y más ampliamente la universalización de los derechos humanos tuviera lugar, y, en primer, la descripción del pluralismo social efectivo, sin el cual la democracia no se diferencia como foco del compromiso internacional asumido por los Estados en las Naciones Unidas.

De hecho, el pluralismo como técnica constitucional, del cual Montesquieu enseñó, es como sabe el primer paso para describir la democracia, ya que pone en relieve el sistema de frenos y contrapesos, característico de todo el pluralismo.

Sin embargo, la percepción de la dinámica de los contrapesos no es limitada a la técnica constitucional. Una mirada en profundidad puede descubrir que, bajo grados diferenciados de complejidad, como señaló Gurvitch, la realidad social comporta niveles múltiples [vi], incluso el psiquismo colectivo, que, descritos como camadas (paliers) subyacentes, revelan en eficacia la pluridimensionalidad de la realidad social [vii].

De esa manera, el carácter incierto de las relaciones fluctuantes con los otros grupos sobresale en el espacio público en un pluralismo social efectivo [viii].

La comprensión ampliada de esa situación comporta cinco procedimientos dialécticos de intermediación[ix]: complementariedad, implicación mutua, ambigüedad dialéctica, polarización dialéctica, reciprocidad de perspectiva (Gurvitch, 1962).

De ese punto de vista, puede comprender que el desmembramiento del Estado como bloco de localidades y unidad jurídica, que llevó a un fin el siglo XIX, tenga revertido en factor de incremento de la estructura de clases. Esa realidad tornó evidente la existencia real y multiforme de varios sistemas de frenos y contrapesos.

Al hablar del desmembramiento del Estado debe tener en cuenta el contexto privilegiado en el curso de la Segunda Revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XIX, descripto en los desarrollos dentro de la industria química, eléctrica, del petróleo y del acero. Hay que destacar, igualmente, los sucesos subsecuentes del período 1885 a 1914 (la “Paz Armada”), cuando tendrán lugar las deflagraciones del neo imperialismo.

Es decir, Durkheim tenía bajo sus ojos el crepúsculo de la sociedad democrático-liberal, que corresponde al capitalismo concurrencial desarrollado predominante en el siglo XIX y en el inicio del siglo XX, una consecuencia de la revolución francesa y de la evolución de los órganos y costumbres parlamentares, particularmente en Inglaterra. Todavía, como bien señaló Gurvitch, la significativa tendencia para el desmembramiento de la soberanía del Estado sobresale en las siguientes características: (a) – el desarrollo de la clase burguesa industrial, financiera, comerciante – solitaria o asociada con las clases medias y el campesinado enriquecido – que torna el Estado a ella sometido; (b) – la acción del poder reglamentar y disciplinar privado, limitando la autoridad del Estado en relación a los capitanes de industria, a las fábricas y a millones de obreros; (c) – el desarrollo de trusts y carteles, por un lado, y, por otro lado, la acción tanto del sindicalismo obrero cuanto del patronal, llevando al surgimiento de las reglamentaciones jurídicas autónomas (convenciones colectivas, etc.); (d) – en fin, la actividad intensa de los partidos políticos, que se tornan, cada vez más, representaciones de las clases sociales en presencia, lo que termina por fragilizar de fato el Estado, su predominancia y su autoridad. De esta suerte, la jerarquía de los agrupamientos funcionales es debilitada, tendiendo a ser sustituida por la jerarquía de las clases sociales, lo que acentúa la instabilidad del Estado, el cual se apoya en su máquina burocrático-militar y no sobre su ascendente moral, jurídico y económico (Gurvitch, 1968, op. cit.].

Sin embargo, resta que, del punto de vista de una sociología internacional, hace falta poner en relieve una comprensión sociológica de conjuntos para tal situación de desmembramiento del Estado, la cual no es un hecho aislado, sino que hace parte de la época burguesa. La conjetura capaz de tener en cuenta el carácter incierto de las relaciones fluctuantes con los otros grupos y la clarificación por los procedimientos dialécticos de intermediación es la aplicación del concepto de espacio público unilateralizado [x] que, conforme el modelo lefebvriano, ya descripto en el análisis sociológica del psiquismo colectivo de la estructura de clases, es una consecuencia de la fetichización de la mercadería [Lefebvre, 1968].

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Parte 2

 

Una visión sociológica para la situación de desmembramiento del Estado o el Estado Unilateralizado

Leia o texto completo na WEB da OEI < http://www.oei.es/historico/cienciayuniversidad/spip.php?article5926 >

 

NOTAS

[1] E-book free: http://www.bubok.es/libros/235144/Sociologia-y-Derechos-Humanos-Introduccion

[2] ISACONF Abstract #30864 – XVIII ISA World Congress of Sociology (July 13-19, 2014). Título: “La sociología en la universalización de los derechos humanos y sociales a través de la deconstrucción de las desigualdades”.

[i] Dado que la globalización se aceleró en la década de 1990, representando una amenaza para las poblaciones, la mayoría de los estados han incorporado en sus constituciones disposiciones de los derechos humanos. Saben que de las 165 constituciones, 122 incluyen disposiciones sobre derechos socioeconómicos (tales como el derecho a un trabajo digno, derecho a la vivienda y la seguridad alimentaria), 134 han adoptado disposiciones para los derechos de las mujeres, 89 han adoptado disposiciones de los derechos de salud, y 105 tienen disposiciones para los derechos de las minorías (Moncada and Blau, 2006).

[ii] Pueden ver la valoración de los temas ideológicos referidos al Estado Nacional en los argumentos circulantes en la imprenta cuando han publicado los planes nacionales de derechos humanos en Brasil.

[iii] Four Freedoms Speech, 1941: 1.- Freedom of speech and expression; 2.- Freedom of worship; 3.- Freedom from want; 4.- Freedom from fear. Ver el Preámbulo de la Universal Declaration of Human Rights (United Nations, 1948).

[iv] El método y los procedimientos de la sociología diferencial, incluso el abordaje por el pluralismo social efectivo, que este trabajo presupone y aplica, sacan provecho de la orientación gurvitchiana (Gurvitch, 1979, 1986) y de estudios anteriores del autor en esa materia ya publicados en Internet.

[v] Es improductivo proponer problemas de estructura social sin tener en atención la nítida conciencia colectiva de la jerarquía específica y referencial de una unidad colectiva real, como lo es la jerarquía de las relaciones con los otros grupos y con la sociedad global, o sea, la jerarquía específica de las formas de sociabilidad.

[vi] Es decir, entre eses niveles múltiples se tratan relaciones íntegramente variables, alternando y combinando, por un lado, grados de cristalización y, por otro lado, grados de espontaneidad, y así constituyen fuerzas dinámicas del cambio. En consecuencia, no existe tipo de sociedad que alcance una cohesión en definitivo, sino grados de cohesión y disparidad (Gurvitch, 1968, op. cit.).

[vii] La pluridimensionalidad de la realidad social comprende (a) las jerarquías específicas y múltiples, en las cuales la discontinuidad prevalece y el elemento jerárquico asienta en la distribución y no en la presión del conjunto; (b) las jerarquías en unificación con preeminencia del elemento de contención (Gurvitch, 1968, op. cit.). .

[viii] Del punto de vista de la sociología diferencial, el principal criterio de los materiales empíricos es la variabilidad: los agrupamientos particulares cambian de carácter y no apenas de posiciones; asumen identidades y diferencias no asumidas en tipos o subtipos de sociedades diferentes. En la medida en que participan del cambio en eficacia que se opera en el interior de las estructuras, los grupos, más do que se dislocaren conforme trayectorias apenas exteriores, se mueven en la multiplicidad de los tiempos sociales, ya descriptos por Gurvitch (Gurvitch, 1968, op. cit.).

[ix] Constatación sociológica que asimila el sistema de frenos y contrapesos, los procedimientos dialécticos de intermediación se diferencian en grados que envuelven las maneras de ser ligado en el todo por efecto del propio todo, como Gurvitch (1962) bien definió las formas de sociabilidad. Se revelan variaciones en la simetría mínima que tales maneras comportan para que sean los elementos originarios en el todo dinámico de una realidad social. En ese sentido, debe comprender que el procedimiento dialéctico privilegiado sea la reciprocidad de perspectiva, de la cual se diferencian los demás cuatro procedimientos referidos.

[x] La constatación de un espacio unilateralizado no es insólita. Desde un punto de vista lógico relativista, lo que provee consistencia al espacio es la simultaneidad de dos observadores inerciales, alejados de cierto fenómeno, pero esa simultaneidad se rompe conforme uno de los dos observadores alcanza velocidad relativista, luego, en ese supuesto, el espacio que miden se torna diferente y por tanto pierde simetría. En ese sentido, la unilateralización sería una suerte de “asimetrización”, precipitada por la fetichización de la mercadería.

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Os direitos humanos como mentalidade

 

 

Algumas pessoas formam uma ideia equivocada de que, se os outros conquistam direitos, elas irão perder o que acreditam ser seus direitos, mas que, em realidade, são uns privilégios. Os direitos humanos são uma prática de vida, um estado da mente. À criança se deve ensiná-los desde a primeira infância.

(Margarida Genevois, socióloga).

 

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A Educação é essencial para a realização dos direitos humanos e as liberdades fundamentais – compreendidas especialmente na primeira geração –, e contribui significativamente para promover a igualdade, prevenir os conflitos e as violações, e fomentar a participação e os processos democráticos.

 

A longo prazo, todas as pessoas aprendem a ser tolerantes, a respeitar a dignidade dos demais e os meios e arbítrios de assegurar esse respeito em todas as sociedades.  (Súmula da mentalidade dos Direitos Humanos).

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Diante daquela equivocada tese de que o domínio do aparelho de Estado prevalece, ademais do que foi destacado em favor do marco da sociedade democrática, deve notar o seguinte: (a) por ser baseada nas liberdades humanas essenciais, uma mentalidade dos direitos humanos [os direitos humanos são uma prática de vida, um estado da mente] supõe o reconhecimento de que, uma vez situados na sociabilidade humana como aspectos da vida espontânea do direito – desta maneira incluídos no ambiente microssociológico que reproduz o equilíbrio parcial entre as prerrogativas de uns e as obrigações de outros –, juntamente com as demais manifestações da consciência – tais como a linguagem e a intervenção do conhecimento –, os direitos humanos tomam parte nas forças produtivas latu sensus  e, desta forma, (b) desempenham papel constitutivo nos próprios quadros sociais.

Isto significa não somente que, por diferença dos apelos aos temas ideológicos ou representacionais (papel do Estado Nacional, etc.): (1) as análises da realidade social podem e devem ser aplicáveis não somente ao estudo dos obstáculos efetivos (tais como as próprias hierarquias sociais múltiplas, postas como produtos e não produtoras dos equilíbrios sociais – ver nota [i]), bem como à descoberta das tendências para a universalização dos direitos humanos, ademais de que, (2) de essa aplicação depende em larga medida a eficácia e o alcance efetivo dos direitos humanos.

A consequência de tal constatação é que o conhecimento dos determinismos sociais, especialmente a descrição do pluralismo efetivo da realidade social, se torna mais relevante, e, da mesma maneira, o ensino da sociologia se revela de grande utilidade no estudo, educação e formação em direitos humanos.

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[i] Disse que a consciência faz parte das forças produtivas em sentido lato, e desempenha um papel constitutivo nos próprios quadros sociais, seja como linguagem, seja pela intervenção do conhecimento, seja ainda como direito espontâneo. Decorre que os quadros sociais compreendem os modos de ação comum atualizados nas manifestações da sociabilidade, nos agrupamentos particulares, nas classes sociais e nas sociedades globais. Decorre daí igualmente que os quadros sociais exerçam um domínio, um envolvimento sobre a produção material e espiritual que se manifesta em seu seio, o qual se prova mediante as correlações funcionais. Verificam-se igualmente, por efetividade dos próprios conjuntos práticos, vários níveis diferenciados na realidade social, cuja interpenetração complexa pode ser descrita mediante os procedimentos dialéticos de complementaridade, compensação, implicação mútua, ambiguidade, ambivalência reciprocidade de perspectiva e até polarização. Quer dizer, existem os escalões objetivados da realidade que, no marco da dialética das alienações, estão compreendidos como os níveis múltiplos, em conformidade com a constatação de que, entre esses níveis, tratam relações inteiramente variáveis, alternando e combinando, por um lado, os graus de cristalização e, por outro lado, os graus de espontaneidade, pelo que, dessa forma, tais níveis vêm a constituir as forças dinâmicas da mudança.

Em termos mais simples, e a partir desses escalões assim compreendidos como níveis múltiplos, se afirma o conhecimento de que não existe tipo de sociedade que alcance uma coesão sem choques; de que nada se resolve nunca em uma sociedade, pelo menos não definitivamente, há somente graus de coesão e de disparidade. As hierarquias em que esses níveis múltiplos tomam parte se mostram também hierarquias múltiplas, que variam em cada sociedade e em tal ou qual tipo de estrutura – seja estrutura parcial ou global – nas quais a descontinuidade prevalece. O aspecto que os torna múltiplos revela a variabilidade intrínseca e irredutível dos níveis de realidade social, e das respectivas hierarquias funcionais. Em razão disto, o critério da descontinuidade prevalece.

Seja como for, fundamental é a constatação de que a realidade social é integrada, e que, graças ao fato dessa integração, os psiquismos individuais e coletivos transferem suas energias subjetivas para a realidade de conjuntos, por efetividade dos próprios conjuntos práticos, de tal sorte que a realidade social toda inteira vem a ser penetrada de aspiração aos valores (subjetividade coletiva). Ao deixar sem reconhecimento a subjetividade como coletiva e como fato de experiência humana, torna-se difícil compreender e aprofundar, em sociologia, a dialética das alienações descoberta por Karl Marx. Tal é o caso de um notável pensador do século XX, Jean Paul Sartre, cuja obra resiste ao fato de que a dialética tenha fundamento na negação do conceitual, como efetividade da experiência humana, e faz vista grossa para a variabilidade irredutível da realidade social (Mais sobre a crítica sociológica à dialética de Sartre em Lumier, Jacob (J.): “Comunicação e Sociologia” – Artigos Críticos / 2ª Edição modificada, 149 págs. – ISBN: 978-84-9981-937-2; Bubok Publishing S.L- Madrid, España, 2010, p. 91 a 97).

Apresentação do e-Book Cultura e Consciência Coletiva

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CULTURA E CONSCIÊNCIA COLETIVA:
Leituras Saint-simonianas de Teoria Sociológica – por Jacob (J.) Lumier
http://www.oei.es/salactsi/lumier.pdf

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APRESENTAÇÃO
Ao comunicar sobre a sociologia o sociólogo faz algo mais do que um paper de universidade. Sua aproximação da matéria inclui a mais do caráter desinteressado do conhecimento científico uma mirada vinculada à prática profissional. Desta sorte produz textos sociológicos, elaborações sobre a realidade social que aportam não só os resultados da sociologia que faz, mas igualmente revelam os procedimentos em vias de fazer.

Há uma indispensabilidade em produzir texto sociológico para a prática do sociólogo, na qual os resultados levam aos procedimentos e vice-versa ultrapassando a sugestão epistemológica de estabelecer um hiato entre contexto da descoberta e contexto da justificação.

Esta obra mostra que o estudo histórico da sociologia revela- se uma pesquisa de sociologia dos quadros operativos da teoria sociológica e constitui a continuação do nosso e-book Leitura da Teoria de Comunicação desde o ponto de vista da Sociologia do Conhecimento, publicado na Biblioteca Virtual de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación, junto ao Programa Sala de Lectura CTS+I, da O.E.I.(Organización de Estados Iberoamericanos).

Elaboramos pela revalorização pedagógica da colocação do conhecimento em perspectiva sociológica, orientação esta atualmente solicitada para contrarrestar a filosofia abstrata das ciências cognitivas: para o sociólogo não há comunicação fora do psiquismo coletivo.
[Se o mundo como significado foi transposto pela modernização “a uma distância muito vaga” das vidas das pessoas não se pode deixar aí passar inteiramente despercebido que a autonomia do significado em relação ao significante em contexto de dependência de um grupo, classe ou sociedade global configura a criação de ligações com o próprio significado autônomo, expressando não o Outro imaginário do entendimento abstrato da alteridade, mas desde o ponto de vista do contexto de realidade social expressando as relações com outrem.]
Entendendo que a linguagem humana exige uma união prévia, seguimos o realismo de Georges Gurvitch em relação ao interesse, alcance e especificidade da teoria sociológica distinguindo sem separar os elementos históricos e os elementos pouco ou não-históricos da realidade social. Desta sorte, aprofun damos a sociologia diferencial e a dialética acentuando o ponto de vista da autonomia relativa dos grupos em relação às classes e às sociedades globais por desenvolvimento da microssociologia e do pluralismo social efetivo. Entende-se, portanto, que o subtítulo deste ensaio como Leituras Saint-Simonianas visa acentuar que a sociologia é ciência dos determinismos sociais e que suas raízes estão plantadas na sociedade industrial.

Quanto ao nosso estilo, contrariando as sugestões editoriais de que os escritos com disciplina científica devem ser impessoais, utilizamos a primeira pessoa do plural para afirmar a vontade de valor ou de verdade. [Repelimos o paradoxo em se ignorar nos seres do passado a vontade de valor ou de verdade, lembrando que Raymond Aron sublinha a separação radical do fato e dos valores em Max Weber como limitando erroneamente a compreensão da conduta individual unicamente na referência das ideias de valor. Por contra, criando hermenêutica weberiana em um dos seus primeiros ensaios marcantes, sustenta esse estudioso que se tal concepção excluindo a vontade de valor ou de verdade fosse admitida não se teria o critério para diferenciar entre uma obra de filosofia como a “Crítica da Razão Pura” de Kant e as imaginações delirantes de um paranóico, já que ambas seriam colocadas no mesmo plano. Ver Aron, Raymond: Introduction à la Philosophie de l’Histoire (Paris, Gallimard).]

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Rio de Janeiro, Dezembro 2007.

Libro sobre Pluralismo – Presentación

Tecle en esa portada para accesar el eBook free.

Las bases del Pluralismo Social en el Psiquismo Colectivo

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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

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Este artículo Las bases del Pluralismo Social en el Psiquismo Colectivo tiene su versión preparatoria ya publicada en libro [i]. Es un estudio sociológico sobre la experiencia pluralista como referencia en la crítica de las desigualdades y en la psicología colectiva de las clases sociales.

Se trata del primer desarrollo del trabajo ofrecido a la International Sociological Association – ISA en el marco del XVIII World Sociology Congress – July 2014. El objetivo del autor es ofrecer una visión más completa de los elementos de teoría sociológica articulados en el dicho paper, cuyo título original es La sociología en la universalización de los derechos humanos y sociales a través de la deconstrucción de las desigualdades.

Teniendo como presuposición el contenido de ese paper, el presente artículo pone en relieve el análisis del psiquismo de la estructura de clases a partir del siguiente abordaje: en una sociedad que se reproduce con base en las desigualdades, y los intermediarios pueden conquistar y guardar sus privilegios, la fetichización de la mercadería reacciona sobre aquél de que salió y causa impacto sobre la mediación entre los intereses privados y el interés general, reacciona sobre el Estado. De tal suerte que en el Estado así impactado no solamente es segregado el lugar en el que las clases se representan con su parcialidad, sino que él mismo funciona por la unilateralización.

En favor de ese análisis cuyo foco no es únicamente la fetichización económica, sino el Estado impactado, nota-se la observación por Henri Lefebvre de que será en la Crítica de la filosofía hegeliana del Estado [ii] que Marx examinará los tres aspectos de la individualidad humana no seccionada, las tres dimensiones del psiquismo: la necesidad, el trabajo, la pose – estableciendo así el precedente legitimador para ese análisis.

A partir de ese esquema tridimensional, notase que la coincidencia entre el psiquismo de clase y la consciencia de clase sólo tendrá sentido en una teoría que dé privilegio para una consciencia de clase especial, como en la obra del joven Lukacs [iii], que, en lugar de realizar la filosofía para superarla conforme el pensamiento de Marx, restituí a la filosofía un papel inquietante.

Por el contrario, es el Estado impactado que garantiza la cobertura para que la función de representación acontezca, y eso es un dato del psiquismo colectivo de la sociedad y de las clases en conjunto, un hecho coyuntural.

En el prolongamiento de esa totalidad seccionada, por su vez, la coherencia del orden público, consecuentemente desproveído de su efectividad, se muestra contingente. Los procedimientos efectivos de intermediación actualizados en cuadros sociales (cadres sociales) tales como las clases y las sociedades globales se revelan todavía más inciertos en cara de aquella ruptura entre los intereses privados y el interés general, y se tornan discontinuos, multiformes, a oscilar desde la complementariedad dialéctica, implicación mutua, ambigüedad, ambivalencia hasta la polarización [iv].

Experiencia pluralista colectiva

Sin embargo, la ruptura de la reciprocidad no es su completa supresión en atomización, no reduce la realidad social a una colección de individuos sin ligación funcional en el conjunto.

De ahí el equívoco formalista[1] en suponer desde luego la atomización. Se trata en verdad del movimiento desestructuración / estructuración, cuya expresión es la tomada de consciencia de las relaciones inciertas y fluctuantes con los otros grupos y con la sociedad global. Los posicionamientos pluralistas formalistas en el plano de las técnicas políticas desconocen esa experiencia pluralista colectiva, observada y descrita en la dinámica característica de los elementos micro-sociales.

Por desconocela, los formalistas asimilan equivocadamente el sistema de frenos y contrapesos a una “teoría social de coacción”, y lo reducen indebidamente a la proposición formalista de que hubiera siempre resistencia al ejercicio del poder.

Por contra, teniendo su foco en la dinámica característica de los cuadros micro-sociales (los Nosotros y las relaciones con otros) el presente trabajo de sociología no puede ser confundido a las técnicas políticas o jurídico-políticas y pasa lejos de cualquiera reducción doctrinaria y dogmática del pluralismo social efectivo al único plano de la circulación de los grupos de interés, muy al gusto de los neoliberales con su proposición típica de que no existe sociedad solo el mercado.

En el texto que sigue se verá que, finalmente, mismo en la situación muy valorada por notables estudiosos de la historia social como Eric Hobsbawn, cuando las relaciones con otros son distribuidas jerárquicamente y sirven de punto de referencia a una estructura social (relaciones con el Estado, relaciones con la clase burguesa, etc.), la síntesis no sobrepasa el estado de combinación variable. La multiplicidad de los tiempos sociales es irreductible [v]. Tal es la sustancia de la experiencia pluralista, vía de universalización de los Derechos Humanos y Sociales.

 

Rio de Janeiro, Marzo 2014

 

O autor: Jacob J. Lumier

 

[1]Vea en el final de la “Parte 01” la NOTA COMPLEMENTAR 01

 

[i]Dois Estudos sobre as Desigualdades Sociais”, Bubok, 137 págs, Noviembre 2013, ISBN eBook en PDF: 978-84-686-4704-3, ISBN Acabado en rústica: 978-84-686-4703-6, con versión e-Pub free, link: < http://www.bubok.es/libros/229639/Dois-Estudos-Sobre-as-Desigualdades-Sociais >.

[ii] La obra que, para diferenciar de la “Introducción o Prólogo…” de la “Contribución a la crítica de la economía política”, algunos autores llaman “Crítica da Filosofía do Estado de Hegel” y otros “Crítica de la Filosofía do Derecho de Hegel” ha sido redactada en 1843 y contiene la discusión cerrada por Marx de los párrafos 261 a 313 de la Philosophie du Droit de Hegel (1821) que compone la sección “Estado”.

Vea Archives Internet marxistes: Critique of Hegel’s Philosophy of Right: http://www.marxists.org/archive/marx/works/1843/critique-hpr/index.htm

[iii] Cf. Lukacs, Georg (1885 – 1971): ‘Histoire et Conscience de Clase’, traducción y prefacio Kostas Axelos, Paris, ed. De Minuit, 1960, 382 pp, 1ª edición en Alemán: Berlim, Malik, 1923, págs.93/95.

[iv] Cuando, en sociología dialéctica, uno habla de un hecho tener un lugar dice tener inserción en un conjunto práctico. De ese punto de vista, seria equivocado concluir del hecho de la ruptura de la reciprocidad en el espacio público que la atomización social pasara a prevalecer. La realidad social no es un lugar en el sentido topográfico de ese término (la base morfológica es solamente un escalón de la realidad), sino que, penetrada por la subjetividad colectiva, comprende en la multiplicidad de sus tiempos sociales un flujo de actos colectivos que no se dejan objetivar en las obras de civilización que sustentan las estructuras. De esa forma, la ruptura de la reciprocidad no es su completa supresión, no reduce la realidad social a una colección de individuos sin ligación funcional en el conjunto.

[v] Gurvitch, Georges (1894-1965): “Dialectique et Sociologie”, Paris, Flammarion, 1962, 312 pp., col. Science.

Crítica aos Paradigmas de Localização

Reflexão crítica às orientações centradas nas categorias de posição e movimento, visando dimensionar o alcance da mirada sociológica diferencial.